Los Chicago Boys latinoamericanos

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Desconocemos los asexuados, los indiferentes, los amantes de la soltería, los que asesinan inmisericordes el amor, los locos de remate, los que ocultan los sentimientos detrás de una cortina de hierro, o aquellos románticos de quince pisos, amantes del amor, o los que aman porque sí a pesar de las derrotas, o los aplastados por la riqueza del régimen. Sabemos tan poco del otro, que lo etiquetamos o le colocamos una nueva máscara para excluirlo, para olvidarlo o negarlo. Es el afán radical de crear sectas entre personas con pensamientos semejantes y de fracturar el mundo diverso y vivir en un nuevo apartheid, en un modelo de odios y exclusiones, de amigos o enemigos, como en el viejo credo fascista. “Esto es como una invasión extranjera, alienígena,” dijo una rica dama chilena del pueblo latinoamericano que está hoy prendido de rebeldía contra el capitalismo salvaje y consciente de su potencia y fuerza para lanzarse contra el poder de los Chicago Boys. Una versión del mundo, pero también de la vida, una concepción de odio capturada por creerse superior a los otros, versión en la que el amor cristiano, el amor humano es abandonado como un perro flaco de la calle. Creerse superior por ideología de clase o por cualquier otra pendejada, como una marca de ropa o de zapatos, es eso sí extraterrenal y es desconocer sin ambages la conciencia de la nada. O el final de los días. Se vive en una cápsula de fantasía, en un mundo aparte. Y como en la sociedad chilena el mundo les cae encima a los poderosos capitalistas como una montaña desgranada de indignación. Esta percepción excluyente es toda una anomalía política y económica, pero también social. Y así se siente el ser que no es amado o el que es rechazado, se siente como el sonido de la nada, la no alteración de lo real, y a mi memoria llegan entonces los versos heridos de Ana Blandiana: “Vivimos en una herida / Sin saber / De quién es el cuerpo/ herido, / Ni el porqué. / La única certeza es el dolor /Que nos rodea, / El dolor / Que nuestra presencia / Contagia…”
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