El congreso anfictionico de Panamá

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En este suceso mayúsculo del pensar de Simón Bolívar (1825), hay una rica descripción de su visión integradora. Es una visión-situación que se compara con la conformación histórica de un gran bloque, “Los Estados Unidos” de las nacientes repúblicas independizadas de España. Había planteado la creación de “una sociedad de naciones hermanas (…) unidas, fuertes y poderosas para sostenerse contra las agresiones del poder extranjero”. En esta convocatoria hay una disposición anímica del Padre de la Patria. En este caso, un estado de llamado a trabajar al unísono, como la tranquilidad que le daría a estas repúblicas frente a los avatares de la Europa Imperial y de los Estados Unidos del Norte, quienes habían retardado el reconocimiento de estas independencias, esperando que sucumbiera la inepta y caduca España. Ya Bolívar, lo había venido sentenciando: “Cuando yo extiendo mi mirada a nuestro continente, encuentro que a su cabeza se encuentra una nación, muy rica, muy poderosa y capaz de todo” (Los Estados Unidos del Norte). O, cuando señaló para los siglos: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar de miserias a nuestra América por un real”. Son frases que avisaban sobre el comportamiento de la “Estrella del Norte”.

En este año del Bicentenario de la Independencia, es el momento del reconocimiento para la enseñabilidad y la educabilidad de hechos tan importantes como este Congreso para promover cambios de actitud en nuestros niños, adolescentes y jóvenes frente a la Historia: se trata de vivenciar esa conversación del pasado desde el presente, para evocar esta gesta, lo que nos fuerza a mirar en nuestro ayer lejano, pero cercano, otras maneras para “ver” los acontecimientos históricos de modo diferente. Si una situación como esta convocatoria de conformación integradora de nuestros pueblos es narrada en términos vivenciales, por ejemplo, como lo quería Bolívar, de constituir un poderoso ejército, capaz de enfrentar a la Europa Imperial, el más grande ejercito hasta ese momento, 100 mil hombres, con la destreza para llegar a esa Europa, que supiese respetar nuestra Independencia: era el ideal del Libertador, entonces puede darnos un sentido de reconocimiento y valoración por parte de nuestros estudiantes. Es la enseñanza de la Historia de otra manera: es casi sentir como si fuésemos actores, y estuviera ocurriendo justo cuando damos nuestras clases. Todo ello basado en la reflexión, que se hace necesario reconocer desde la presencia temporal que se expresa en la historia, por ejemplo, ¿por qué 1825? Lo que nos lleva como docentes del pasado histórico, a avivar la presencia reflexionada sobre nuestro pasado desde los momentos o hitos históricos, que son picos de grandeza de los pueblos.

La enseñanza del Congreso Anfictiónico de Panamá tiene sentido, en cuanto fue el sueño del gran proyecto integrador de Bolívar, entonces, nos corresponde en nuestro presente descubrir y describir los significados reflexivos de este magno acontecimiento, para “capturar” esta grandeza del ayer en nuestro hoy como una descripción oral y escrita. Este hecho histórico se nos vuelve un objeto de presencia reflexiva, mas en este tiempo bicentenario. Esta enseñabilidad (reflexión sobre el actor de enseñar historia) pretenderá regresar a la memoria del pasado, para valorar este hecho como experiencia histórica, pues nos permitirá vivir a través de ella (pues el pasado jamás se va, siempre está con nosotros), lo que permitirá debatir, en tanto, ese pasado se desliza hacia nosotros para que nosotros desde nuestro tiempo lo interroguemos.

