Sector rural sigue en el olvido

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Para nadie resulta extraño que las cifras oficiales confirmen el carácter rural de los departamentos de la Costa Caribe y con ellos gran parte del Atlántico.
Es posible que los indicadores conocidos hayan suscitado dudas entre los alcaldes de algunos municipios.
Pero en lo que no caben reservas, es en el hecho de que un alto porcentaje de la población costeña sigue viviendo en las áreas rurales y que lógicamente este hecho obliga a asumir conductas públicas que deben ser analizadas cuidadosamente.
De otra manera estaríamos actuando sobre irrealidades que no conducen a la superación de los grandes problemas de marginalidad en que vive la región. ¿Hasta qué punto el carácter de región eminentemente agrícola y ganadera que ostenta la Costa Caribe, en términos generales, constituye un hecho positivo o negativo para su desarrollo?, es algo que merece examinarse con detenimiento.
Creemos que de por sí la ruralidad no es un elemento que nos sitúe en desventaja frente a otras regiones del país. Más importante que enfrascarse en una discusión en torno a este tópico, es encontrar caminos para crear, dar empleo y conseguir bienestar generalizado para la población.
Claro que esto debe hacerse sobre la base de que el campo no debe tener prioridad alguna como sujeto de los programas que se pongan en marcha por los sectores público y privado, dentro del Plan Nacional de Desarrollo.
Una región –incluyendo el departamento del Atlántico– que tiene problemas graves de conectividad y que por consiguiente mantiene aisladas de las corrientes del desarrollo a muchas zonas, necesita superar estas limitaciones, para que los empresarios del campo puedan invertir.
Sucede lo propio con la falta de acceso de muchos habitantes de las áreas rurales a la salud y a la educación. Si se siguen presentando los bajos índices de desarrollo humano, que revelan las estadísticas sobre la región, será casi imposible que superemos las condiciones de atraso en que viven las gentes en el sector rural.
Es cierto que existen signos alentadores para superar la marginalidad, como por ejemplo el avance en la electrificación rural y que ciertos indicadores en materia de avances en cobertura educativa permiten señalar que se está haciendo un esfuerzo continuado en materia social.
Pero lo cierto es que al ritmo en que está creciendo nuestro Departamento, por razones del incremento de la población, originada por la llegada de muchos desplazados procedentes de regiones y países vecinos, aún tardaremos años para llegar al promedio nacional.
Se hace necesario a todas luces, seguir trabajando en procura de mejor bienestar de aquellas que se encuentran encuadradas –según el mismo censo del Dane– en los más preocupantes índices de pobreza absoluta.
Podemos decir que se trata de un desequilibrio que está repercutiendo desfavorablemente en regiones de vocación agropecuaria como la nuestra.
Si no fuera por la agricultura, la ganadería y últimamente la minería que aportan un alto porcentaje de empleo y un cierto dinamismo a la economía costeña, las cosas serían aún más graves.
Estas son realidades que deben conducir a proyectos de apoyo para sectores potencialmente fuertes, pero que por sí solos no podrían salir adelante. Es el caso, por ejemplo de la ganadería que sigue resentida por situaciones que seríamos prolijos enumerar y que son bien conocidas por los costeños.

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