Y así va la paz…

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El proceso de paz en Colombia ha marchado como la guerra misma y que por más de 50 años nos ha estigmatizado a los colombianos. Entre diálogos, desarmes, treguas y acuerdos, cada uno con periodos entre cortos y largos que han coincidido ahora con un acuerdo macro, el que todavía falta mucho por desarrollar.
Así ha sido nuestra Historia como nación y Estado Social de Derecho y el tratar de encontrarle una salida rauda a la situación actual en que nos encontramos no va a resultar nada fácil. Los hechos acaecidos al interior de la política y la justicia, como los casos de ‘Márquez’, ‘Santrich’ y compañía; aunado a los pocos avances jurídicos de la JEP, nos muestran que a pesar del querer nacional de estabilizar la pacificación, otros son los hilos que mueven el proceso.
Las decisiones adoptadas por el grupo de exjefes de las Farc, de apartarse del proceso de paz y retornar a las armas, puede ser interpretado de varias formas y cada podrá adherirse o rechazarlo con sus argumentos, pero lo que ha de resultar innegable es que tal acontecimiento obstaculiza nuevamente el camino del acuerdo logrado en La Habana. Los efectos sobre la población civil han sido de alta preocupación y con reflejo inmediato en la movilización de las tropas militares, con toda su logística.
A una semana de esa decisión, corresponde al Gobierno no solo determinar los alcances y elevar las medidas preventivas, sino de igual forma acelerar la implementación del acuerdo, entendiendo esto como el paso más significativo y contundente para garantizar a los colombianos de que sí se quiere cumplir con su anhelo y voluntad.
Para corroborar esa petición basta con escuchar y leer a quienes más han padecido los horrores de la guerra fratricida. Allí están las víctimas del conflicto armado: los campesinos, las viudas, los huérfanos, los soldados heridos, los exguerrilleros hoy reincorporados a la vida civil, por ellos y el país que merece otra oportunidad, lo mejor es continuar adelante con el proceso de paz iniciado, respetar lo acordado y firmado, no retroceder al pasado de fuego y sangre.
El camino sigue siendo duro y difícil de transitar para la paz nacional; de antemano se sabía que habría obstáculos e imprevistos, pero de igual forma es férrea la voluntad de lo que todos sabemos que necesita Colombia para salir adelante: el compromiso del Gobierno, la decisión absoluta de la sociedad y el respaldo mayoritario de la comunidad internacional. Bajo estas premisas debemos continuar avanzando en la implementación del acuerdo, pero con más agilidad, para blindar con seguridad y paz la institucionalidad del país.
La experiencia de procesos anteriores, de desmovilizaciones, de despejes, de conversaciones y diálogos, deben ceder paso a la realidad que nos brinda el Acuerdo de Paz reconocido internacionalmente y sobre el cual está solo el compromiso de implementarlo, para poder construir la Colombia que todos queremos.

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