El eterno problema de la salud y las EPS

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Las permanentes denuncias formuladas a LA LIBERTAD por miles de usuarios de las EPS en Barranquilla, confirman la necesidad de seguir debatiendo a profundidad el delicado tema de la salud.
Como complemento de esto, las agudas crisis deficitarias que arrastran muchos hospitales públicos se reflejan en la desatención de miles de pacientes, lo que deja al descubierto este grave problema y las dificultades que de toda índole impiden que se desarrollen procesos para alcanzar mejor desempeño de estas empresas, por el bien de salud de los más pobres.
La comercialización del sector de la salud a partir de las reformas impuestas por la Ley 100 de 1993 condujo a la prestación de un servicio regido especialmente por intereses económicos, lo que contribuyó a que la corrupción se enquistara con graves efectos para toda la población.
Para nadie es un secreto encontrar hospitales sin material logístico, mientras que los pacientes y usuarios siguen padeciendo por no tener una atención digna para cualquier ser humano, debido a que muchas EPS no les cancelan las deudas que mantienen con estos centros asistenciales, un ejemplo de esto es la caótica situación que viene padeciendo el Cari de alta complejidad de Barranquilla.
Quizá sea repetitiva esta denuncia y al igual que en épocas anteriores poco se conozca de las investigaciones y sus resultados, pero lo esencial es que se afronte con autoridad lo que está pasando al interior de este sector, en donde mucho se dice invertir y poca eficiencia se observa.
Resulta muy diciente que las millonarias partidas que se anuncian, muchas veces no llegan a su destino, mientras varios hospitales y centros de salud se encuentran al borde de la liquidación por falta de recursos, al tiempo que muchos bajo el esquema de la corrupción se enriquecen a costa del erario, amparados en la impunidad y la influencia politiquera.
Al parecer, todas las partes tienen razones para justificar sus falencias, pero muy pocos aceptan que no han hecho lo suficiente para que el modelo, que se ve tan bien en el papel, se traduzca en una población satisfecha con los servicios que recibe.
Ahí precisamente está el meollo del asunto, porque mientras el Gobierno, EPS y usuarios no jalen para el mismo lado, los jueces –a través de sus fallos de tutela– y no los médicos, serán quienes sigan decidiendo si una vida está en riesgo o no.
Escuchar quejas del mal servicio de algunas EPS no es nada nuevo en Barranquilla, por lo que clamamos desde este espacio editorial, para que muy pronto quede atrás el equivocado criterio de la prestación de un servicio público en el que el paciente es casi un mendigo.
En LA LIBERTAD hacemos eco de las innumerables quejas de los usuarios y un llamado al Ministerio de Salud y la Superintendencia de Salud para que ejerzan mayor control a todas estas entidades, ya que hay muchos aspectos que deben ser revisados urgentemente.
En nuestra sala de redacción es permanente la recepción de quejas de lectores molestos porque en su EPS no les atienden las llamadas telefónicas solicitando citas para una consulta médica.
Otra queja frecuente se relaciona con el suministro de los medicamentos ya que para estas entidades el ibuprofeno, el dolex y el acetominofén, se han constituido en las drogas mágicas, ya que según los usuarios que a diario se comunican con LA LIBERTAD son formulados para todas las enfermedades.

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