Para tener en cuenta

Quienes en nuestro país se dedican al estudio de la sociología política desarrollan una tarea realmente ardua; desde el momento que en Colombia la ideología de los partidos entró en crisis, un número considerable de políticos se dedicaron no a luchar por redimir los idearios de sus partidos, ni a edificar una nueva concepción de la sociedad, de la economía y del Estado, sino para aliarse con los sectores menos representativos de esta.
La crisis ideológica de los partidos coincidió con el momento en que surgió el “boom” de las prácticas ilícitas. Muchos de nuestros políticos decidieron buscar la línea más fácil y en vez de emprender la lucha tendiente a sacudirse del bipartidismo o por concebir nuevas ideas políticas, prefirieron pelechar en la sombra del lado más oscuro de la sociedad.
Si volvemos la mirada a lo que ocurrió en las dos últimas décadas, encontramos a un grueso número de políticos felices, ejerciendo importantes cargos a escala nacional y dedicando más tiempo en sacar tajada de los contratos y apropiarse de grandes porciones del “ponqué burocrático”, en lugar de realizar un análisis minucioso de la sociedad y a proponer ideas claras que condujeran a dar soluciones concretas a los problemas centenarios que ha venido arrastrando el pueblo colombiano, los mismos que han impedido sin ningún escrúpulo que el país pueda ingresar al ámbito del progreso y desarrollo.
Cuando la comunidad en general y los medios de comunicación señalaron a algunos de aquellos que estaban en tal “piñata”, los políticos se escurrieron, dieron un brinco y corrieron en la búsqueda del “dorado” que significaban –para no pocos–, los carteles de la droga; incluso muchos se convirtieron en mandaderos de los grandes capos del narcotráfico, revolcándose en los lodazales de uno de los capítulos más siniestros de nuestra accidentada historia republicana.
Cuando los “carteles” más conocidos entraron en crisis, nuevamente algunos políticos se deslizaron y buscaron la sombra protectora de la novísima expresión funesta del país: el paramilitarismo.
Y en ese momento observamos como un número considerable de políticos fueron condenados, acusados de ser partícipes de lo que se conoce como “parapolítica”, mientras otros afanosamente olfatean, buscando cuáles serán las nuevas expresiones y cuál es el árbol que da más sombra para arrimarse, no sin antes haber saboreado lo producido por la mermelada en los ocho años de gobierno de Santos.
No deja de ser elocuente que algunos se acogieron a la figura de sentencia anticipada; que no es otra cosa que aceptar su culpa para beneficiarse de una rebaja de la pena y pagar menos cárcel. Lo cual pone en evidencia la contundencia de las pruebas recaudadas y la seriedad de los procesos que aun adelanta la Corte Suprema de Justicia, ahora nos encontramos ante otra amenaza que se veía venir desde tiempo atrás, patentizada en el auge de la corrupción.
Mientras todo ello avanza, de la ideología social, de los principios de cada partido, de los compromisos adquiridos, son muy pocos los que se preocupan por preservarlos y cumplirlos. Hoy, son otros los intereses y a esos apuntan todos los objetivos personales y económicos, después ya vendrá lo otro.

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