José Miguel Lara Rodríguez.

Me causó curiosidad la película la Bruja, aquella protagonizada por Anya Taylor-Joy, porque corroboro otra vez el proceder oscuro del Halloween, pues, luego de escenas desesperantes, donde impera la angustia de una familia, donde hay muertes sucesivas, donde atemoriza el silencio de Dios, quien no responde a los rezos, y donde se dialoga con Satán, en fin, el personaje interpretado por la protagonista termina sin parentela por efecto de la brujería, y se dirige rendida y aletargada hacia un culto a Satanás, que marca el final indeseable de una cinta que verdaderamente sugestiona y llena de pavor. ¿Por qué la película muestra al mal como vencedor?, ¿Por qué las vísperas del Halloween siempre son así?, mediante realidades como la televisión, el cine, la vestimenta y otros aspectos, se da a entender un homenaje al terror. No es coincidencia que en el libro del Génesis, la paz que Dios estableció en el edén, fuese perturbada por el terror que infundió la maligna serpiente, luego de una estratagema letal; éste es precisamente uno de los mensajes del relato de la creación; dejar claro quién es el príncipe del mal y el miedo, ¿No creen que se parece al Halloween y su intención de infundir espanto?.
Lucifer, Belcebú, Satanás, el señor de las moscas, muchos nombres aluden al enemigo de Dios, al que no quiere armonía en la vida del hombre, al que se le rinde, créanlo, culto mediante esa juerga del 31 de octubre. A ese ser acusan los cristianos de ser promotor de esa fiesta oscura y siniestra, fiesta seductora, que entre colores negro y salmón, entre decoraciones y arañas terroríficas de vejigas, entre cosas llamativas como música y bebida, esconde el verdadero fin: idolatrar al diablo. El poder seductor de Satanás, aquel que engaño a Adán y Eva, aquel que incitó a David a hacer lo inadecuado, para luego acusarlo, es el mismo que como efluvio penetra en el alma de muchos distraídos y les muestra muy cultural y festivo esa fiesta de vísperas recalcitrantes de fantasmas, demonios, de siervos del diablo y desasosiego. Ese mismo poder seductor ha convencido a muchos de la manera más descarada de que tal convite puede considerarse como “día de los niños”, ¡por Dios!, cómo un día de los niños puede ser llamado o equiparado a un día de brujas; al iniciar la penumbra natural del giro terráqueo, cretinamente se comienza a desear una feliz noche de brujas; ¿Quiénes son las brujas? Son instrumentos de satán, hacen lo mismo que su señor, engañan por favores dados, producto de la magia negra del demonio, que cobra caro al alma de quien lo recibe, que condena furtivamente a no ver la luz perpetua de Dios, cuando partamos de este mundo al siglo futuro, o ¿No hemos dilucidado todavía el papel de las brujas y brujos, anunciados en las últimas páginas de la prensa amarillista y ensangrentada? “Amarro, atraigo, doblego”, así sea en contra de los sentimientos del conejillo de indias, de débil relación con Dios, ¿Qué clase de poder usan que no respetan la libertad que Dios nos dio?.
Halloween, juerga del diablo, cuidado con nuestros niños que son presas preferidas para sacrificios al maligno ese día; no se dejen engañar y endulzar por esa celebración despiadada. Un verdadero cristiano no atiende a las seducciones de ese homenaje horrendo, contrariamente, ese día pesado ora a Dios por la protección de todos sus hijos, amén.
Licenciado en Filosofía y Educación Religiosa
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