La dignidad humana, pilar del Estado Social de Derecho

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Si algo ha caracterizado el desarrollo de la historia de la humanidad es el desconocimiento de los derechos del hombre por parte del mismo hombre. Los ultrajes, tratos crueles, inhumanos y degradantes han estado a la orden del día en cada una de las civilizaciones, situación que ha conllevado al mismo hombre a buscar incesantemente el equilibrio en el trato con sus semejantes.
A esta forma de tratar a otro como un igual, como un ser humano lleno y dotado de derechos y con el mayor de los respetos a lo que el hombre es y representa, es lo que llamamos y conocemos con el nombre de dignidad humana.
Este concepto, según nuestra constitución es la base, fundamento y sustento del Estado Social de Derecho, es decir, la dignidad humana se enmarca como el principio fundamental que irradia todo el ordenamiento jurídico, en el que el hombre debe ser tratado como el fin máximo del Estado y no como un medio para su realización, existencia y funcionamiento.
La dignidad humana, por mandato constitucional debe estar presente en todas las ramas del derecho, es decir, no puede haber una sola legislación que pase por alto el reconocimiento máximo del hombre como pilar de las relaciones que regula.
En derecho penal, por ejemplo, la dignidad es la base sobre la cual se establecen las condiciones con las que debe ser tratado todo individuo que se enfrenta al ejercicio del ius puniendi por parte del Estado. En este orden de ideas, hasta el peor de los criminales debe ser tratado con dignidad tanto en los procedimientos, en los juicios y por supuesto en el cumplimiento de las penas.
El hombre no puede ni debe ser instrumentalizado para conseguir fines mezquinos ni egoístas, sino que debe ser el fin por el que vale la pena poner a disposición toda la institucionalidad del Estado en la búsqueda de ese fin supremo llamado dignidad. Recordando que dignidad son todas aquellas condiciones mínimas que se le deben garantizar al hombre para una vida en condiciones normales y de igualdad con sus semejantes.
En materia laboral, debemos recordar que el concepto de dignidad se materializa en la consecución de condiciones laborales adecuadas para que el hombre ejerza esa actividad humana libre a la que conocemos con el nombre de trabajo. Y partimos de la base de que, en materia laboral, la esclavitud y la servidumbre constituyeron las condiciones en las que históricamente se desarrollaron los ambientes laborales.
Hoy día, la esclavitud de las cadenas ha sido abolida pero aun se mantienen otro tipo de esclavitudes. El acoso, la amenaza, el descrédito de la labor desempeñada y otras formas se manifiestan en nuestros días. El crear ambientes laborales hostiles hasta provocar las renuncias de los trabajadores y otras circunstancias contempladas en la legislación laboral son atentados contra la dignidad del trabajador.
No existe una sola rama del derecho en la que no hablemos del concepto de dignidad humana, pero debemos reiterar, no es una formula romántica y filantrópica de nuestra constitución, es una realidad que debe ser perseguida y materializada por todos. Es un derecho de todos, pero también debe ser un objetivo de todos, es el reconocimiento del hombre por el hombre.
La jurisprudencia constitucional ha encontrado que, así concebida, la dignidad humana tiene varias formas de desplegarse a favor de la persona: (i) en la posibilidad de ser autónomo en el diseño de un plan de vida y en la determinación las decisiones propias, conforme los esquemas y convicciones particulares del individuo; (ii) en la disposición de condiciones materiales de existencia mínimas que le permitan a la persona subsistir en condiciones humanas; y (iii) en la garantía de una vida sin tratos degradantes o humillantes, mediante la intangibilidad de los bienes no patrimoniales, de la integridad física y moral de la persona.

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