La corrupción sigue campante

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Uno de los males que mayormente aqueja a Colombia ha sido la corrupción. Con el correr de los años se ha podido evidenciar que después de los efectos devastadores que ha dejado la guerra fratricida en el corazón de nuestra sociedad, las consecuencias nefastas que ha producido la práctica malsana de la corruptela es incalculable monetariamente y altamente perjudicial para la moralidad y la ética social.
Ejemplos de estas ilícitas actividades han habido por montones en las últimas décadas, cada una con grandes repercusiones en las finanzas nacionales y en los bolsillos de los colombianos, los que nos levantamos al día siguiente con la aparición de nuevos casos y más billones de pesos desaparecidos o desviados hacia arcas particulares, lo que confirma que son esas las razones por las que no puede equilibrarse con equidad y justicia social el balance de nuestra desigualdad.
Lo que llama la atención de esa radiografía nacional es que cada vez resulta más común la participación de los entes del Estado en esas ilicitudes. No deja de sorprender que tras muchos meses de investigación se conozca ahora la denuncia de lo que ha venido ocurriendo al interior de las Fuerzas Militares, con hechos que denotan toda una cadena de ilícitos y corrupción al más alto nivel en la jerarquía castrense.
Al amplio ‘cartel de los falsos positivos’ se suma también el penoso ‘cartel de los certificados médicos falsos’, en el que a través de estos documentos espurios muchos oficiales y suboficiales pretendían obtener beneficios económicos de las arcas del Estado, engañando a la entidad que habían jurado servir con honor y lealtad. Vaya paradoja.
Hoy, la justicia ha señalado y condenado a 20 oficiales y suboficiales por haber tramitado en el curso de varios años indemnizaciones o pensiones de invalidez con base en registros y exámenes falsos, con el propósito de obtener dinero al que no tenían derecho. Sin duda, un ejemplo que simboliza hasta donde ha llegado el país y lo difícil que resultará desenraizar ese veneno de la corrupción del interior de nuestra sociedad.
Seguir escarbando en cada una de las entidades públicas, para descubrir nuevos casos de corrupción ha de ser una tarea que compete a todos los entes de control y fiscalización, pero de igual forma nos toca a cada ciudadano sumar valor para denunciar los hechos que se conozcan, si de verdad se quiere mejorar la situación del país.
La corrupción con sus múltiples tentáculos sigue infiltrándose en todas las instancias nacionales, provocando secuelas que dejan profundas heridas en entidades que han sido muy estimadas por el pueblo colombiano, como en este caso ocurre con las Fuerzas Militares. Hay que insistir, la corrupción no puede seguir extendiendo sus redes de destrucción, desfalcos e ilicitudes por todo el país, mientras son muy lentas las investigaciones –cuando se realizan– y ni se digan las casi nulas o inexistentes condenas sobre los responsables de estos escándalos.
Es allí, en las sanciones, donde se debe ejemplarizar el rechazo y el castigo a esos actos corruptos que siguen estigmatizando a nuestro país.

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