Las disidencias Farc es una voz de alerta para el gobierno

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Los tres mil millones de pesos que ofrece Duque por quien dé información sobre cada uno de los ex Farc que se devolvieron, son los primeros millones que se comprometen para la guerra y la miseria.

En nombre de los que hemos sufrido los horrores de la guerra y por ello nos seguimos desgañitando por la paz, la paz que tanto apuñalan, conmino a los pobres ciegos y sordos que no tienen heridas ni cicatrices y por eso votaron por el No a la paz a que lean esto con detenimiento y responsabilidad. A Iván Márquez y a Santrich, por el primero ya haber sido congresista y el otro un hombre preparado, conocedor de los asuntos coyunturales del país y una piedra en el zapato para los corruptos en ese recinto, les armaron lo que los analistas llaman entrampamiento para extraditarlos. La prueba de ello es que Santrich retó al fiscal que ya conoce el mundo a que mostrara el video completo y nunca lo hizo, pero, gracias a las redes sociales, saltó a la luz pública fehaciente e inalterado y allí, para escalofrío de los que desconocemos los alcances del bajo mundo de los entramados terroríficos, quedó al descubierto el perverso montaje de la DEA haciéndose pasar por narcos dizque del cartel de Sinaloa para incriminar a Santrich y extraditarlo. Hablan de televisores que relacionan minuciosamente con cocaína para poner y quitar palabras y armar frases y ponerlas en boca de Santrich. Tanto es así que, en plena trama, se ve a Santrich moviendo la boca pero no se oye lo que dice. Hay una toma en la que aparece una sola conversación supuestamente seguida en un solo lugar, pero en la misma toma aparece un objeto en una mesa y en la otra no. A Marlon Marín una fiscal le pregunta que si hablaban de drogas o en un lenguaje cifrado, y este, nervioso y escaso para manejar la mentira, responde que de televisores. El padre Hoyos dijo que a Santrich lo iban a asesinar y éste tuvo que irse para el monte junto con Márquez y otros. Uribe dijo que prefería ochenta mil veces a los guerrilleros en el monte y no en el Congreso. Eso en cuanto a la guerra. En cuanto a la paz, acuérdense que el primero que empezó a incumplir los acuerdos de la Habana fue el gobierno, porque cuando llegó el momento del acampamiento de los desmovilizados todavía lo acordado no estaba listo, y fueron los desmovilizados los que, de buena fe y con la uñas, derribaron árboles y medio acondicionaron los campamentos. En los acuerdos el gobierno se comprometió a entregarles tres millones de hectáreas de tierras a campesinos y desmovilizados y titular siete millones de hectáreas a pequeños propietarios legales, pero de eso, hasta donde se conoce, no se ha cumplido ni el diez por ciento. En los acuerdos quedó establecido una estrategia de seguridad propuesto por las Farc para proteger a los desmovilizados, pero no se ha puesto en práctica y por ello han asesinado a más de ciento cincuenta en lo que va corrido. Las dieciséis curules para las víctimas las echaron a la basura. La escalada de asesinatos a líderes sociales, estrechamente relacionada con los acuerdos, tiene desconcertado al mundo y ha creado un ambiente de miedo y zozobra en todo el país debido a que ha dejado la sensación de que el gobierno es incapaz o no quiere pararla, y ahora puede irse la luz cuando quiera y por el tiempo que quiera; los atracadores pueden atracar; los corruptos pueden robar y los asesinos matar tranquilamente muertos de risa porque nadie, por miedo a ser “marcado” como líder social, se atreve a protestar. Todo esto es una voz de alerta para el gobierno que sólo ha cumplido con un escaso 20% de los acuerdos de la Habana a pesar de que el Fondo Monetario Internacional advirtió que si no hay paz no hay plata para Colombia y no obstante que, a pesar de esos incumplimiento y de perdidas humanas, el 90% de los ex combatientes sigue comprometido con la paz. Colombia está asustada y la comunidad internacional defraudada con su gobierno, señor Duque, usted no tiene derecho a destruirle la tranquilidad y mucho menos la vida y el futuro a tantos millones de colombianos que lo único que reclaman a gritos es la paz. Es natural que Uribe esté brincando en un pie por su victoria.

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