Calificación no es lo importante

8353

La evaluación es una de las herramientas educativas más poderosas para promover el aprendizaje efectivo, pero debe usarse de manera adecuada. No hay evidencia de que aumentar la cantidad de pruebas lo reforzará; en lugar de ello, el foco debe estar en ayudar a que los profesores usen la evaluación como parte de la enseñanza y del aprendizaje, de tal modo que aumente los logros de los estudiantes. Aunque entiendo que la educación, ha funcionado durante mucho tiempo, con base en las calificaciones o también llamadas notas como método de evaluación, no estoy convencido, ni como docente que soy y estudiante que fui, de que realmente estas apoyen los procesos educativos o que reflejen la verdadera capacidad de cada educando. Manejada como incentivo de promoción o reprobación, la calificación numérica sí puede ser una motivación para un mayor esfuerzo de los estudiantes, pero, ¿a qué costo?
No podemos seguir supeditando la inteligencia de nuestros estudiantes, solo en la medida en que un número, frio y decadente, sea lo único que amerite o desmerite, la voluntad de un estudiante por aprender. La buena educación debe asegurar que la nota sea menos importante que el aprendizaje, el crecimiento a largo plazo, y la autoevaluación por parte de los mismos estudiantes. Hay una diferencia grande entre una evaluación cualitativa, que nos ayude a crecer, y una calificación que cuantifica la calidad del trabajo. Debería hacerse una distinción clara entre la evaluación del aprendizaje para propósitos de calificaciones y reportes, la cual tiene sus propios y bien establecidos procedimientos, y la evaluación para el aprendizaje, que requiere prioridades diferentes, nuevos procedimientos y un nuevo compromiso. Aquella que se diseña explícitamente para promover el aprendizaje es la más poderosa herramienta que tenemos para, a un mismo tiempo, subir los estándares y empoderar aprendices a lo largo de la vida.
Muchos estudios han encontrado lo mismo: cuando los estudiantes y familias están demasiado enfocados en la nota como única meta en el estudio, se concentran mucho menos en el aprendizaje y hasta se destacan menos al final del período o semestre. Una evaluación cualitativa, formativa y constante, que incluye la autoevaluación, motiva mucho más el crecimiento a largo plazo que los exámenes y capta mucho más la evolución del estudiante como persona. Lo ideal es que la motivación para educarse sea intrínseca, no extrínseca, como las notas, que además suelen causar presión y estrés a muchos estudiantes. He conocido demasiados niños de 7 años con úlceras por tratar de ganar las notas que los padres o docentes esperan. Cuando es el fin de la educación, la calificación se convierte en la galleta para el perro y los estudiantes en los perros que tienen que brincar para ganarlas.
Obviamente, y mal que nos parezca a los que nos resistimos a evaluar, el sistema educacional colombiano todavía funciona por medio de calificaciones y las escuelas que las quiten por completo, van a tener que trabajar duro para no perjudicar a sus estudiantes cuando busquen universidades. Pero estoy seguro de que importan mucho más la autorreflexión, la evaluación entre compañeros y la evaluación narrativa del docente que un par de números alejados del contexto estudiantil. Eso no quiere decir que la evaluación no sea importante, pues siempre estará presente, incluso en la vida personal y profesional, pero hay que buscar otras maneras de medir el conocimiento y la capacidad intelectual de los niños y jóvenes. La nota en sí es solamente una manera de evaluación entre muchas, y creo que hay que complementarla con evaluaciones más auténticas y subjetivas que capten mejor un ser humano en crecimiento y formación.
Nunca olvidaré, las palabras de mi sabio maestro Reynaldo Mora Mora, educador experto, conocedor del derecho colombiano y columnista de este importante Diario, cuando nos decía en sus clases, que sabiendo cuando un estudiante está aprendiendo, no es necesario evaluarlo. El profesor Mora repetía, incansables veces, que evaluar es mucho más que colocar una simple nota al final del semestre. Para mi maestro es mucho más perentorio la conexión, química o atracción, como quieran llamarlo, que el estudiante desarrolla durante todo el curso con los temas que se trabajan. La evaluación de nuestro profesor es holística, integral, porque abarca dimensiones que la evaluación tradicional deja de lado. Tanta es su generosidad, que siempre deja a nuestra discreción, la nota final de cada periodo, asumiendo el maestro que cada uno de sus estudiantes, realiza sus actividades y que responde asertivamente a la hoja de ruta de la asignatura (Mora, R. El Nuevo Orden Jurídico Educativo. Libro en prensa, Barranquilla, 2019).
La evaluación debe ser un poderoso instrumento para el aprendizaje, no tan sólo una solución política para los problemas percibidos sobre los estándares y la rendición de cuentas. Si realmente se va a utilizar para ayudar al aprendizaje, las respectivas iniciativas han hecho poco en cuanto a la necesidad de cambiar la práctica. Esto no es negar que los maestros precisen respaldo con su trabajo de calificaciones, pero aquí la preocupación es argumentar que se necesita ayuda de índole diferente a fin de fomentar la evaluación para el aprendizaje, y que es a esa clase de ayuda a la que no se le ha dado suficiente atención.
[email protected]

Comentarios