La educación representa para las diferentes sociedades, el mayor y más eficaz instrumento de cambio social y económico existente en el mundo. Constituye igualmente el factor que denota la mayor tasa de retorno independiente de la inversión que se realice, y de los criterios que se tenga presente en materia de prioridad del gasto público. Existe una constante social que enfatiza en afirmar “A mayor educación de una población, mayor y mejor crecimiento económico, disminución del concepto de clases sociales, apertura hacia una democracia participativa y un Estado más equitativo e incluyente”. El ideal básico que la educación actual debe conservar y promocionar es la universalidad democrática. Este concepto consiste en acabar con manejos discriminadores, el esfuerzo educativo es siempre rebelión contra el destino, sublevación frente al preestablecimiento.
Los resultados de una encuesta realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) muestran un pequeño grado de movilidad social en el país. Aproximadamente 5% de los colombianos pasó, en una generación, de la parte inferior de la distribución (el 40% más pobre) a la parte superior (el 20% más rico) y un poco más de 15% pasó de la parte intermedia a la superior. La movilidad social es menor a la observada en otros países, como Chile y México, donde se realizaron encuestas similares. Más allá de las comparaciones, la movilidad es insuficiente por decir lo menos. Casi una tercera parte de la población nace pobre y muere pobre. Los otros apenas se mueven. Muy pocos logran ascender decididamente. Y si lo hacen, deben enfrentarse al clasismo, a un catálogo conocido de improperios: lobos, mañés, igualados, provincianos, carangas resucitadas, etc. Paradójicamente, la crítica social en Colombia se ha dedicado más a denigrar de las costumbres de quienes logran ascender socialmente que a denunciar la falta de movilidad social.
Sin duda, no podremos salir del atraso en la Región Caribe y en Colombia, si no eliminamos el analfabetismo y la educación de mala calidad en los distintos niveles. Pero pensar que solo con la educación resolveremos el problema dista mucho de la realidad. El esfuerzo debe ser multicausal: más educación y salud, pero combinado con un esfuerzo productivo exitoso. Sin lo último, a los jóvenes solo les queda el recurso de migrar, y se evaporan las esperanzas para un territorio. En otras palabras, si medimos la movilidad social no tanto por la educación, sino por el ingreso y el empleo, los resultados son menos favorables comparados con otras regiones del país. Ello significa que la educación, aunque ayuda a mejorar los ingresos de las personas, no es suficiente para romper la estratificación social heredada de la familia.
Uno puede encontrar casos individuales de éxito, pero en el promedio de los hogares, la educación no es suficiente para la movilidad social. Es solo un punto de partida. Lo anterior nos obliga a repensar las estrategias de superación de la pobreza en la Región Caribe, pues la educación ayuda a resolver el problema pero por sí sola no es suficiente. Si los jóvenes educados no encuentran empleo y terminan de mototaxistas, estamos generando una frustración inmensa. Una región como el Caribe, que se debate entre la premodernidad y la modernidad en términos institucionales, con un gran peso de la propiedad terrateniente y un sistema político excluyente, clientelista y patrimonialista, poco puede garantizar a los jóvenes preparados oportunidades de empleo productivo y de mejores ingresos.
Es importante superar con la educación, lo que la cuna biológica, racial, familiar, cultural, de clase social, le predestina a ser según la jerarquía de oportunidades establecida por otros. No podemos aceptar supuestamente en una sociedad pluralista y abierta al cambio, que unos nacen para ser educados, y los otros deben contentarse con el desarrollo de actividades para menesterosos. Si bien dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, es de un valor significativo los contenidos, métodos y medios, la razón central del proceso educativo será el despertar la curiosidad, el interés y el gusto por aprender. Educar es crecer igualmente en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender, y en el deseo de saber que la anima, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento.
Desafortunadamente uno de los ingredientes más perversos de la miseria, es la ignorancia, y es fácil universalizar el concepto de que en un Estado los unos nacen para ser educados y otros deben contentarse con el desarrollo de actividades para menesterosos, de ahí que en las sociedades más democráticas e integrales, la educación no es considerada como algo opcional sino una obligación pública que la autoridad debe garantizar y asegurar para toda sociedad en sus diferentes niveles. En América Latina, y muy especialmente en Colombia, la educación es patrimonio de unos pocos privilegiados. Si bien la constitución legitimiza la obligatoriedad de la educación para ciertos niveles la cobertura, calidad y oportunidad que recibe la inmensa mayoría de colombianos, sigue acusando de fragilidad, deterioro y carente de competencias. [email protected]

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