Los efectos de la deserción estudiantil

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Uno de los desafíos más grandes que enfrenta el país en materia de educación es luchar contra la deserción escolar. Sorprende que uno de cada cinco estudiantes en Colombia no continúe estudiando después de la primaria, que el 12% quede por fuera en la básica secundaria y que solo 48 de cada 100 estudiantes de las zonas rurales del país, culminen la educación media. La calidad de la educación es uno de los principales problemas que afectan el desarrollo de los países. La deserción que afecta sustancialmente la calidad de la educación superior es muy alta en Colombia y tiene dos efectos negativos: la frustración de las personas que abandonan los estudios, para emplearse en labores poco productivas, y el desperdicio de recursos de las instituciones al perder estudiantes. Pero en la educación superior el desafío es mayor: solo la mitad de los matriculados se gradúan, según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde).
Un estudio de la tasa de deserción por grupo concluyó que, en promedio, uno de dos matriculados no termina los estudios de educación superior. Según el mismo informe, la tasa de deserción alcanza el 33% al final del primer semestre y el 71% en el décimo semestre. Esto nos debe llamar a la reflexión. Pero además llama la atención el abandono por tipo de formación: las cifras del 2018 destacan que esta situación se presentó, durante el transcurso del programa, en universidades, en un 45%; en instituciones tecnológicas, 54% y en instituciones tecnológicas profesionales, 62%. El proceso formativo se asimila a una escalera donde los niveles corresponden a peldaños articulados. Las deficiencias en la educación preescolar, cuando el niño desarrolla sus competencias básicas, se reflejan necesariamente en su desempeño en los siguientes niveles.
Las instituciones de educación, particularmente las de educación superior, que corresponden al nivel más alto, deben subsanar las falencias de todos los niveles. Una pérdida de talento considerable en un sistema de educación superior altamente ineficiente. Además, muchas personas incurren en obligaciones financieras para buscar un mejor futuro, y la deserción hace muy difícilmente cumplir con los compromisos. La reducción de la deserción, que generaría importantes beneficios al potenciar el talento, requiere acciones efectivas. Es fundamental que las instituciones de educación superior y el gobierno consideren muy relevante esta reducción y adopten las medidas correctivas. Señalaré algunas de ellas: la concientización de los estudiantes y de sus padres de la importancia de culminar un programa de educación superior; la prestación de una asesoría efectiva, principalmente en los dos últimos años de educación media, en la selección de la disciplina de estudio; la optimización de los esquemas de ingreso de estudiantes, teniendo en cuenta sus habilidades y sus deficiencias; el diseño de cursos de nivelación cuando se requieran, particularmente en matemáticas y lectoescritura, y la prestación de consejería personal y académica, para lograr el ajuste del estudiante al nuevo entorno.
Es claro que las causas del desbalance de la educación y la deserción inician mucho antes de la universidad: desde el preescolar que les hace falta a miles de niños colombianos, que llegan a primero de primaria con el único requisito de haber cursado el grado de kínder. Por lo general, un niño de escasos recursos no tiene ningún tipo de formación de primera infancia. Los primeros cuatro o cinco años de vida son cuidados por un familiar o un vecino, y el porcentaje que logra acceder a un preescolar lo hace a través de un hogar de bienestar, que no siempre cuenta con las herramientas pedagógicas de los preescolares privados, a los que asiste la minoría de los colombianos. En el colegio las cosas no mejoran, porque la mayoría de los estudiantes solo tienen media jornada, mientras que los de estratos más altos cuentan con formación en jornada única y con una formación balanceada entre las áreas duras y el deporte, la ciencia, la tecnología y la innovación. Por supuesto, ese mismo niño que se ha formado con notable desventaja, generalmente no cuenta con la información ni los recursos necesarios para tomar una decisión correcta al momento de elegir una carrera profesional.
En muchos casos, elegir es una oportunidad única en la vida y equivocarse puede ser el final de una carrera, como lo advierte un informe del Banco Mundial. El esfuerzo que se requiere es mayor. Es urgente revisar el sistema de aseguramiento de la calidad de la educación nacional y resaltar que la escalera de la educación es un proceso integrado. Pero definitivamente el desafío sigue siendo garantizar que los estudiantes avancen a través del sistema y para ello es necesario que entendamos la educación de manera articulada con el resto de factores sociales que la atañen y que se deben resolver, como la falta de oportunidades educativas, la pobreza, la presión por empezar a trabajar, el conflicto y hasta la violencia. [email protected]

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