Esta experiencia en la historia de nuestra lucha independentista, y de manera particular y política del Libertador Simón Bolívar, consistió en una declaración legal, emitida por él, un 15 de junio de 183 en la ciudad venezolana de Trujillo durante el desarrollo de la Campaña Admirable. Este decreto significaba que los españoles y canarios que no participaran activamente en favor de la independencia venezolana se les daría la muerte, y que todos los americanos serían perdonados, incluso si cooperaban con las autoridades españolas.
Además, tenía el objetivo de comprometer de forma irreversible a los individuos con la causa emancipadora. Entonces, esta experiencia, tiene un significado especial. El decreto de guerra a muerte, anuncia las anteriores intenciones de Bolívar frente a la guerra con los españoles anunciando la intención de explorar directamente el sentir del pueblo venezolano: era valorar la vida de los americanos frente a su degradación por parte del general sanguinario Monteverde. Se trató de un ensayo pedagógico para promover la reflexión entre venezolanos, y un mensaje para españoles y canarios (en tal sentido, fue una prueba, un ensayo, un experimento, una experiencia). Por ello, debe considerarse como la experiencia que nombra lo terrible de la guerra y lo cotidiano, ligado a la rutina y a la sorpresa y a momentos de éxtasis en la memorable Campaña Admirable de 1813, en sus aspectos de la vivencia de la guerra como tal y cómo la vivieron en sus existencias los americanos.
La lectura pedagógica de este decreto es una explicación sistemática de la experiencia de los sufrimientos a que era sometido el pueblo venezolano, y su relevancia para la historia hay que describirla como una conciencia reflexiva, como un inmenso mapa de todas las atrocidades que nombra como responsable a la Corona española. El decreto vino a consistir en un acto plenamente de guerra para establecer la conciencia de la separación entre americanos y canarios con un fuerte sentido pedagógico. Esta separación de intereses tuvo un efecto transformador para la lucha libertaria. Esta experiencia puede ser vista en una modalidad activa, como algo que acontecía en estos territorios, que abrumaba e impactaba en nuestra liberación, pero también, esta experiencia puede ser entendida más activamente como un acto de conciencia que apropia el sentido de la guerra en esta parte del mundo americano (Venezuela). Bolívar lanzó este decreto como un general con experiencia, una sabiduría madura que resultaba del significado acumulado de su vida y de sus conciencias reflexivas (Manifiesto de Cartagena de 1812).
Este decreto tiene un significado para la investigación de la enseñanza libertaria de nuestros pueblos. Este texto histórico se refiere a la madurez del Libertador, con él buscaba que los americanos comprendiesen su lucha y procediesen frente a los españoles para darle una nueva dinámica a esta causa: reelaborar y saber comunicar. Por tanto, la experiencia del decreto forma el punto de partida de la reflexión de por qué había que tomar las armas contra la tiranía española. El pensamiento de Bolívar acerca de la concientización de nuestros pueblos se expresa bien en este decreto: “Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos y establecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas están regidas nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de sus libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romperé las cadenas de servidumbre que agobia a nuestros pueblos, sin pretender dar leyes ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra potencia autorizar”.
Con este actuar, Bolívar construye una noción pedagógica para separar a los americanos de los españoles y canarios, a fin de dar un salto cualitativo a la dignificación de nuestros habitantes y l establecimiento de la república. La emisión de este decreto de guerra exploró las dimensiones concretas del sentido, en que la tiranía española se había convertido en una enfermedad para América, exploró el dolor en el contexto de la práctica de una vida más digna y libre. Esta experiencia reverbera en frases como: “los bárbaros españoles que os han aniquilado y os han destruido con la muerte”; “que han violado los derechos sagrados de las gentes”; “que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han todos cometido los crímenes, reduciendo la República de Venezuela de Venezuela a la más espantosa desolación”. Bolívar habla de esta experiencia como la resistencia de los pueblos y por esos se alistó a proclamar este decreto. Al centrarse en esta experiencia el Libertador quiso agrietar y radicalizar la separación de España, con unas codificaciones y cálculos que han quedado para la historia de estos pueblos. Es un decreto con un sentido crítico en la búsqueda de la fuente orinal: la libertad, pues ella asegura una apertura a la república, es una condición para el des cubrimiento de nuestro ser como americanos libres, fundamentado en la gloriosa libertada.
La expedición de este decreto requirió de las habilidades interpretativas del Padre de la Patria, muy sensibles y talentosas. Fue una norma retadora, porque tuvo que reinventar el proceder del americano y no puede reducirse a un solo conjunto de estrategias o técnicas para la guerra. Pedagógicamente hablando, este texto tiene que examinarse en términos de sus propios supuestos, pues él provee unos objetivos: era la comprensión presente y sintiente de nuestras realidades, lo que le permitió a Bolívar proclamarse y hacerse reconocer con una manera y un estilo, puede pensarse mejor como la adopción de una actitud y una práctica de conciencia atenta a como el mundo miraría nuestra lucha. Es un decreto reflexivo, es la práctica de poner entre paréntesis o borrar o reducir lo que impedía a ser libres. La dificultad de esta búsqueda, es la naturaleza de la libertad americana, como una tarea incesante de remover los obstáculos de esta cruda realidad del mundo americano. El decreto es una imagen de la guerra bárbara de España en nuestros territorios: era la reconquista y de nuevo el sometimiento. Situación complicada debido a la no toma de conciencia, que constantemente recibía la tiranía el apoyo de los americanos para figuras sanguinarias como Monteverde, Boves y Morillo. El decreto es un intento por enfrentar dos realidades: la de los americanos con los españoles.
Bolívar intuyó estas actuaciones, haciendo emerger la reflexión sobre esta experiencia de la guerra, como un sentido vivencial. El decreto objetiva esas situaciones: expropiaciones, robo y asesinatos por los españoles. Esta objetivación, inevitablemente remueve los sentidos y deja actuar al pensamiento de Bolívar con profundidad y sutileza. Una lectura pedagógica del decreto supone abordar las vivencias de los pueblos: ¿cómo se sentían los americanos? ¿A qué torturas eran sometidos los americanos? ¿Cuáles eran los procedimientos de expropiación por los españoles? ¿Por qué el pueblo sentía miedo? Son vivencias cotidianas comunes que tienden a vivenciar de un modo dado los hechos brutales de los españoles contra todos estos asuntos cotidianos para hacerlos enseñables. Son asuntos simples y menos, supuestamente, valorables; pero, que son los que deben llegar a ser debatidos en el aula: sería nuestra preocupación como docentes. Estas cotidianidades enseñables del pueblo venezolano catapultaron el decreto de guerra a muerte. Es por eso que debemos enseñar la cotidianidad como antecedente de esta norma. En ella hay significaciones comunes a la vida cotidiana, lo que nos permite tratar en clases asuntos de esa oprobiosa dictadura. El decreto se dirige a comprender y expresar con legalidad ese sentido originario de dónde procede esta declaración, abriendo nuevos cauces que formaron la originalidad de nuestra Independencia en el contexto universal. Pero, también queda en el decreto la actitud de un hombre con un corazón grande y magnánimo para indicar la evolución de su pensamiento: es su inclinación al respeto al derecho de gentes, tan violentado por la bárbara España.
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