¿Y la marcha para qué?

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Alfonso Camerano Fuentes.

Parodiando la famosa frase “El Poder para qué?”, de Dario Echandía el 9 de abril de 1948, al caer asesinado Jorge Eliecer Gaitán, con el pueblo salido de madre en las calles de Bogotá, en medio del desastre nacional provocado desde la Presidencia fascista de Laureano Gómez, encargada de imponer el “orden” de los sepulcros emanado de la Constitución del 86, para intuir, hoy, la presencia de quienes piensan ahogar el movimiento popular con una medida de facto, con o sin el presidente Ivan Duque.

La visita a medianoche del miércoles 27 de Noviembre y madrugada del jueves 28, del ex presidente, senador Alvaro Uribe, de las senadoras Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, al Palacio presidencial, no fue amable, sino todo lo contrario, la oportunidad para “cantarle la cartilla” a Duque, descalificándolo como un auténtico pura sangre de la derecha.

Con la vena aorta inflamada, y roja de la ira, la senadora Paloma Valencia, reclamaba pasar a más represión contra la inmensa mayoría de colombianos que reclaman airados en las calles el cambio de rumbo económico y social que nos arruina.

Llegado el turno a la senadora María Fernanda Cabal, consorte de don José Félix Lafaurie, del gremio ganadero, reclamó pasar la cuchilla burocrática por los ministerios y por el alto mando militar y de policía, por encontrarse “infiltrado” de seguidores del ex presidente Juan Manuel Santos y sus aliados.

Con libreto de papeles repartidos, la voz del senador jefe de la derecha Alvaro Uribe, ratificó la necesidad de endurecer las medidas coercitivas, al tiempo que reproducía lo que ya su séquito selecto anunciaba a la prensa, en boca de don Fernando Londoño, de sustituir al Presidente, mediante licencia, y dejarle el puesto a la vice conservadora, Martha Lucía Ramírez, y la de arremeter contra Carlos Holmes Trujillo, como ministro de relaciones exteriores por timorato contra Venezuela, ahora de defensa nacional, cómo lo predijo el perverso del Pachito.

Es la acostumbrada salida que la oligarquía liberal – conservadora ha dado al movimiento popular adoptando las medidas de estado de sitio, toque de queda, – aplicado por varios alcaldes-, ley seca, detenciones masivas, allanamientos a residencias de estudiantes, profesores y líderes sociales, y los muertos con proyectiles “bolsa de frijol”, como el que acabó con la vida de Dylan Cruz, disparado por el Esmad.

A pesar de ser casi unánimes las voces de los principales voceros de la Marcha y jefes de partidos, congresistas, alcaldes y gobernadores recién elegidos, columnistas de prensa, gente de la academia, que llaman al diálogo, a parar las reformas legislativas lesivas; a dar un giro a la economía nacional; la respuesta, hasta ahora, por el Jefe de Estado, es pobre y ajena a la cartilla planteada.

La dirección del movimiento tiene por delante el reto de conducir el descontento a buen puerto y eso pasa por sostener a su lado a los millones de colombianos que salieron a marchar, más allá de las reivindicaciones inherentes a las organizaciones convocantes, y que estarían dispuestos a no dejarse burlar de una clase gobernante que pierde legitimidad, en la medida en que le da la espalda a una crítica realidad, sin solución en las fórmulas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, del BID, y de los dueños de la economía.

La salida negociada requiere acuerdos con los sectores que reconocen la gravedad de la situación, integrantes de la sociedad civil, por supuesto, y compromiso, también, con los intervinientes “no deliberantes”, del sector institucional representado en el Congreso de la República, en los dignatarios a punto de posesión, en las fuerzas militares y de policía, activos y en retiro, o en los cientos de procesados por la JEP, en las Altas Cortes; en la Fiscalía, Procuraduria y Contraloria, en fin, en la armadura del Poder Público, antes de que la polarización nos arrastre a otro desastre nacional.

La Marcha es para Avanzar, es el Paso adelante..

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