Por la reivindicación del liberalismo

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Quienes se dedican al estudio de la sociología política se han encontrado con una tarea realmente ardua, por una simple razón: desde el momento que en Colombia la ideología de los partidos políticos tradicionales hizo crisis, un número considerable de sus militantes se dedicó no a luchar para reivindicar las ideas de sus colectividades, ni a edificar una nueva concepción de la sociedad, de la economía y del Estado, sino para aliarse con los sectores menos representativos de esta, como acontece con el otrora glorioso partido Liberal.
Por esto consideramos que ha llegado el momento de la autocrítica liberal, para saber hacia dónde va este partido, utilizando esas dos armas de lucha propias de su escudo, el libre examen y la libre crítica, es hora de poner la cara a ese monstruo de varias cabezas que representó el surgimiento de otros partidos como la U, Cambio Radical, Colombia Viva, Alas Equipo Colombia y otros más, todos salidos del partido Liberal, conformados por quienes convirtieron a sus copartidarios en enemigos y a sus amigos en adversarios, tal como sucede en el departamento del Atlántico.
Haciendo la distancia cada vez más grande entre la opinión y el electorado, llevando al partido a competir más por los puestos en la burocracia y la participación en los grandes contratos, que en las posiciones en la democracia, con unos dirigentes que solo se dedicaron a perseguir el beneficio personal con actos de corrupción incluidos, todo lo cual dio al traste con una larga historia de reivindicaciones populares en favor de esas mayorías sociales que ahora quieren nuevos canales y otras formas de expresión política.
Es urgente que el partido regrese a las universidades, que reasuma la vocería de los sindicatos y cooperativas, para así recrear nuevas formas de organización social y aceptar la realidad inaplazable de permitir nuevamente la participación de las juntas populares permanentes en política, para que su relación con el partido Liberal sea más ideológica y vuelva a lo que antes fue. Para cumplir esa cita que en su época cumplieron Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, José Hiliario López, Olaya Herrera, Alfonso López Michelsen, Julio César Turbay y otros tantos, rompiendo cuando era necesario con el orden establecido, con tal de conseguir el bienestar de las clases más necesitadas.
El partido Liberal tiene que renovar sus mensajes, dejar a un lado las rencillas regionales y el beneficio personal, poniendo en práctica las tesis que en sus años de esplendor lo convirtieron en el partido del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Pero también es tiempo que se ensayen otras recetas que lo sintonicen con las nuevas realidades como la del sector informal, cantera de los desvalidos contemporáneos a quienes el liberalismo no ha dirigido sus esfuerzos de representación a pesar de constituir ellos más del 60 por ciento de la población actualmente ocupada.
Abrir un frente de respuestas a una sociedad integrada fundamentalmente por una juventud que es blanco de problemas como el desempleo, la inseguridad y el narcotráfico, para demostrar que el cambio generacional no es cuestión de pañitos tibios y de frascos con etiquetas bonitas, sino de nuevos y audaces jarabes para curar las dolencias que aquejan al pueblo colombiano. Con estas reflexiones: la conciencia de un partido unido, la conciencia social que nos sintonice con las nuevas realidades de la lucha política y la conciencia generacional que nos ayude a diseñar propuestas audaces, iniciemos el tránsito hacia el reencuentro con esas virtudes que inspiran el credo liberal y la libertad que conseguiremos a través de la igualdad y la fraternidad.

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