Cómo elegir candidatos sin corrupción

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Es fundamental retomar la teoría de la elección social, la cual se encarga de analizar los procesos colectivos de la toma de decisiones y los métodos para evaluar los resultados de estos procesos. Desde nuestra perspectiva los fines y los medios deben mantener una coherencia y una relación ética, como un imperativo categórico, al tratar de proponernos unas metas orientadas a la búsqueda de la participación del ciudadano como un acto de soberanía social y política. Al formular la pregunta ¿cómo elegir candidatos sin corrupción?, no deja de ser un ajedrez político que denota que cualquier movida de las fichas debe tener un manejo estratégico, cuidadoso y mesurado, si pretendemos ganar la partida valiéndonos de métodos justos y de acciones legales que satisfagan a todos los participantes y espectadores de esta contienda deportiva-electoral que se avecina el próximo 27 de octubre con las elecciones de candidatos a cargos uninominales y colegiados.

Nos asalta la inquietud, a manera de interrogantes, ¿los políticos en sus aspiraciones sentidas pueden exponer principios éticos sin tener que creer en ellos?, o ¿pueden defender su posición ética creyendo que estos principios efectivamente funcionan? Creemos que no, porque de ser así estaríamos esperando de ellos su posición falsa y que su acción sea meramente simbólica, como suele suceder en este ejercicio electoral repetitivo donde las aspiraciones de los mismos no son más que la conjugación de la búsqueda del voto con la oferta del dinero. Creo que no existe una regla para ejercitar el sufragio, pero si existen unos criterios del elector y del candidato para determinar cuáles son las preferencias al tiempo de decidir a quien elegir.

Al ejercer nuestra soberanía ciudadana nos corresponde indagar o investigar quiénes son los aliados políticos que promueven y soportan la candidatura de cada aspirante a cargos de elección popular y qué tipo de relaciones tienen a su vez; dado que, en este accionar confluyen intereses de diversas magnitudes y alcances, que al final determinan la conducta y la actuación pública del sujeto una vez elegido. Lo que permitiría inferir a quién responderá en últimas ¿a sus promotores políticos particulares o a la colectividad que en la formalidad reivindica representar? Es un común denominador que en época electoral surjan los apostadores o mal denominados inversionistas, quienes dicen ver con buenos ojos a determinado candidato; pero que, en el fondo, su mirada circula a la adjudicación de jugosos contratos. De ahí que, es necesario que los electores conozcan diáfanamente quiénes son los financiadores de determinado candidato aspirante a la alcaldía y gobernación y qué tipo de negocios tienen en la actualidad con los entes territoriales objetos de la elección. El ciudadano que dice ejercer su soberanía al momento de sufragar ¿lo hace en su concepción social como reivindicación colectiva o su voto termina favoreciendo a un candidato que engrosa sus arcas y las pone al servicio de sus patrocinadores?

El ciudadano elector tiene el compromiso ético y de responsabilidad política de estar informado al decidir su voto sobre las características personales y profesionales del candidato de su predilección: Su formación académica como garantía humanizante del ejercicio profesional del cargo, lo que daría confianza a la ciudadanía sobre la capacidad del mismo. En esta línea de análisis sobre el proceso de elección política de los candidatos, somos conscientes de los problemas formales en el contexto que demandan las preferencias sociales, lo cual nos aboca a seguir teniendo en cuenta, también, los rasgos personales que demuestren transparencia y sensibilidad social del candidato en su práctica cotidiana por fuera de las coyunturas electorales, y que éste no esté enlodado en situaciones ilegales de ninguna naturaleza que se constituyan en un mal ejemplo para la sociedad; por eso, es de trascendental importancia, el conocimiento amplio y público sobre los negocios y finanzas no solo personales sino familiares del candidato respectivo, sus fuentes de origen. Entonces, ¿cómo entender que las elecciones, que son sociales, dependen de la elección individual de las oscuras finanzas para elegir determinado candidato?

Los candidatos a las corporaciones deben manejar un mínimo de propuestas, dado que, si son extensivas en las mismas, según el adagio popular que dice: “vota por el candidato que menos prometa, así quedarás menos defraudado”. No obstante, los Programas de Gobierno deben caracterizarse por contener los problemas y soluciones a las necesidades más sentidas por las comunidades. Por tanto, los ciudadanos antes de votar deben adentrarse en el conocimiento factible de las propuestas y evaluar que tan realistas pueden ser con el fin de no sentir que le han asaltado su voluntad política. La participación democrática del elector apunta a la mejor elección posible siguiendo el precepto de escoger los mejores medios para llegar a los mejores fines, siempre preservando la nobleza de los medios. Repensemos a Barranquilla y al Atlántico.

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