La ‘percepción’ de seguridad

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Al mismo ritmo que crece la pujanza económica, comercial e industrial de Barranquilla y su Área Metropolitana, están creciendo los problemas sociales, respecto a los cuales no le queda otra alternativa diferente a las autoridades que encontrarles solución.
Los enfrentamientos entre organizaciones delincuenciales, la presencia de bandas emergentes y las pugnas por el control del expendio de drogas, son hechos inocultables en nuestra urbe.
Los grupos criminales siguen actuando de la misma manera como lo han venido haciendo desde hace varias décadas, los promotores de estos hechos frecuentan las zonas deprimidas, lugares donde arman especialmente a los jóvenes, fomentando la delincuencia y ocasionando muertes violentas.
Como es sabido, en algunos barrios de Barranquilla y de Soledad persisten desde hace muchos años los enfrentamientos entre pandillas, sin que se haya realizado una intervención real, no sólo para controlarlas en materia de orden público, sino para desarticular esas redes y reincorporar a la sociedad a los componentes de estas bandas.
La denominada guerra entre bandas criminales ha obligado a las autoridades a cercar algunos barrios donde se libran estas luchas.
Pero esta no pasa de convertirse en una medida transitoria, porque lo único que realmente acabará con esta situación, es brindar oportunidades de desarrollo a esas comunidades, diferente a empuñar un arma y pelearse el control del microtráfico.
Homicidios, atracos, ventas y consumo de estupefacientes, además de otros hechos violentos son manifestaciones que preocupan a los barranquilleros de bien, puesto que observan como ha desaparecido la percepción de seguridad que otrora caracterizó a la ciudad de Barranquilla.
Cada semana las autoridades de Policía presentan a los medios de comunicación resultados de sus operativos en materia de allanamientos, capturas y otros que se logran con sus controles y procedimientos y sigue siendo valiosa la colaboración de la comunidad.
Si bien se requiere de una mayor presencia y reacción de la Policía –a la que respaldamos en su tarea pero que le exigimos con el debido respeto–, para recuperar lo que ahora se llama “percepción de seguridad”, también se requiere de políticas públicas de los gobernantes para apoyar la misión de los organismos de seguridad, así como una justicia más implacable y ejemplarizante.
Igualmente el resto de la sociedad debe estar más alerta y participativa para colaborar con las autoridades en la lucha contra la delincuencia, a través de la denuncia y estando más alerta y acatando las recomendaciones de la Policía para evitar ser víctima de actos criminales.
La delincuencia común se ha movido últimamente con el empleo de todos sus recursos insospechados y ha generado una grave situación de criminalidad y Barranquilla lamentablemente se ha convertido en uno de sus escenarios.
La concurrencia de muchos factores a los cuales nos hemos referido en este mismo espacio editorial, le aportan a la capital del Atlántico altas tasas de delitos, que lógicamente generan un ambiente de inseguridad y de inquietante incertidumbre.
En forma simultánea a las necesarias acciones de vigilancia y control se requiere emprender programas de carácter social que apunten a la prevención del delito entre la población más vulnerable. Esa es la única manera de generar desarrollo pacífico e integral para todos los ciudadanos pensando en el posconflicto.

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