Mala educación y exceso de tareas

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Uno de los grandes temas y objeto de debates del mundo escolar son las tareas o compromisos. Hay evidencias acerca de sus bondades, indispensables en el proceso de aprendizaje de los niños y jóvenes, aunque no siempre son bien recibidas por los estudiantes o incluso los mismos padres, pero están enmarcadas dentro de unos límites y formas de aplicación. Sus detractores más acérrimos, enseñan sendos estudios demostrando la falta de eficiencia de las tareas o incluso el detrimento en rendimiento escolar por causa de ellas. Ignacio Mantilla, rector de la Universidad Nacional afirmó en una ocasión, que siempre ha estado en contra de los profesores que dejan extensas tareas y trabajos para realizar en tiempos vacacionales. También son esenciales el ocio y el descanso para la formación profesional. Y tiene razón. El modelo educativo, implantado en una gran cantidad de colegios y universidades, está asfixiando a los estudiantes con tareas excesivas, en muchos casos inútiles, en muchos casos agobiantes y en muchos casos reflejo elocuente de las carencias de los mismos profesores.
Las tareas en casa son el recurso que utilizan los profesores para reforzar algún tema o darles continuidad en el hogar a las clases que se dictan dentro de los salones. Sin embargo, los deberes se han convertido en un tema de controversia en los últimos años debido al exceso de trabajo al que se ven sometidos muchos estudiantes más allá de la jornada escolar, especialmente los más pequeños. Un impedimento, según las voces más críticas, para que los menores se puedan dedicar a otro tipo de actividades, socializar con familia y compañeros o simplemente disfrutar de lo que son: niños. Pero ¿qué tan pertinentes son para lograr la excelencia académica o mejorar la calidad de los sistemas educativos? La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alertó que la carga académica en espacios fuera del colegio no mejora el rendimiento escolar. Por el contrario, puede influir en la tasa de deserción académica que anualmente se presenta en las escuelas. Y añadió que el tiempo que deben emplear los menores en actividades extraescolares debe ser de cuatro horas semanales. Ni una hora más.
El impacto de las tareas en la vida familiar debe examinarse con cuidado. A menudo, las tareas constituyen carga excesiva para los padres y son motivo de conflicto. El diseño de un átomo, del sistema solar con esferas de icopor o la elaboración de un traje medieval para niños de primaria, por ejemplo, pone en odiosa comparación el dinero, el tiempo o el ingenio de los padres con sus hijos en la escuela, edifica la competencia, crea dependencia hacia el adulto y mortifica el yo infantil, todo ello frente a un escaso valor académico. Diversos estudios indican, además, que el estrés familiar es proporcional al peso de los deberes, que a su vez disminuye la percepción de los padres sobre su capacidad para ayudar. Las tareas en casa, luego de una jornada educativa completa, eliminan el tiempo disponible para otras actividades indispensables en el crecimiento cultural y físico de niñas y niños. Es necesario otorgar espacios al ocio, a la lúdica, la poesía y la literatura, al arte y el deporte, a la curiosidad infantil, a compartir en familia y en sociedad. Estas últimas actividades, incluso, generan más autodisciplina y responsabilidad que las tareas.
No estoy en contra de las tareas, advierto. Estoy en contra de la sobrecarga de tareas y trabajos para adelantar en el tiempo libre de los estudiantes cuando ya no se encuentran en los planteles educativos. Las tareas deben ser un complemento de la faena académica. Y pueden ser exigentes, complejas, pero no agobiantes. En una encuesta realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la que participaron más de 11.000 estudiantes de todo el mundo, el organismo internacional evidenció la falta de efectividad de las tareas escolares en el hogar y pidió su suspensión. Según el estudio, el 34% de los niños y el 25% de las niñas de 11 años admitieron sentirse presionados por la cantidad de deberes que les mandaban. Asimismo, el 55% de las niñas y el 53% de los niños de 13 años indicaron sufrir de estrés por ello. Entre la población de 15 años encuestada, el 70% de las mujeres y el 60% de los varones aseguraron sentirse abrumados por esta misma razón.
Si el colegio enseña a pensar, por ejemplo, el estudiante por sí mismo pedirá que en casa se reflexione, se interactúe; esa será su tarea para el hogar. Lo hará en su tiempo libre, pero no se asumirá como tarea escolar, sino para la vida. Así mismo, el uso de los medios tecnológicos y de comunicación se orientará con idéntico propósito, como herramientas para el conocimiento y el desarrollo humano al servicio de la vida y de la sociedad. El debate está abierto. Sabemos que el modelo educativo colombiano necesita ajustes de fondo. Ha llegado la hora de discutirlos con serenidad y de timonear colectivamente en procura de una mejor educación para un mejor país. [email protected]

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