El mercado europeo

Si bien de manera decidida se siente en nuestro país la presencia solidaria de la Unión Europea, es ahora cuando más esperamos que Colombia sea percibida en ese continente de una forma diferente.

Más aún, cuando algunos gobiernos europeos han demostrado su disposición de adelantar gestiones para ayudar a consolidar una paz estable y duradera en nuestro país y ante la posibilidad de fortalecer un tratado de libre comercio.

El apoyo decidido de la U.E. a Colombia para el desarrollo de proyectos sociales que benefician a comunidades marginadas, particularmente a familias desplazadas y a jóvenes desmovilizados de los grupos armados ilegales, a través de los denominados Laboratorios de Paz en su momento, demuestra la voluntad política y la disposición comercial de llegar a un acuerdo favorable para ambas partes.

Si bien el destino más importante para las exportaciones colombianas sigue siendo Estados Unidos; no es conveniente que nuestra economía se vuelva totalmente dependiente de ese país, ni que sea todo para nuestra política internacional en torno al tema comercial.

Es urgente explorar y diversificar mercados y productos, máxime cuando las relaciones con Europa son estratégicas, la fuerza y estabilidad alcanzada por el euro hace muy atractivo ese mercado para las exportaciones colombianas.

Sin embargo, hay que partir de la revisión de los indicadores comerciales con el Viejo Continente, porque solamente el 15 por ciento de las exportaciones tradicionales van a esa zona, mientras que las no tradicionales escasamente llegaron al 5 por ciento; entonces es hora de entender la lógica del consumidor europeo, diferente al norteamericano, y no quedarnos esperando las donaciones para el proceso de paz, mientras la balanza comercial sigue siendo deficitaria.

La Unión Europea representa el 20 por ciento de las importaciones y exportaciones mundiales, algo que ha venido aumentando desde cuando se le unieron otros países.
En este sentido, se deben revisar las cuotas para la importación y ajustar los productos colombianos a las normas sanitarias y ambientales, aspectos muy sensibles también en Europa.

Colombia y la U.E. deben ajustar sus agendas comerciales; la experiencia adquirida en otros acuerdos de esta índole le permite al Gobierno colombiano convocar a los expertos en torno a encontrar nuevas vías que faciliten el ingreso de nuestros productos a ese importante mercado.

Obviamente el intercambio comercial con Europa implica desafíos que se deben superar; nuestras exportaciones se basan en productos primarios y se tendrán que aumentar con mayor valor agregado para así equilibrar la balanza comercial.

Los empresarios colombianos deben estar dispuestos a realizar negocios, a emprender proyectos productivos conjuntos, porque no están pidiendo dádivas, sólo reclaman mercados.

Además, los europeos deben saber con certeza que en Colombia hay más productividad que barbarie; más creatividad que odio, que el empresariado y la mayoría de los colombianos tienen el propósito indeclinable de conseguir la paz, fortalecer las instituciones democráticas y defender el Estado Social de Derecho.

Mirar a Europa es urgente, como lo es una mirada distinta de Europa hacia Colombia. El paradigma de Juan Valdés – símbolo del café colombiano– no puede seguir siendo la única imagen de nuestro país en Europa, distinta a la violación de los derechos humanos.
Los empresarios nacionales deben unir esfuerzos para que la marca Colombia se convierta en sinónimo de eficiencia y calidad en la conquista de esos mercados, y en ello debe primar la voluntad del Gobierno Nacional.

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