Lo que las políticas públicas dicen de un Estado

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Somos lo que hacemos y no lo que decimos que somos. El Estado es lo que es capaz de hacer y no lo que proclama que puede hacer. Afirmamos lo anterior, por cuanto se ha vuelto común por parte del gobierno, anunciar nuevas políticas públicas tendientes a satisfacer necesidades de la sociedad. No obstante, lo que se anuncia como políticas públicas, tienen más parecido a políticas de gobierno.

Las políticas públicas deben ser entendidas como el conjunto de acciones que realiza y emprende el Estado para la satisfacción de necesidades. No se trata de acciones improvisadas y reactivas a un determinado problema, sino que se trata de un diseño serio, estructurado y además encaminado a lograr los fines esenciales del Estado.

De conformidad con lo manifestado en el articulo segundo de la constitución, el Estado tiene unos fines establecidos claramente por el constituyente del 91. Esos fines establecen la hoja de ruta que debe trazar el Estado para delimitar su actuar.

Sin embargo, suele suceder que dichos objetivos pasen a un segundo plano o cedan en su nivel de importancia por criterio del gobernante de turno, a lo que llamamos política de gobierno, en detrimento de las políticas públicas que son de Estado.

Las políticas de gobierno por su esencia siempre variarán, por cuanto dependen de la escala de valores que tenga el gobernante de turno, pero las políticas de Estado deben permanecer en el tiempo, porque su objetivo no es acomodarse a un determinado modelo de gobierno o de ideal político, sino que tiene como objetivo el bienestar y estabilidad social.

En ese orden de ideas, las políticas públicas son la o las herramientas que utiliza el Estado para satisfacer las necesidades de la sociedad. Si un Estado es capaz de identificar las problemáticas sociales y diseñar mecanismos idóneos para satisfacerlas de manera eficaz, estaremos frente a un estado coherente y congruente con sus fines constitucionalmente establecidos.

No es posible desligar o separar las políticas públicas del concepto de Estado. Entre estos existe una relación intrínseca, el uno depende del otro y cada uno le da sentido al otro. Un Estado sin políticas públicas es, cualquier cosa menos Estado. Aunque se llame o proclame Estado estará muy lejos de serlo, ya que el Estado no es lo que dice ser, sino lo que en realidad es capaz de hacer.

Por consiguiente, una política publica sin Estado es una casa en el aire, sin piso ni fundamente, a todas luces, una utopía o más bien, una ilusión. No podemos hablar de diseños institucionales tendientes a materializar soluciones a los problemas sociales si previamente no se estudia la sociedad a la que se pretende ayudar o estabilizar.

Uno de los grandes problemas que encontramos cuando hablamos o escuchamos hablar de políticas publicas es la pretensión de que todo lo que hace el Estado es una política pública. Lo anterior no solo es incorrecto, sino que también superficial, por cuanto el Estado tiene, por mandato constitucional y legal, una serie de funciones que le son inherentes y que están previamente determinadas.

En ese orden de ideas, hablaremos de verdaderas políticas públicas, cuando el Estado, diseña mecanismos de solución de necesidades sociales adicionales a las que ya se encuentran señaladas y reguladas por la ley. Es decir, si la ley ha establecido distribución presupuestal, asignaciones, participaciones y demás conceptos fiscales o económicos, no podemos en cumplimiento de ello, decir que estamos en desarrollo de una política pública, sino en cumplimiento de una orden constitucional y legal.

Finalmente, también es común confundir políticas públicas con la expedición de nuevas leyes, sobre todo en un Estado como el nuestro en el que se cree que entre más leyes tengamos y más prohibiciones se realicen, más cercanos estaremos de cumplir con nuestros fines.

El Estado es lo que sus políticas dicen de él.

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