La ciudad soñada

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Esta ciudad que vio nacer todo lo que se denominaba civilización en nuestro país, cuna de los adelantos y servicios que la ubicaban a la vanguardia de la época – tenía todos los atributos para llegar a ser el pueblo, si no más avanzado, por lo menos el de mejor manejo y administración, situación que tendría a cada uno de sus habitantes en mejores condiciones sociales. La Arenosa, que así la llamaban antaño, por las calles donde abundaba el valioso mineral; hoy tiene un parecido a la famosa ciudad de Dubái, sus calles y carreras mantienen impecables forros de concreto, los parques pululan por doquier y sus inmensos arroyos, los que otrora eran un problema de infraestructura bárbaro para los barranquilleros, se volvieron cosa del pasado corriendo raudos subterráneamente luego de aparecer por el acopio pluvial. Sin embargo, sus gentes tienen la peor de las situaciones sociales y económicas. En los barrios del sur occidente continúan creciendo los cinturones de miseria. La creciente ola de inseguridad, consecuencia de la pobreza y falta de oportunidad de sus jóvenes, del sesenta y cinco por ciento de informalidad y un galopante desempleo, además de la falta de vías que decanten la movilidad ciudadana, dejan a Barranquilla lista para ser una de las ciudades menos competitivas. Pero también en sus servicios públicos la situación no es mejor. La depredada Electricaribe – mantiene exacerbados a los barranquilleros por sus pésimos servicios energéticos, y Triple AAA continúa dando muestras de que a su interior llegó la mano ladrona de la corrupción vil que irrumpe donde hay dineros públicos en cada rincón del país.

En cuanto a la educación, seguimos con bajos índices de rendimiento en las pruebas saber Icfes, y la Universidad del Atlántico continúa sin poder dar mayor cobertura dejando por fuera a más de veinte mil estudiantes cada año. Los demás – deben engrosar las filas de desempleados, mototaxistas, vendedores ambulantes, en el mejor de los casos, cuando no, la prostitución, las bandas criminales y las drogas terminan de modelar el horizonte de sus vidas, para seguir erosionando y degradando la familia y Sociedad barranquillera.

Los defensores de la infraestructura siguen empecinados en que la ciudad está conformada por la mole de concreto y de que eso es lo que importa. Las personas: los niños y jóvenes, nuestras mujeres y hombres poco importan; el ser humano no es el objetivo, su bienestar y desarrollo integral, su formación para ser competente y aportar al crecimiento de la ciudad tampoco lo es. El Estado Distrito, invierte para la ciudad de unos cuantos sin que el resto de conciudadanos tengan participación en la inversión, sin que puedan siquiera untarse un poquito de los beneficios que una Dubái colombiana pudiera ofrecer con su imponente infraestructura.

La Somalia que se asoma en cada rincón, en cada esquina del sur occidente y sur oriente de Barranquilla – es cosa de poca monta para quienes gobiernan la ciudad con visión fenicia. Lo que para ellos merece realmente atención está en ofrecer beneficios a los dueños del poder económico, contribuir a que sus inversiones crezcan siendo gobierno y dueños de lo privado.

La ciudad soñada para los ciudadanos no es cosa que trasnoche a quienes detentan el poder de hoy. La ciudad soñada para los ciudadanos, debe ser tarea construida por los ciudadanos, esos mismos que en miles padecen el hambre y la fatiga, la exclusión de sus hijos y vecinos de la oportunidad negada por falta de políticas de Estado que conduzcan hacia estadios de satisfacción social, que sean productoras de rentabilidad social.
Un próximo gobernante en Barranquilla – debe pensar primero en la gente. Lo que este pueblo requiere para su desarrollo integral, no puede ser visto como algo de poca monta, porque la nueva gerencia pública determine que toda inversión debe producir dividendos tangibles o sostenibles como llaman hoy.

