La falta de empleo no es solamente un indicativo estadístico más, sino que ello encierra todo un grave problema para la comunidad, por cuanto se trata de un hecho inherente al ser humano, su productividad y bienestar.
Es claro que al no contarse con un trabajo estable y remunerado a tiempo, se cae en un terreno de dificultad, donde afloran las desaveniencias y se pueden producir situaciones que alteren el orden y la tranquilidad de cualquier país.
Por esto, a los gobiernos les corresponde manejar con mucho cuidado este tema, trazar planes que promuevan la creación de más oportunidades laborales y, al tiempo, otros que preserven los empleos existentes y buscar por medio del salario que prevalezca el equilibrio de la justicia social.
Cuando el desempleo se desborda por sobre los niveles aceptables, surgen graves problemas que involucran a todos los sectores económicos y esto se refleja en una desaceleración general. Aun cuando para el caso de Colombia la situación es diferente, no deben perderse de vista algunos indicadores que pueden frenar el dinamismo del país.
Precisamente, el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas-Dane informó hace un mes que para agosto la tasa de desempleo se ubicó en 10,8%, registrando un aumento de 1,6 puntos en comparación con el mismo mes del año anterior, donde alcanzó un 9,2%.
Una de las razones que expuso el Dane para esta variación negativa, fue que en las trece grandes ciudades y sus áreas metropolitanas ha aumentado la demanda laboral y poca oferta se ha generado, lo que se refleja en los índices particulares de cada ciudad, con porcentajes preocupantes en Quibdó (18,1%), Cúcuta (16,5%), Valledupar (15,5%) y Sincelejo (12,8%), por cuanto estos índices ya sobrepasaron el dígito y seguramente han desbordado los niveles de preocupación para el Gobierno Nacional, porque el resto de capitales por debajo de esos niveles muestran cifras que avanzan por la misma senda de los dos dígitos.
La llegada de más mano de obra al mercado laboral, con jóvenes buscando oportunidad y la migración masiva de venezolanos a las grandes ciudades, son indicadores que vienen impulsando esa diferencia que hoy registra la tasa de desempleo y que debe motivar a las autoridades a mantener los niveles de ocupación que actualmente refleja el área rural, con un 58,2%.
Como lo confirma el Dane, si fueron estos sectores del campo: agricultura, ganadería, silvicultura, así como la pesca y la actividad inmobiliaria, las que jalonaron la generación de empleo, corresponde entonces mantener e incentivar esa productividad, y reactivar al sector de la construcción e infraestructura pública, para no dejar que se aumente el índice del desempleo y con él resurjan situaciones que ya creíamos superadas.
Por el momento, lo importante es ir trabajando en brindarle más apoyo al sector del campo y fomentar con recursos a las micro y famiempresas, para abrirle mejores espacios a estos nuevos generadores de empleo en el país, porque el que haya 2,6 millones de desempleados sí que debe preocupar.

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