Una breve reflexión acerca del derecho a la intimidad y al buen nombre

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Uno de los pilares del Estado Social de Derecho consagrado en la Constitución de 1991 es el llamado derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Este derecho protege el ámbito o esfera en la que un individuo vive y desarrolla cada una de sus actividades.

En principio y de acuerdo al momento histórico en que dicha constitución fue escrita, se hablaba más exactamente al derecho a no interceptar comunicación o correspondencia escrita. No obstante, los avances tecnológicos evidencian nuevas formas de afectar este derecho, como por ejemplo las redes sociales en las que se difama con facilidad a una persona, afectando de esta manera su derecho fundamental a la intimidad y buen nombre.
La Corte Constitucional ha establecido desde sus inicios que “constituyen aspectos de la órbita privada, los asuntos circunscritos a las relaciones familiares de la persona, sus costumbres y prácticas sexuales, su salud, su domicilio, sus comunicaciones personales, los espacios limitados y legales para la utilización de datos a nivel informático, las creencias religiosas, los secretos profesionales y en general todo “comportamiento del sujeto que no es conocido por los extraños y que de ser conocido originaría críticas o desmejoraría la apreciación” que éstos tienen de aquel”.

Lo anterior significa que, existen unos determinados escenarios en los que le está prohibido tanto al Estado como a los particulares inmiscuirse, entrometerse, emitir juicios o criticar ciertas o determinadas practicas por pertenecer a la órbita privada y por ser precisamente eso, privada, queda excluida del interés ajeno sin justificación alguna.

La Corte ha establecido entonces que el derecho a la intimidad constituye un área restringida que “solamente puede ser penetrada por extraños con el consentimiento de su titular o mediando orden dictada por autoridad competente, en ejercicio de sus funciones y de conformidad con la Constitución y la ley”.

Por su parte, el derecho al bueno nombre tiene carácter personalísimo, relacionado como está con la valía que los miembros de una sociedad tengan sobre alguien, siendo la reputación o fama de la persona el componente que activa la protección del derecho. Se relaciona con la existencia de un mérito, una buena imagen, un reconocimiento social o una conducta irreprochable, que aquilatan el buen nombre a proteger, derecho que es vulnerado cuando se difunde información falsa o inexacta, o que se tiene derecho a mantener en reserva, con la intención de causar desdoro contra el prestigio público de una persona.

Así entonces, el derecho al buen nombre protege a las personas frente a las expresiones o informaciones ofensivas o injuriosas, falsas o tendenciosas, o que se tiene derecho a mantener en reserva, las cuales distorsionan el concepto público que se tiene del individuo, pues se considera que la reputación de una persona es uno de los elementos más valiosos de su patrimonio moral y social. Por ende, en cada caso resulta necesario establecer si las expresiones o informaciones cuestionadas corresponden al ejercicio legítimo del derecho a la libertad de expresión, información u opinión.

En síntesis, todo aquel que sin justa causa interfiere o vulnera el legitimo ejercicio de la intimidad y buen nombre de las personas, se expone a sanciones judiciales tendientes a restablecer el derecho vulnerado. La razón de ser de todo esto es que nadie está facultado ni habilitado para lesionar la reputación de otro, por consiguiente, si el Estado o un particular realizan dicha vulneración adquieren la obligación de reparar el daño ocasionado.

Si bien es cierto, existe una diferencia entre honra y honor, los mismos gozan de protección constitucional. La honra, tal como se entiende en el teatro clásico español, es la dignidad de puertas afuera y equivalente a la reputación, el prestigio, la lealtad, la opinión, la gloria o la fama, mientras que el honor, que es la dignidad de puertas adentro, hace referencia a lo que cada uno piensa de sí mismo.

Finalizo con esta reflexión: Aunque mi honor esté firme e intacto, nada te autoriza a atentar contra mi honra…

Stewing José Arteaga Padilla
Abogado
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