El alto índice de desempleo

0
328

En medio de la distracción, o mejor, de la desorientación, que es la expresión más cercana a la realidad en la campaña electoral que finaliza el domingo 27 de octubre con el escogimiento de gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de juntas administradoras locales, el grueso de la población pasa por alto la esencia de esa jornada de participación, que más que la unción de unas personas para ejercer unos cargos con responsabilidad, es el visto bueno que a través del sufragio se le da al programa administrativo que proponen, que no siermpre es el que ejecutan, a pesar de la palabra empeñada y de la obligación moral adquirida para cumplirlo. Pasado el carnaval de reuniones, discursos y promesas, pocos recuerdan el fondo de las propuestas, ni tampoco proyectos del gobierno nacional, aunque éstos tengan mucha relevancia, como la educación, los recursos naturales, el subsuelo, el medio ambiente, las aguas costeras y vertientes hídricas; la salud, el empleo y las pensiones, conjunto de temas que, como se sabe, está directamente ligado a la reforma tributaria, que se disfrazó con el nombre de ley de financiamiento para disimular su verdadero sentido y sometida actualmente a examen en la Corte Constitucional con pronóstico reservado.
En el amplio catálogo de asuntos prioritarios y de importancia, para ocuparnos en el momento de solo uno, tomamos el de la reforma laboral y el desempleo, a la que indistintamente se han referido sectores de la producción y el comercio, y viene hablando desde hace meses la ministra del ramo, Alicia Arango, curiosamente más que las agremiaciones sindicales. Según la funcionaria, el gobierno nacional cifra su esperanza en la reforma tributaria, que a su decir debe reducir los estándares en seguridad y salud ocupacional para que las micro, pequeñas y medianas empresas tengan mayor productividad y como consecuencia de ello generen puestos de trabajo. Habla ambién de estimular la permanencia en el campo y evitar el desplazamiento campesino que ha hecho surgir cinturones de miseria en las ciudades, con la consecuencia del aumento de la inseguridad, la miseria y la afectación de servicios públicos esenciales, ideas que de verdad no suscitan objeción, pero que preocupan al estar seguidas de la propuesta de flexibilización, porque en Colombia ha hecho carrera que el recorte de derechos al trabajador estimula la creación de empresas y genera empleo, lo cual no es creible, por la experiencia dejada por las reformas laborales luego de la expedición de la ley 50 de 1990, la desmejora del valor del domingo laborado, la disminución de 4 horas en el pago del recargo nocturno, y la supresión a los pensionados de la mesada adicional de junio.
El capital se consolida con el apoyo de la fuerza indispensable del trabajo y el fomento del empleo no obedece a caridad sino a la necesidad para su crecimiento. Ninguna empresa crea un puesto de trabajo innecesario. El desempleo en la actual administración ha alcanzado máximos niveles, y según el DANE llega al 14% en las 18 ciudades más grandes del país, como lo reconoce la ministra Arango, quien cree que la flexibilización mediante la contratación por horas ayudará a disminuirlo, aunque en este punto y en otros fundamentales como el del descanso del trabajador, que en Colombia es muy poco, según la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE), la funcionaria no sentó un criterio en forma tajante sino que ha dicho con explicable cautela y prudencia que va a llevarlo a la mesa de concertación tripartita (gobierno, gremios, sindicatos) que se reunirá a finales de año, para que allí sean debatidos. Empresarios y trabajadores, pues, deberían prepararse a conciencia para llegar a conclusiones y acuerdos posibles y realistas, que no agraven la situación social de los últimos, ni detengan el auge empresarial, lo cual demanda cordura, ponderación y justicia.
[email protected]

Comentarios