Basta con que se tracen y pongan en práctica programas para mejorar la calidad en la educación que reciben los niños y jóvenes barranquilleros. La ciudad soñada debe inundarse de bibliotecas y no de falsos clubes culturales autodenominados patrimonios culturales, cuando realmente son oráculos donde se adora y consulta a los dioses de hoy: los narcóticos y el alcohol, negocios rentabilísimos que no tienen objetivo diferente a degradar el ser humano.

Una ciudad de ensueño tiene que entregar alternativas que ofrezca a quienes viven en ella – la posibilidad de acceder a un empleo, o por lo menos de ocuparse productivamente.
Las TIC son hoy un vehículo de avance permanente, su acceso es importante, especialmente en el ámbito educativo. Entonces estamos seguros de que el déficit permanente en cobertura y calidad de la educación superior en Barranquilla y el departamento del Atlántico, debe suplirse con la creación de la Universidad Virtual Distrital de Barranquilla. En tiempos donde todo fluye a la velocidad de la luz, entre otras cosas la información, los Estados pudieran hacer uso de la tecnología para ponerse a la vanguardia de los tiempos. Ya en Antioquia crearon la Universidad Virtual de Antioquia ¿por qué Barranquilla no pudiera hacer lo mismo? Por las razones que adelantamos al comienzo de esta columna: la visión de mundo y de Estado que subyace en los defensores y apólogos del neoliberalismo y consumismo depredador de lo humano; donde la persona humana tiene la etiqueta de mercancía.

Creemos que en los sueños hay un buen comienzo para iniciar el cambio deseado. Una ciudad más amable, es una ciudad que se moviliza sin contratiempos con nuevas vías, pero de igual forma, con reguladores de la movilidad preventivos, no extorsionistas con licencia para la concusión. El negocio de las foto multas, entregados a terceros privados no garantizan transparencia en el control de las infracciones de tránsito, y por el contrario, y está demostrado, es violatorio del derecho a la defensa de los infractores.
La ciudad que soñamos no puede desconocer a las gentes, no puede ni debe ser excluyente, no puede atacar a vendedores ambulantes y estacionarios yéndose en contravía de lo que la corte suprema de justicia ya ha sentenciado sobre ese particular, pero lo peor no puede desconocer a esos mototaxistas, motocarristas, bicitaxistas, que hacen parte de la Somalia que creó el desempleo galopante y la exclusión de las oportunidades en educación de calidad y empleo. La salud no puede ser entregada a particulares en concesión, este servicio tiene que ser prestado por el Estado Distrito no puede haber una Dubái de un lado y una Somalia que lo padece todo, excluida de las más primarias posibilidades de dignidad y sin ninguna probabilidad de redención alguna.
En el caso particular nuestro, no queremos a un tecnócrata cuya visión reduccionista de Estado, esté enmarcada en las frías cifras cuyo único objetivo es mostrar lo que se invirtió y cuánto se ha ganado, cuál ha sido el dividendo. Queremos a una persona con visión de estadista, sí de estadista, capaz de entender que la política debe buscar y encontrar soluciones a los problemas de la sociedad humana, y que el Estado es un vehículo hecho y dispuesto para crear, construir y poner en marcha las soluciones a que haya lugar en el propósito último de dar satisfacción total, plena, a las necesidades de la mayoría de los que requieran de esas soluciones. No es lo privado lo que solucionará, es el Estado y sólo el Estado. Aunque esto suene rancio y políticamente incorrecto, es el Estado. Lo particular tendrá su encanto para quienes seguramente tienen objetivos totalmente opuestos a los intereses generales. Precisamente, de eso se trata, estamos invitándolos a quebrar las estructuras de este estado de cosas, a acabar con el establecimiento, y empezar a construir una nueva sociedad, un nuevo Estado, con total liberalidad, pero teniendo como norte salvaguardar los intereses de la mayoría, especialmente, la mayoría excluida y obligada a vivir una vida de indignidades y mezquindades.

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