A competir para progresar

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Competitividad es el nombre de la figura que en estos tiempos de globalización deberán tomar con mucha seriedad todas aquellas regiones que se decidan a dar un salto cualitativo en los estándares de vida de su población.
La competitividad es una construcción social; es por eso que el Estado, los empresarios y la comunidad en general tienen que trabajar de manera integrada y constante; sin ella no será posible salir del subdesarrollo.
Es inocultable, que Colombia es un país que todavía deberá librar una dura batalla para introducirse en ese entorno globalizado y por consiguiente le corresponderá enfrentar grandes desafíos sin antecedentes en su historia.
Tendremos que apostarle a las grandes decisiones estratégicas y dejar atrás las mezquindades políticas, que nos mantienen atados a un pasado que nos puede resultar muy costoso.
Desde mucho tiempo atrás, la idea de ser más competitivos ha rondado a los distintos gobiernos que han pasado en los últimos 20 años, pero nada más. Poco o nada se ha movido la aguja de los indicadores de la competitividad, pero indudablemente ahora parece haber más conciencia que estamos a punto de que nos pite el tren una vez más.
El Consejo Nacional de la Competitividad –CNC, tiene la tarea de convertir a nuestro país en una nación que en el 2020 ocupe el segundo lugar en la escala de competitividad latinoamericana, con una sustancial reducción de la pobreza que pueda alcanzar siquiera el 39 por ciento.
En el plano regional es mucho lo que se puede hacer para definir estrategias, planes y proyectos que favorezcan la pronta recuperación del departamento del Atlántico en el concierto nacional, lo cual se ha constituido en uno de los objetivos de la Comisión Regional de Competitividad.
De la referida Comisión hacen parte las fuerzas vivas del departamento, representada tanto por el sector gubernamental, a través de la Gobernación, la Alcaldía y el Sena entre otras entidades, como por el sector privado liderado por la Cámara de Comercio de nuestra ciudad, conjuntamente con los distintos gremios, incluyendo el sector académico.
Es importante que esta comisión analice la situación de competitividad del Atlántico, teniendo en cuenta que en la actualidad a nivel nacional no ocupamos un lugar de privilegio.
Lo que está muy claro es que en el caso de nuestro departamento, lo que se debe es articular los sectores público, privado y la academia, para trabajar mancomunadamente por la competitividad de nuestra región.
Hay que señalar que de acuerdo al más reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –Cepal, el Atlántico no figura con notas sobresalientes.
Existe la urgente necesidad que la Comisión Regional de Competitividad asuma el reto de lograr una mejor posición en el escalafón a escala nacional, para lo cual es menester trabajar en muchos frentes, para crear una institucionalidad que obtenga la integración y la definición de una agenda agresiva con unos derroteros claros que conduzcan a unas conclusiones realmente viables, con la finalidad de que los resultados positivos no se hagan esperar por mucho tiempo.
No se puede negar que las necesidades de competitividad del departamento del Atlántico son muchas, comenzando por el aspecto relacionado con la ciencia y la tecnología, tópicos en los que todavía la situación es claramente precaria y también hay que mejorar en áreas como salud, seguridad e infraestructura.
Seguimos insistiendo en el sentido de que el Atlántico podría convertirse en una plataforma para el comercio internacional y el turismo lo cual deberá ser una de las principales metas de la actual administración.

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