Economía en un Estado Social de Derecho

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Abordar la economía como participación política desde la sociedad civil, constituye un tema aún inexplorado pues la racionalidad económica de los diferentes agentes participantes en los procesos productivos de la sociedad de mercado excluyen la toma de decisiones y el reconocimiento ciudadano como fuerza vital de desarrollo y garantía de la reproducción del sistema económico imperante en un Estado Social de Derecho. Los fallos del mercado y sus efectos concentradores de riqueza merced al empobrecimiento e inequidad social de grandes sectores de la población, constituye el paradigma que cobra cada vez más vigencia en el mundo globalizado, especialmente en países menos adelantados. He aquí la importancia de comprender las causas y consecuencias de un modelo neoliberal impuesto, generador de pobreza e inequidad social y es aquí donde la participación y la búsqueda de reconocimiento para buscar alternativas viables de desarrollo sustentable, de mejoramiento de la calidad de vida y de una economía más social y humana aún son posibles, siempre y cuando generemos una conciencia social para generar  procesos sinérgicos alternativos al paternalismo del Estado benefactor cada vez más ineficiente y corrupto en el manejo del gasto público e inversión social.
Resolver el problema de supervivencia en los primeros estadios de desarrollo de la humanidad significó un reto que demandó grandes esfuerzos por la precariedad de medios e instrumentos que permitieran optimizar y superar su dominio sobre una naturaleza inclemente: Gracias a la capacidad de raciocinio del ser humano, la práctica cotidiana, su adaptabilidad e inventiva conllevaron a crear medios e instrumentos mediante los cuales el proceso productivo resultó ser más eficiente al generar excedentes económicos que superaron ampliamente las demandas societales. Sin embargo, un mayor dominio sobre la naturaleza implicó la especialización del trabajo, la división del trabajo y por supuesto la diferenciación social, creando la necesidad de un ente capaz de cohesionar la naciente sociedad: la aparición del Estado como garante del direccionamiento económico, político y cultural para una sociedad dividida en clases sociales-visibles e invisibles- y con roles muy diferenciados. Queda así demostrado cómo el proceso productivo, esencia de la economía, ha constituido históricamente la base determinante sobre la cual se ha erigido el Estado como poder supremo, donde las decisiones políticas siempre han tenido una intencionalidad económica que afecta a la sociedad, su cultura y grado de desarrollo para determinada época histórica de la humanidad. Sin embargo, tradicionalmente la representatividad de los intereses de la sociedad civil no han sido decisivos a la hora de generar políticas públicas encaminadas hacia la generación del tan anhelado bienestar social.
El proceso productivo de bienes y servicios como sistema sinérgico en la sociedad globalizada, se encuentra gobernado por relaciones mercantiles donde el fetichismo del dinero y los mercados financieros permea la política, la cultura y el desarrollo socio-económico de la sociedad de consumo. La cultura mercantil ha invadido todas las esferas de la vida social y espiritual, la economía no real o sistema financiero nacional e internacional rigen los de países, naciones, organizaciones, familias y personas. Las relaciones sociales se miden en términos de relaciones mercantiles. Los agregados financieros superan ampliamente la economía real, lo cual genera actitudes especulativas con graves consecuencias cíclicas y recesivas, con efectos nefastos para la sociedad civil de países no desarrollados.
La tendencia a la conformación de bloques económicos, acuerdos bilaterales y multilaterales entre países, sus decisiones políticas también están asociadas a intereses estructurales económicos. En conclusión, las decisiones políticas de cualquier agente económico-excepto la sociedad civil- en la mayoría de los casos contienen un trasfondo de racionalidad eminentemente económica.
La ciencia económica como hija predilecta del capitalismo, desde sus inicios estuvo fundamentada en principios del laissez faire o liberalismo económico donde el mercado y la iniciativa privada constituyen las fuerzas de la acumulación del capital y el desarrollo económico. El Estado estaba destinado a cumplir un papel de gendarme y garante de la propiedad privada y demás derechos jurídicos-políticos de la sociedad civil.
Con la crisis del capitalismo de los años treinta-la Gran Depresión- y con ello el juicio a la veracidad del modelo neoclásico, nace un nuevo paradigma de política económica: el intervencionismo del Estado derivado del planteamiento de la Teoría General de la Ocupación y el Dinero de John Maynard Keynes.
El nuevo rol del Estado como agente económico para solventar las imperfecciones de mercado y la iniciativa privada cobra vigencia-nuevas estrategias de política económica- el gasto público y la política fiscal constituirán hacia futuro la esencia del modelo intervencionista de Estado en la economía.
La aplicación del keynesianismo en América Latina generó un proceso de desarrollo hasta el exceso de generar un agigantamiento del Estado, el incremento del déficit fiscal, la deuda externa y un aparato estatal burocrático, ineficiente y parasitario. Sin embargo, el modelo estructuralista planteado desde la concepción de la Cepal produjo un fenómeno de reivindicación social, especialmente en el aspecto agrario y en la concepción de un tratamiento más justo dado el intercambio desigual entre centro-periferia en materia de comercio internacional. La sustitución de importaciones y el proteccionismo con fines de industrialización endógena, constituyeron una utopía más que no surtirá el efecto de liberación de la dependencia de Estados Unidos.
Asistimos a un fenómeno nunca antes visto: la globalización como nuevo paradigma que pretende dar explicación a la interconexión y dependencia de mercado entre bloques económicos, países, y su afectación a comunidades, familias e individuos en el contexto mundial: el proceso de globalización económica es una de las fuerzas más poderosas que están operando en el mundo contemporáneo. Este proceso está llevando a una integración creciente de los mercados de bienes, servicios, trabajo, inversiones y tecnología y ha venido transformando la vida de las naciones tanto aquellas que deciden insertarse con la economía mundial como en aquellas que quedan marginadas. Fuente editada: “Economía como participación política”, por Nabor Erazo Delgado, en Cedal comunicación educativa Revista N° 43
Es así que en Colombia, un Estado Social de Derecho, democracia con tres poderes independientes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se ha de tener precaución en cuanto al manejo de la economía, y ser cautos en decisiones como la Ley de Financiamiento.
No vaya a ser que perjudiquen todos los aspectos que se mencionan en las líneas precedentes.
*Ingeniero Civil egresado Universidad de los Andes, Colombia
Capitán de Corbeta Reserva Naval Armada Nacional de Colombia
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@raul_arzuza

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