La violencia se tomó el Congreso

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Los debates en el Congreso de la República han tocado fondo por los problemas de quienes firmaron los acuerdos de paz y quienes los atacan y califican de narco guerrilleros, violadores de niños y todos los epítetos degradantes. El debate del martes pasado fue tan agitado entre la derecha recalcitrante y los excombatientes con asiento en el Senado, su presidente tuvo que suspender la sesión plenaria sin cumplirse el orden del día.
Escudriñando viejas lecturas encontramos situaciones parecidas a las que se están presentando en Colombia con problemas políticos, ideológicos y laborales, entre otros. Las comparaciones son odiosas pero las historias de los pueblos son enseñanzas que debemos aprovechar cuando enriquecen los nuevos episodios y desechados cuando son cargadas de maldad y odio. La historia se remonta el inicio del partido de los trabajadores en la Comuna de París en 1870, gestada por movimientos obreros y libres pensadores. Dos décadas antes la clase dirigente capitalista derrotó el sistema feudal y la burguesía se apoderó de los medios de producción y el capital humano sin piedad, liderado por Nietzche. Este filósofo alemán calificado como el iniciador del sistema imperialista no le alcanzó su existencia para conocer su invento. El alemán le declaró la guerra a la clase obrera, la democracia y el cristianismo por profesar el ateísmo, su peor enemigo fue el socialismo, sin haber leído una sola página de los tratados relacionados con el nuevo modelo económico político. ¿Será que los enemigos de los excombatientes de la Farc, leyeron bien los acuerdos de paz firmados en La Habana?, no lo creemos. En sus exposiciones académicas el defensor del imperialismo despreciaba el éxito de los obreros, afirmando: “ha vencido el pueblo a los esclavos, a la chusma y la horda, la moral del hombre burdo ha triunfado, la hediondez del plebeyo y la intoxicación del cuerpo humano es incontenible.”
Sus discursos eran violentos contra los obreros y opositores ideológicos para tratar de aplastarlos con métodos indeseables y golpearlos con palabras hirientes y humillantes por el temor que alcanzaran el poder. De la democracia manifestaba que el sistema se aprovechaba del miedo de los pueblos para someterlo fácilmente imponiéndole temor y terror. Afirmaba que la igualdad de derecho no reside en la igualdad sino en la pretensión de derechos iguales. Atacaba el Estado por ser permisivo, delicado y refinado, tal actitud lo ha conducido al fracaso, el Estado como juez normalmente es cobarde, no procede con carácter y decisión represiva contra los obreros. Culpaba al Estado de todas las estupideces de los pueblos por tolerar que los trabajadores se prepararan en el conocimiento y la cultura para ascender de estrato social. No es posible aceptar que su posición de obrero le permita disfrutar de beneficios y otras prebendas propias de la clase dirigente. Otra perlita de la derecha egoísta e irracional apuntaba que los obreros siempre dependen de la clase dominante y deben obedecer sus órdenes, los obreros son propiedad de los capitalistas burgueses. Con estos pensamientos el filósofo alemán se adelantó al estado fascista y alimentó el ego de los guerreristas alemanes para retar al mundo con sus guerras. El filósofo al notar que sus propuestas habían fracasado pronosticó y sembró el pánico en la sociedad anunciando conflictos de todo género. ¿Será que esta ideología macabra piensa imponer la derecha colombiana? Pregúntenle a José.
Transcurrido más de siglo y medio de la Comuna de París, la lucha obrera en todo el mundo no cesan y las condiciones laborales en algunos países no mejoran, en Colombia las conquistas y reivindicaciones han costado sangre y muerte. Los logros como el derecho a la protesta, marchas por las calles y la huelga son aceptadas por los gobiernos con docenas de limitaciones. Las manifestaciones anunciadas para mañana donde convergen todos los sectores sociales del país solicitan del gobierno mayor claridad en su política pública y cambio en muchas medidas que afectan económicamente al pueblo. La respuesta del gobierno es satanizar la protesta con mensajes calumniosos anunciando ley seca, toque de queda y el acuartelamiento de las tropas. Calcar los preceptos del filósofo alemán es inducir al pueblo a la guerra, la derecha guerrerista colombiana mantiene una ideología análoga y al intervenir en los debates del Congreso se nota odio y desprecio por quienes rechazan sus equivocadas concepciones convirtiendo el sagrado recinto en campo de batalla.

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