Crónicas de un rearme anunciado

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Una máxima de la vida nos enseña que lo que mal empieza, mal termina y es la frase que podemos aplicar al rearme anunciado por parte de un sector de militantes y miembros de las FARC. Es lamentable tal situación, pero era de esperarse al mismo tiempo. Los reclamos por los incumplimientos de los acuerdos, el abandono a los reinsertados, así como las muertes selectivas de cada uno de ellos, hacen predecible que tal situación se presente.
Desde un principio, se establecieron alcances demasiado ambiciosos a los acuerdos de La Habana. Nos referimos más exactamente a la discusión sobre, si debía hablarse de posconflicto o si la palabra técnica y correcta era pos acuerdo. Pretender darle estatus y alcance de posconflicto al acuerdo que puso fin al conflicto interno con este grupo subversivo, es casi que afirmar que el problema de la paz en Colombia obedecía única y exclusivamente a este grupo armado al margen de la ley.
No significa que le restemos importancia a los acuerdos, solo que debemos delimitarlo y circunscribirlos de tal forma que nos permita identificar lo que realmente se está presentando. Es decir, con el acuerdo de La habana se dio un paso firme e importante hacia la consecución de la paz, no obstante, otras “aristas” hacen falta por tratar para que podamos hablar de un verdadero posconflicto.
En ese orden de ideas, se explica el ¿por qué? La comunidad nacional e internacional afirma que Colombia vuelve a la guerra, como si esta hubiese sido asunto superado, siendo que apenas habíamos dado un paso, importante si, pero un paso al fin, porque la realidad nos enseña que aun falta terreno y camino por recorrer.
¿Qué es el posconflicto? Lo anterior por cuanto existe una enorme dificultad conceptual para definirlo, pero si existen aproximaciones al mismo tales como “El periodo de tiempo en el cual las hostilidades del pasado se han reducido al nivel necesario para que las actividades de reintegración y rehabilitación se puedan iniciar”. Según esta definición podemos identificar elementos característicos tales como: periodo de tiempo posterior al conflicto, cese o reducción ostensible de hostilidades, así como el inicio de actividades de reintegración, rehabilitación y reparación de los daños causados.
Es decir, hablar de posconflicto supone la idea de terminación todas aquellas acciones propias de la guerra y el inicio de la práctica de una serie de actividades distintas por parte de los actores del conflicto, actividades que por excelencia buscarán adoptar medidas para la normalización de las relaciones.
Una de esas medidas para normalizar las relaciones es el cumplimiento serio de los compromisos adquiridos y cesar con todas aquellas acciones que entorpezcan el normal desarrollo de dichas relaciones. El rearme se presenta por un tema de incumplimientos. El Estado se comprometió a unos asuntos a los que no ha cumplido, incurriendo en las mismas circunstancias que dieron origen al conflicto.
Con lo anterior no pretendemos justificar lo injustificable. Desde todo punto de vista es reprochable el retorno a las armas por parte de estos ex reinsertados, sobre todo si partimos la base de que también asumieron compromisos y uno de ellos es el de no volver a delinquir.
Queda claro con esto, que es más fácil hacer la guerra que hacer la paz. No hay nada más frágil para un Estado que la paz y esta debe ser cuidada y mantenida como el derecho fundamental que es, pero también con la categoría de deber que tiene. Una de las cosas que deben ser entendidas y aclaradas es, que lo que se firmó fue un acuerdo entre dos sectores que negociaron unas condiciones, no un documento unilateral impuesto por un vencedor sobre un vencido. Las FARC no se sentaron a negociar sobre la base de su rendición, sino sobre la base de la igualdad de armas de quienes han combatido al Estado por más de 40 años.
En conclusión, los polarizadores del país están contentos, la población está asustada y la comunidad internacional está alarmada y mirando con desconfianza hacia nosotros, pero lo más triste es que ahora sí aparece el dinero para ofrecer millonarias y jugosas recompensas contra los que anunciaron el rearme, pero para otras necesidades no hay dinero. Se reactivan las operaciones militares para dar de baja a estos señores y por parte de los rearmados, se reinicia la práctica de reclutamiento de menores, de actividades ilegales como el narcotráfico, entre otras, todo porque no tuvimos la entereza y el carácter de mantener nuestra palabra ante los compromisos adquiridos, ignorando que la paz es una obligación del Estado y no un deber del partido de turno.

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