El pueblo colombiano expresa hoy a través del paro y una marcha que no busca tumbar el sistema, sino dejar una firme constancia histórica como advertencia al actual gobierno, al partido político que lo rectora y a los demás sectores de poder, que no pueden seguir actuando sin verdadero compromiso de orden social, y que es momento de hacer un alto para ocuparse en la solución de las necesidades y problemas más agobiantes. Cuentas claras. Cero subterfugios. Y hay que decirlo, igualmente, con absoluta claridad, que la protesta también está dirigida contra los partidos políticos supuestamente independientes, porque siendo factores de equilibrio –contrapesos en el Estado – también son responsables de lo negativo que afecta la supervivencia y la dignidad del grueso de la población, por la elusión en hacer valer esa calidad en los momentos cruciales y oportunos. Y si trataran de evadir su culpa atribuyéndosela sólo al gobierno, por los desaciertos e ineptitud de éste, habría que repetirles la frase de Cristo, cuando apostrofó a los fariseos que indispusieron ante él a una mujer adúltera: “El de ustedes que esté libre de pecado, tire la primera piedra”.
A ciencia y paciencia de todos en Colombia, entre quienes más influyen la vida nacional se ha vuelto de recibo los respaldos o repudios a través de la desconceptualización, para hacer ver lo contrario de lo real. Con mentiras se llega a la gente a través de las redes sociales y medios de comunicación, para convertir lo blanco en negro y viceversa, infundiendo temor o alentando vanas esperanzas. Es una modalidad de terrorismo, como el que el partido de gobierno, sectores oficiales, personajes de la vida públicay amigos de la administración, le han hecho a la organización de la protesta de esta fecha, sólo enfatizando en el riesgo de que pueda ser infiltrada por anarquistas y violentos, y no en su valor intrínseco y extrínseco como expresión de libertad.
Ante la coyuntura de hoy, el presidente de la República ha salido a los medios informativos a divulgar las medidas que ha tomado para reprimir los actos vandálicos, lo cual no era necesario, porque esas son funciones ineludibles de la fuerza pública, pero al hacerlo, proponiéndoselo o no, coadyuvó al amedrentamiento, previa observación nada convincente de que no rechaza el reclamo colectivo, extendida en el desmentido a los motivos de éste, que son múltiples, antiguos y actuales, como las propuestas de flexibilizar la relación de trabajo con la contratación por horas; la disminución de la remuneración del salario mínimo para los jóvenes, la modificación del régimen pensional, el disfraz de la ley de financiamiento que le rebajó los impuestos a los grandes capitales y los incrementó a la masa ciudadana, que ante su vigencia temporal por haber sido anulado por la Corte Constitucional, ahora se reproduce con el nombre verdadero de reforma tributaria; del estímulo a la extractividad en perjuicio del medio ambiente y recursos naturales como el agua, y, entre muchas otras cosas, el juego de aspecto macabro a que se ha prestado en contra del acuerdo de paz, que disminuyó el número de soldados y civiles muertos, al objetar la justicia transicional y aupar con su partido todo cuanto enturbie los logros del gobierrno precedente. Y para colmo, dejando al descubierto no solo la falta de experiencia sino de liderazgo y autoridad entre sus colaboradores, en que el ministro de hacienda entra en conflicto con la del trabajo y con el mismo presidente que a última hora, ante el fermento de la inconformidad social descalifica algunas de sus propuestas, pero lo mantiene en el cargo, o los episodios de los embajadores ante la OEA y el de Washington y la canciller, el primero contra el ministrro de salud, y los segundos gravemente alusivos al Departamento de Estado Norteamericano, y a los anteriores ministro de defensa y relaciones exteriores, indicativos de que el capitán de la nave, por inexperto y falto de autonomía, la tiene en peligro de zozobrar.
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