Nariño y Bolívar: una empatía independentista

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Abordar la relación empática entre estos dos grandes personajes de nuestra historia: Nariño y Bolívar, implica en el marco del Bicentenario de la Independencia (BI), un intercambio de ideas y proyectos que nos obliga, a reformular algunos temas y problemas desde el presente. En ensayos recientes hemos bosquejado preliminarmente una Teoría Emancipadora, extraída del pensamiento del Libertador Simón Bolívar (Mora, R. Bolívar y la educación. Un Proyecto educativo emancipatorio para los pueblos panlatinoamericanos.

Libro en Prensa, 2019). Se trata de la asimilación de un bosquejo programático, que él va estableciendo en cada uno de sus documentos políticos libertarios (Manifiesto de Cartagena, 1812; Carta de Jamaica, 1815; Discurso de Angostura, 1819 y Constitución para Bolivia, 1824). Sin embargo, ciertos rasgos de estas concepciones son reconocibles en las formulaciones políticas de nuestro héroe nacional, Don Antonio Amador José de Nariño y Álvarez (9 de abril de 1765-13 de diciembre de 1823), como por ejemplo: la necesidad de unir esfuerzos centralistas para derrotar la tiranía española; el ideal de justicia; su defensa a la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, que la hacía en sus editoriales en su periódico de la “Bagatela”, que significó su estandarte libertario. Nariño representa y simboliza una existencia trágica y comprometida con la causa independentista de nuestra nación. Se le considera como el primer librero, y, como el primer periodista político de nuestro país.

Estos rasgos de nuestros dos grandes prohombres de la patria, se obtienen en la discusión de las relaciones entre el ser y el deber ser independentista: ¿por qué Nariño y Bolívar coincidieron en la necesidad de un Estado fuerte y central? Y, no en uno federalista. Es la discusión bicentenaria de las relaciones entre el conocimiento a ser promovido en el currículo escolar y el interés por un Estado respetuoso del ideario de los derechos del hombre, emanados de la gloriosa Revolución Francesa, traducción y divulgación que le costó a Nariño la persecución de las autoridades españolas en su persona, familia y bienes, y su encarcelamiento en las mazmorras del Virreinato de la Nueva Granada (por eso, los llamo a los dos, los grandes vencidos); pero, la ganancia principal de sus luchas libertarias fue el acompañamiento que se hicieron. Recordemos que Bolívar había llegado a la Nueva Granada en 1812, con la pretensión de conseguir del Precursor de nuestra Independencia, hombres y recursos para volver a emprender su lucha por la liberación de la segunda república de Venezuela. La nobleza de Nariño, acogió a Bolívar y lo apoyó en su empresa libertaria.

Según esto, la tarea pendiente para una metodología de la guerra emancipadora, ya estaba en la mente de estos dos Fundadores de la Patria, era, en cierto modo, integrar a la causa independentista venezolana a soldados neogranadinos. Bolívar lo hizo con rigor metodológico de la guerra, fue un logro para alcanzar, por ejemplo, sus triunfos en la franja oriental del río Magdalena (Campaña del Bajo Magdalena y proseguir con la famosa Campaña Admirable de 1813). En otras palabras, lo que el destino libertario unió a Nariño y Bolívar, fue la exigencia de “unidad, unidad y unidad”, tanto en lo teórico como en lo práctico. La naturaleza de esta conexión de ideales emancipadores, quedará plasmada ya para 1819, cuando Bolívar proclama la instauración de la nueva República de Venezuela en Angostura. Ya Nariño, habiendo regresado a América por el Caribe y Venezuela en 1821, Bolívar lo invita a que instale el Congreso de Villa del Rosario de Cúcuta, donde Bolívar lo escoge como Vicepresidente de la Gran Colombia, en contra de la voluntad marrullera de Santander.

El acercamiento de ideales, de estos dos grandes personajes de nuestra historia, desembocó en la concepción de una sola patria, la Gran Colombia, que en términos realistas, la tarea era construir este proceso, en una tentativa por lograr una comprensión libertaria de lo queríamos y seríamos como estados independientes. Esta construcción, como Estado central, iniciado por Nariño (defensor del centralismo), tenía que servir como marco de referencia para una crítica del conocimiento de nuestra realidad, por ejemplo, en la hechura de las leyes, para no “hacer leyes áreas”, como sentenciaba Bolívar, que eran del gusto de Santander, en tanto no consultaban nuestras realidades, se consultaban otras realidades, como la de los Estados Unidos del Norte. Tanto Nariño como Bolívar fueron críticos contumaces frente a las inconsistencias del sistema federal para nuestros pueblos.

Aunque en el encuentro de ideales y propósitos, ya pueden columbrarse los rasgos generales de la concepción de la Gran Colombia, como un Estado central fuerte, los detalles quedaron decididamente diáfanos en el Discurso de Angostura de 1819, lo que resultaba triunfante. En tal sentido, nuestro principal objetivo es ofrecer nuestra visión integral de este carácter empático por este tipo de Estado, que para la época, era más que necesario. A la luz de la discusión que hemos venido dando en este año del BI, sometiendo nuestros puntos de vista acerca de la Filosofía Libertaria de Bolívar, es sorprendente el grado de respeto y admiración que estos dos prohombres se tenían, apelando a la comunidad de esfuerzos militares por la independencia para conformar lo que sería ese gran Estado; pues, no cabe duda de que estos ideales conformaron la empresa filosófica y geopolítica más importante de ese entonces. Ello, resulta aún más sorprendente sí se considera que en este encuentro de ideales de Nariño y Bolívar, se expresa ya un acuerdo básico acerca de la demanda de esta conformación.

Esta aceptación de ideales es precisamente una indicación de que Bolívar, vio en Nariño, a un hombre probo, inteligente, un gran patriota y un defensor de las libertades: esta filosofía de esfuerzos quedó figurada por su capacidad para apoyar la reconquista de Venezuela y, luego desde ella, liberar a la Nueva Granada y todo el sur del continente. Se trata de una visión integradora de esfuerzos neogranadinos y venezolanos en la búsqueda del sentido emancipador: hay una meta en ambos: no, no, es un asunto de hipótesis, sino de proyección práctica. Se trata de un sentido, que ellos, como conocedores de las condiciones objetivas de esta vasta empresa, buscan darle con voluntad y conciencia la gratitud libertaria a los habitantes de este extenso territorio, que sería la Gran Colombia. Este ideario proyectado, viene a conferir sentido al pasado-presente y futuro comunes, que no es un mero asunto de contemplación, sino de necesidad histórica. Unir esfuerzos territoriales, en la medida en que se fortalezca el futuro compartido. Pero, la razón práctica de sus ideales funda el sentido de la historia común de las antiguas colonias españolas, luego libertadas por Bolívar: es la razón situacionalmente ligada a la decisiva tarea de conformar la Gran Colombia.

Por consiguiente, Bolívar encuentra en Nariño muchos de los correctivos que él sentenciará en 1812 en su “Manifiesto de Cartagena”, que eran los excesos de los políticos y militares venezolanos en la conformación de la Primera República. Bolívar en su deseo de conectarse a sí mismo con los ideales de Nariño, siempre lo exaltó con los honores que aún sigue mereciendo este gran venido. Nariño, como Sucre, proporcionarían a la causa independentista una garantía de ideales compartidos y comprometidos, sin deseos parroquianos de la “patriecita”, como los de Páez, Santander, Flórez y Gamarra, en cuanto no dimensionaban la importancia del ideal de Bolívar de construir una gran Nación: Nuestra América. Por todo lo anterior, nuestro héroe nacional es Don Antonio Nariño.

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