Colombia: protesta social o caos

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Orlando Villarreal G.

*El Gobierno nacional nos comenta el acontecer diario del orden público, con ‘paños tibios’, para tranquilizarnos, pero la realidad es otra, de la que nos sorprendemos a cada instante.

La prensa, radio, televisión y las demás redes sociales, en cada momento irrumpen con la mayor información sobre lo que sucede en el territorio nacional, con algunos comunes denominadores en inseguridad, injusticia, corrupción, violencia intrafamiliar, asesinatos y pare de contar. Quienes habitamos en esta región Caribe al norte de Colombia, un poco más segura, nos sentimos tristes, compungidos por el registro de las noticias de antisociales capturados, ampliación de los frentes subversivos, muerte a los líderes y lideresas buscadores del bienestar e integración de su comunidad en los departamentos del sur del país. Amén de que una amplia población infantil se alimenta con los desechos de comidas que encuentra en los grandes basureros.
Los periodistas reciben las informaciones, sea por el envío de ciudadanos que comulgan con el civismo y son espontáneos, cuyas colaboraciones se agradecen, o por obtención en forma directa para registrar lo que está aconteciendo aquí o allá, eso sí, para el desarrollo y análisis de las noticias, el difusor debe aplica la famosa palabra que ya penetró, hizo carrera y forma parte del léxico nuestro: ‘Presunto’. Recuerdo que mucho tiempo atrás, se informaba tal como sucedía el hecho, utilizando el ‘lead’ o guía informativa. Ejemplo: “Fulano de tal asesinó en estos instantes a zutano por el cobro de una vieja deuda…”. Hoy no se puede escribir o mostrar esa información así, hoy se debe decir que “Fulano es el presunto asesino de…”.
La bendita palabra Presunto, es la que se escucha y se lee a menudo en todos los medios de comunicación para señalar el caos que ronda en estos momentos a Colombia, cuyos representantes del gobierno Duque, estiman que no está sucediendo nada y por el contrario están hablando de protesta social, mini frase que es la que puede aplicarse en las manifestaciones de estudiantes universitarios enfrentados a los cuerpos armado de policías, con el cruce de diferentes armas, mínimas y máximas. Amable lector, por donde usted meta la cabeza, escuchará o verá un capítulo sobre el desorden ordenado que reina en nuestro medio, con más intensidad en el centro, oriente, occidente y sur de Colombia. No hay derecho a convertirnos en un país violento.
La otrora violencia que se registraba en el territorio nacional, era producto de la política entre liberales y conservadores, después un poco del comunismo; pocos atracos a bancos y entidades financieras y cuando alguien importante era asesinado, Colombia registraba su protesta, muy espontánea por cierto, para señalar y evocar algunos casos: Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, hasta Luis Carlos Galán Sarmiento. Se levantaba la gente, se alzaban las voces y se estimaba que eran actos justos, para reconocer la calidad humana de los sacrificados, quienes en vida se habían destacado en sus diferentes actividades profesionales y partidistas.
En esta nota incluyo de refilón, de soslayo o pasadita, el acontecer político entre los aspirantes a ediles, concejales, diputados, alcaldes y gobernadores. En algunas regiones de Colombia, ya se ha mostrado la violencia de persona a persona. Aquellos candidatos y candidatas, que las encuestas entre seiscientas personas, porque de ahí no pasan, y dan los nombres de ganadores y perdedores, se convierte en otro denominador u otra forma de especular con la presunta victoria o derrota. Surge la revisión de los cuadros organizadores, los fondos económicos y pare de contar. La deducción interna y el comentario de la Vox Populi y Vox Dei, Voces del Pueblo y de Dios.
Los politólogos de turno, los parlamentarios, la ciudadanía en general y quien sabe que otros frentes de integración comunitaria, están pidiendo a ‘voz en cuello’ que el Presidente Duque, realice su primera modificación de la nómina de ministros, institutos descentralizados, algo de las Fuerzas Armadas y demás, para lograr un segundo aire en su gestión que ya va en un año y dos meses y pueda existir la posibilidad de una reivindicación social y política.
Definitivamente estamos al borde o ya entramos en un caos, que estaba considerado o definía inicialmente una confusión primitiva de los elementos del universo. Hoy, aquí en Colombia debemos interpretarlo actualmente como un desorden, revoltillo, baraúnda, maremágnum o simplemente desorden, que sumado a las maquilladas protestas sociales, nos dan como resultado la Colombia de la actualidad con un ‘orden público’ tranquilo y feliz. OVIGRA

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