Colombia nuevamente en guerra

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El sensacionalismo amarillista se acrecentó aun más en los medios de comunicación atemorizando al pueblo colombiano con las imágenes y declaraciones del grupo disidente de la Farc, retando al Estado. Las reacciones fueron inmediatas y el presidente Duque los calificó de asesinos, criminales, bandidos, narcoguerrilleros y todos los epítetos degradantes del diccionario. El jefe del grupo alias ‘Iván Márquez’ alegó que decidieron regresar a la clandestinidad por falta de garantías y la constante persecución del embajador de Estados Unidos y la posición amenazante del gobierno y su bancada de hacer trizas los acuerdos de paz.
Ministros, gobernadores, gremios y empresarios exigieron a las fuerzas armadas que combatieran militarmente a los nuevos grupos subversivos hasta acabarlos. Ninguno de los entrevistados, con excepción del gobernador Eduardo Verano de la Rosa, habló de diálogo. Verano comentó que estos impases son normales cuando se pretende alcanzar la paz duradera y deben superarse, la experiencia así lo registra. Echarle más leña al fuego no debe ser la actitud de quienes gobiernan el país, la mayoría de los entrevistados recomendaron acudir a las armas ignorando que la palabra sustentada con honestidad tiene más fuerza que el plomo. La proclama leída por Márquez debe ser analizada por funcionarios sesudos amantes de la paz, evitar que asesores envenenados por la guerra intervengan en los análisis y dejar a un lado el belicismo enfermizo de algunos miembros de la bancada de gobierno. Sin caer en la apología, ciertos reclamos tienen fundamentos y el gobierno debe reconocer que existen fallas en la implementación del proceso. Los asesinatos selectivos de líderes y exmiembros de la guerrilla, la posición beligerante de los partidos de derecha, la constante intervención del embajador de los Estados Unidos en temas estrictamente nacionales son reclamos que exigen solución. Uno de los siete libros más leídos en el mundo según la revista Dinero es ‘Choque de civilizaciones’ de Samuel Huntington, el autor realizó una minuciosa investigación sociológica de los conflictos más violentos y sangrientos que se presentaron durante las últimas décadas. Analizó caso por caso las causas que generaron los conflictos y cómo fueron solucionados, examinó las costumbres, culturas, razas, credo religioso, sistema de gobierno y todos los componentes de cada país. Las conclusiones de la investigación fue que el diálogo, la palabra y el verbo son los instrumentos más funcionales y expeditos para superar el fenómeno social, por las declaraciones del doctor Verano podemos afirmar que se leyó el libro. Reseñaremos algunos ejemplos.
Las llamadas Guerras Línea de Fractura GLF se presentan en el mismo país y participan grupos de familias, parientes, amigos enfrentados entre sí por problemas étnicos, credos religiosos e ideológicos y territorios. Naciones como Malasia, India, China, Kosovo, Cisjordania, registraron asesinatos, desplazamientos, genocidios, todo fue superado por el diálogo. En Sudán, el conflicto se inició en 1952 y acordaron cese al fuego en el 83, renovaron los enfrentamientos en varias ocasiones y en 2009 firmaron la paz definitiva. En Sri Lanka se inició en 1983 y acordaron cese de hostilidades en el 93 y los diálogos continúan después de tres décadas. Todas estas guerras han dejado miles de muertos en ambos bandos, economías empobrecidas y quebradas. Los violentólogos consideran que los enfrentamientos por dogmas religiosos y étnica son más difíciles de solucionar por varias razones, pero la palabra y el diálogo razonable es el antídoto.
Evaluar las causas de los conflictos que se presentan en las distintas civilizaciones a través de la historia no es tarea fácil, es posible identificar los costos económicos y morales de los enfrentamientos. Reflexionemos por los cientos de miles de vidas inocentes caídas durante las confrontaciones que no serán reparadas jamás y segundo las economías totalmente destrozadas. Consideramos que las declaraciones del expresidente Santos de combatir militarmente al grupo insurgente contradice su distinción como portador del premio Nobel de paz. El excandidato presidencial Gustavo Petro manifestó que Santos, Uribe y Duque tienen responsabilidad que los acuerdos de paz no se cumplan. En la reunión comunal del sábado pasado el presidente Duque en abierta analogía calcó el lenguaje incendiario y gestual del expresidente Uribe en sus constantes intervenciones contra los miembros de la Farc y los acuerdos de paz. Noticias Uno reseñó con imágenes y detalles los dos episodios. ¿Será casualidad o coincidencia?, pregúntenle a Alvarito.

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