El país en el ‘quítame allá esas pajas’

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Nadie alcanza a entender cómo en una nación con tantos problemas como la nuestra, con altísimos niveles de desigualdad y corrupción, entre otros, quienes buscaron respaldo para hacerse cargo de la administración y asumir la atención del catálogo de dificultades, en vez de aplicarse a ellas y resolverlas, lo que hacen es aumentar la conflictividad pretendiendo desbaratar soluciones en marcha en materia de reconciliación y en la apertura de la puerta que conduzca a establecer el origen de la crisis y el martirio que produjo la guerra interna de más de medio siglo, que ahora en la variable de la delincuencia común hace estragos en todos los sectores, en tanto que se dirige la mirada hacia el vecindario con intención antagónica para la cual quienes ayudaron a formar el gobierno en vigencia no dieron, ni han dado autorización explícita, ni tácita. En los 14 meses de la presente administración sus energías se han concentrado en la situación de Venezuela, principalmente por la migración hacia ésta de habitantes de aquella, por carecer de elementos de subsistencia, que obedece más al bloqueo impuesto por Estados Unidos, que a la incapacidad de su gobierno y a la ceguera y el extremismo de su dirigencia política gobernante y opositora, que ha sido incapaz de entender que la solución la tiene en sus propias manos, en la medida que cese en el desaforo por mantener el poder o llegar a él al precio que sea, en vez de abrir cauces para restablecer la normalidad institucional y el reencuentro de sus conciudadanos.
El jefe del Estado colombiano y su canciller le han dedicado abundante tiempo y recursos a propiciar el desbancamiento del régimen venezolano, y han tomado como propia y casi con carácter personal la ofensiva contra el señor Nicolás Maduro, al colmo de hacer el gigantesco oso de coadyuvar la introducción de la pretendida ayuda humanitaria, con un espectáculo circense en el que recibieron en alfombra roja y como jefe de Estado al señor Juan Guaidó, líder del Congreso venezolano y autoproclamado presidente de ese país, que irrumpió en el nuestro con la ayuda del grupo narco paramilitar “Los Rastrojos”, episodio éste que pone en cuestión su proceder y el del gobierno de Colombia, sinembargo de lo cual esta ocurrencia ha sido soslayada aquí y por el personaje, quien trató de justificar el hecho aduciendo que no negó fotografiarse con quienes en su ruta hacia Cúcuta le salieron al paso, que considerara triunfal, a pesar de que se frustró su intención de llevar a la fuerza a Venezuela la supuesta ayuda que conduciría el derrumbamiento del gobierno de su país, al que sin entender, o ignorante en política internacional y con desbordada euforia, el presidente colombiano, Iván Duque, le vaticinó poquísimas horas para caer, desde el mes de febrero del presente año.
Sin ser simpatizantes del jefe material del gobierno de Venezuela, ni tampoco adversarios, en nuestra condición de colombianos ratificamos que nos interesa la suerte de los hermanos venezolanos, que por muchísimos años acogieron indiscriminadamente a nuestros compatriotas que por millones emigraron hacia allá, desplazados por la violencia y la pobreza, y atraídos por la firmeza de su moneda, el Bolívar, y la posibilidad de empleo. Y en este momento, por eso, la actitud de Colombia no debe ser la de rufián de esquina, no solo por los múltiples problemas internos que tenemos, sino por respeto a la autonomía de otra nación, cualquiera sea su gobierno, aunque en la relación internacional expresemos nuestro desacuerdo, que en ningún caso debería hacernos aparecer en ese escenario como pica pleitos, que es lo que absurdamente se ha venido demostrando en contravía de la sensatez.
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