En Junior, más pudo la bulla que la razón

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Orlando Villarreal G.

*El onceno rojiblanco y otros colores en sus camisetas, creyó a ‘pie juntillas’ que la tercera era otra vencida para convertirse en tricampeón continuado. El título lo perdió en Barranquilla.

Y sucedió lo que tenía que suceder, el domingo primero de diciembre, fue lo que casi nadie esperaba, porque al empatar en calidad de local ante el América en el estadio Metropolitano ‘Roberto Flaco Meléndez’, de inmediato perdió el título, por esa actuación pasiva, sobradora y sin deseo o afán de hacer goles. Esta pérdida fue ratificada con la derrota en el ‘Pascual Guerrero’ de Cali, donde los ‘diablos rojos’ supieron utilizar su tridente y ganaron con sagacidad, con armonía en el planteamiento técnico y con valor civil y deportivo de quienes se desempeñaron en el juego para obtener el triunfo y el título u así ostentar y guindar la décima cuarta estrella en su camiseta escarlata. Fueron once años, que por actuar al estilo del Junior de hoy, bajaron a la categoría B, a pesar de que fue uno de los equipos más ricos en el mundo futbolero y con cipote nómina.
Una vez finalizado el encuentro de ese fatal día, aquí en Barranquilla con la asociación de ideas, frases para incrustar en piedras de mármol y argumentos convincentes, el cuerpo técnico y jugadores, comentaristas deportivos, algunos de las barras que lo apoyan, aficionados de estadios y viajeros y fanáticos oyentes y televidentes, nos ofrecieron un mosaico de diferentes explicaciones, sobre las razones que hubo para el empate a cero, porque según ellos, eso no era nada, ya que estaban reservados para el último partido fuera donde fuera. En medio de una sola algarabía, vaticinaron que Junior le haría ‘pistola’ al América. Se pasaron de ‘maracas’ y lo dicho acá no hizo mella allá, siguió una zambra bulliciosa, porque más pudo la bulla que la razón.
Del primero al siete de diciembre, pasaban los días con sus horas, minutos y segundos, a toda velocidad, y por doquier, estábamos a la espera de un rotundo milagro que nos hiciera la Virgen de La Inmaculada Concepción, patrona con parrandas, desde el siete hasta la noche del ocho de diciembre, en muchos caseríos, corregimientos y municipios del departamento del Atlántico. El convencimiento casi fue integral, por lo ganado en los dos campeonatos anteriores, en los que Junior se alzó con las estrellas octava y novena. En estos dos torneos, con la dirección técnica y el pundonor de jugadores, se originó la ‘Juniormanía’; hay quienes hablan de la suerte, ‘chiripa’ o ‘jaiba’, argot de los juegos personales de dominó, billar, dados, cucos, siglo y demás.
Cuando el partido empezó y transcurrían los minutos, acá se decía: “tranquilos, en esta forma y con el resultado en cero, nos vamos a los tiros desde los doce pasos y lograremos el tercer título de seguido para completar las diez estrellas”, que ilusos! Nada de lo pronosticado fue así, apenas América fue campeón, surgieron los mal hablados, las críticas, los improperios, etc. Entonces preguntemos: ¿dónde están los goleadores de este onceno?. Recordemos a Antonio Rada, a Fernando Fiorillo De la Rosa, soledeño y a Iván Rene Valenciano, para sólo nombrar tres, quienes con sus goles y enjundia, siempre supieron defender e hicieron ganar a Junior, tu papá.
Lo que esté sucediendo ahora en Junior, es ‘harina de otro costal’; de pronto un ‘barrejobo’ como en voz alta y por todos los medios de comunicación lo solicitó Carlos ‘Pibe’ Valderrama, que salgan jugadores que no dieron ‘el ancho’; que se refuercen con otros que los tienen visto, para que ayuden a cambiar el panorama del onceno, eso le corresponde a su junta directiva y dirección técnica. Está bien que todo no se puede ganar, pero se lograría mejores cosas, si se trabaja colectivamente con disciplina, para que los aficionados digamos que de verdad-verdad hay un equipo de fútbol como el Junior, que es nuestra pasión, la pasión Caribe.
Nuestro Junior tiene que participar en la Copa Libertadores y Copa Suramericana, dos certámenes que provocarán el entusiasmo deportivo para ser sangre de su sangre y hueso de sus calcios, esto quiere decir que ojalá le toque bailarla como se la den y ‘san se acabó’. En Junior, “unas son de cal y otras de arena”, como quedó demostrado en lo que sucedió en el Campeonato II, 2019 del Fútbol Profesional de Colombia, entonces hagámonos una auto evaluación y seamos calmados, y obtendremos mejor beneficio y prontamente la estrella número diez. Lo que sí quedó demostrado que en Junior más pudo la bulla que la razón y esto no debe seguir. Paciencia, objetividad y ética deportiva es lo que necesitamos en el 2020. OVIGRA

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