Bolívar: Un científico social

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En la Carta Profética de Jamaica (1815), el Libertador Simón Bolívar, aborda el concepto de “problemáticas sociales” de las antiguas colonias españolas, como un estudio teórico, por demás, fundamental y, a la vez, claro en cuanto a sus propósitos. Casi todo aquello que desde algún punto de vista es considerado como bueno o deseable es vinculado con el ideal de Bolívar: la liberación de dichas colonias para conformar un gran Estado por su extensión y riquezas. Eso vale tanto para las discusiones filosóficas cuanto para la polémica política que Bolívar agitaba desde su Manifiesto de Cartagena de 1812. Es imposible caracterizar con mayor precisión la connotación emotiva de “caracterizar las problemáticas de estas colonias”. El Libertador identifica en cada uno de ellas, sus correspondientes problemas, los describe, los argumenta con datos científicos para la época, y luego proyecta sus posibles soluciones. Sostenía: “Estamos animados por los vicios, que se contraen bajo la dirección de una nación española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y envidia”
Simón Bolívar, no sólo describe las situaciones sociales sino que expresa también una valoración positiva y crea conciencia entre los europeos de las atrocidades cometidas por España en trescientos años de esclavitud, como un estímulo para compartir esta valoración. Esta connotación positiva de la Carta Profética, es una constante en todo el extenso documento para vislumbrar cambiantes cambios significativos descriptivos, que él expone con contundencia. Esto abre la posibilidad de una definición persuasiva para Europa y los mismos habitantes de esas colonias asimilen lo que el Libertador allí expone como un científico social. Después de 1815, empieza su batallar, y quien a partir de ese momento desea acompañarlo en este accionar libertario puede hacerlo diciendo que la libertad de estos pueblos consiste en realizar ese accionar que ya desde 1812 se había manifestado, encontrando su concreción en 185, con este documento, de una fuerza histórica impresionante.
Esta es posiblemente una de las razones de la persistencia de Bolívar, por conformar grandes bloques de estados, primero el ideal de la Gran Colombia, como quedó plasmado en esta Carta, pasando por la Confederación política de los países centroamericanos, hasta llegar al ideal supremo una Gran Nación: Los Estados Unidos de las Antiguas Colonias españolas. Es la predilección de que goza el uso de un vasto territorio, para enfrentar las veleidades de ambiciones territoriales de la “Santa Alianza” europea y las de los Estados Unidos de América. Un análisis de este documento profético “craneado” por Bolívar ha sido y es vinculado con la expresión de “libertad” para estos países, lo que demandó de él un amplio conocimiento de una amplia filosofía de justicia social y moral. Lo anterior, en cuanto Bolívar era reafirmativo: “Ya que el Nuevo Mundo tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que federase los diferentes estados”.
Aquí interesan esas problemáticas, que nunca atendieron nuestros dirigentes, por tener siempre una conciencia de la “patriecita”, como la tuvieron Santander, Flórez, Gamarra y Páez. Para Bolívar: La patria es la América. “Formar una patria a toda costa”. En el contexto de la Carta de Jamaica, el concepto de libertad, subsume, el de la libertad jurídica para construir nuestras normas, adaptadas a nuestros territorios, como lo pensó Bolívar, quien recriminaba a esos señores políticos del Congreso siempre estar imitando las leyes norteamericanas, lo que conllevaba a la creación de “repúblicas áreas”, como solía decir. El concepto de la libertad, que se deja entrever en dicha Carta puede ser explicado de dos maneras. Se lo puede presentar como una manifestación especial de un concepto más amplio de libertad, que es el de al autodeterminación soberana de nuestros pueblos, pero se lo puede basar directamente en el concepto que para Bolívar es constitutivo de una república, el de la moralidad del propio Estado y de sus funcionarios. La primera vía puede ser recorrida no sólo preguntando qué es la libertad para Bolívar desde este, su segundo gran documento político, lo que lo lleva a un ambicioso proyecto de filosofía política: la integración territorial de las colonias españolas, sino también preguntando acerca de la estructura de ese concepto en el pensamiento libertario de nuestro más grande Héroe de América, se trataría a la luz posterior de los hechos, a una respuesta exitosa, por ejemplo, la conformación de la Gran Colombia, y lo que demandó organizar el “Congreso Anfictiónico de Panamá” de 1826, y, además, crea el presupuesto desde el sentir plasmado una respuesta a cuestiones más necesarias, como era la moralidad de los funcionarios del Estado y de los ciudadanos: crea el Poder Moral en la Constitución para Bolivia en 1826. Por ello, opinaba que “Los legisladores necesitan ciertamente una escuela moral”.
A la pregunta acerca de la estructura de la libertad que el Libertador piensa como necesaria en dicha Carta, debido a las atrocidades de España, parece plausible aceptarla como la esencia del espíritu telúrico de los habitantes de estos territorios, él decía: “No somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles”. Esta sería, por cierto, una perspectiva histórica de nuestro reconocimiento. Con esto se ofrece la posibilidad de considerar que el desprendimiento libertario de la vengativa España es una relación entre tradiciones, educación, costumbres y territorio: “Las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes, y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”, “La enseñanza de las buenas costumbres o hábitos sociales es tan esencial como la instrucción”, “Las naciones caminan hacia su grandeza al mismo paso como avanza su educación”, “Un ser sin estudios es un ser incompleto”. Estas concepciones relaciones, que van intrincadas, las hallamos en la Carta de Jamaica como problemáticas sociales, a fin de orientar esencialmente a los habitantes de estos territorios por el camino de libertad, por ser ellos sus titulares. Por lo tanto, la base de estos conceptos relacionales, fueron el amor primario de las luchas del Libertador: “Yo represento a mis compatriotas, parientes y amigos, ante la posteridad” (Mora, R. Bolívar y la educación. Un Proyecto educativo emancipatorio para los pueblos panlatinoamericanos. Libro en Prensa, 2019).
Si se parte de esto, la educación, las buenas costumbres, el respeto por las tradiciones, se presentan en el pensamiento libertario de Bolívar como alternativas para “el modo de gobernar en los empleos públicos con hombres honrados”. Es lo sustancial, y los que nos resguarda de las arbitrariedades y de la tiranía: Nunca se atendió este mandato moral del Libertador. Lo moral amarra el quehacer de quien ostenta un empleo público, es su máxima aspiración, de ahí nuevamente recordarlo: “Los legisladores necesitan ciertamente una escuela moral”, porque de ellos emanan las leyes, como la esencia de una república. Aquí se trata de la libertad jurídica, sólo si la norma no tiene intereses particulares, por ello ideó el Poder Moral, tomando como modelo el Areópago griego, como esa escuela de moralidad, que era una especie de Tribunal Supremo, cuya competencia abarcaba tanto el cumplimiento de las leyes como de las buenas costumbres, a fin de que esos señores legisladores 2 no nos vuelvan a perder”, como Bolívar sostenía.
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