Al volver a narrar reflexivamente con nuestros estudiantes este Congreso Anfictiónico de la Unidad Panlatinoamericana (del río Bravo hasta la Patagonia) ideado por el más grande Prócer de América, Bolívar, estamos llevando esta experiencia a la conciencia reflexiva de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, con sus detalles, que permanecerán siendo reflexiones a través de los siglos, pues deja huellas latentes y poderosas para nuestro futuro. Y esto, lo hacemos como un recordar, como un explorar deliberadamente algunos detalles de dicho Congreso, por ejemplo, la oposición de Santander, por ejemplo, la invitación que Santander le hace al gobierno de los Estados Unidos del Norte, contrariando la orden de Bolívar de no invitarlos, entonces, esos detalles, que son de suma importancia, los podemos considerar en nuestras clases de historia. Podríamos centrarnos en cualquiera de esos instantes y preguntar: ¿Cómo y para qué el Libertador Simón Bolívar ideó este Congreso? Y podríamos responder: “Sólo pensando en la integración de nuestros nacientes estados, en una sola Patria, la América”, o, “Quería detener y enfrentar el afán belicista y de invasión de nuestros territorios por parte de lo que ya Bolívar pensaba era la potencia agresora de los Estados Unidos del Norte”, entre otras respuestas.

Con estos interrogantes anfictiónicos (liga de naciones) podemos ya centrarnos en esta experiencia, pero en tiempo presente: ¿por qué se hace necesario pensar en la integración de nuestros pueblos? Hoy, hay escenarios y eventos vivenciales que demandan esta integración, (por qué no identificarlos y argumentarlos en la enseñanza de la historia reflexiva con nuestro pasado). Y esto puede abrir el espacio para una gran pregunta problematizadora: ¿Por qué esa necesidad de integración, como imperativo histórico para nuestros pueblos? Es un interrogante destacable, por la experiencia vivida que nos arrojaría detalles para el despertar de una conciencia reflexiva en nuestros estudiantes, porque es destacable cuanta experiencia reflexiva podamos desarrollar y fortalecer en ellos, como la conciencia presente y futura de nuestros pueblos. Quien mejor que el poeta José E. Rodó, quien en su obra “Hombres de América”, exclama: “…Cumplida está la obra de Bolívar (…). Aún sueña el héroe con más; aún querría llegar a las márgenes del Plata (…) ser también para él, el Libertador, arrollar hasta la misma corte del Brasil, fundar allí la república (…), cerrar la inmensa elipse de gloria en suelo colombiano, e ir acordar y presidir la armonía perenne de su obra, en la asamblea anfictiónica de Panamá”.

Desde este, nuestro punto de vista (una enseñanza de la historia a partir de las vivencias del pasado que conlleven a la reflexión), identificamos los aspectos más relevantes del Congreso Anfictiónico, los hacemos reconocibles en el sentido que podamos re-crearlos, nombrarlos, describirlos y reflexionar sobre ellos. Tenemos entonces, que cada aspecto relevante de esta iniciativa integradora adquirirá una identidad que la hará potencialmente distinguible para los estudiantes. Podríamos, didácticamente singularizar, por ejemplo, los momentos de esta convocatoria y preguntarnos: ¿Cuál es su importancia en nuestro presente? Y, ¿cuál es el significado de esta experiencia que quiso darle Bolívar, y que Santander nunca pudo comprender? También es posible centrarnos más cuidadosamente en la naturaleza de este acontecimiento histórico e interrogarnos: ¿por qué Santander contrarió la orden de Bolívar de no invitar a los Estados Unidos del Norte? Estos interrogantes dan sentido a esta experiencia, que fue truncada por los afectos de quienes sólo miraban la “estrella del Norte”.

Lo significativo de este dialogar en torno a las ideas integradoras del Libertador consiste no solo en los aspectos que allí se discutirían, sino también en la esfera de la proximidad lejana de este hecho con nuestro presente, lo que invita al diálogo reflexivo, a la conversación significativa, incluso, al compartir de los silencios, que también tiene sus significados. Todo ello adquiere sentido en la esfera de la comprensión que pertenece al amor pasión por la enseñanza de la historia. Este espacio de cercanía con nuestro pasado demanda del disfrute: del goce ético, estético y placentero del enseñar, porque como bien lo anotaba Martí en 1893: “Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer esta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”

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