¿Qué le pasó a lunes?

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¿“Qué le pasó a Lunes”? Nos remonta a la teoría de Thomas Robert Malthus, en 1783. El “Ensayo sobre principio de población”, publicado en 1803 por el clérigo y demógrafo inglés anglicano, en el que plantea que el crecimiento en la población mundial deberían ser controlados pues los recursos naturales y la producción de alimentos empezarían a escasear – poniendo en alto riesgo la sobrevivencia de la especie humana, debido a que vendría un momento en que la crisis alimentaria por superpoblación crearía conflictos sociales y ello sería el inicio del fin de la especie. Sin embargo, Malthus también dijo en aquella tesis – que dicha crisis podría ser retrasada teniendo en cuenta la existencia de algunos factores a los que él llamó reguladores naturales tales como: las enfermedades y las guerras, factores que desde que la humanidad es humanidad han mermado a la población del mundo. En ¿Qué le pasó a lunes? La historia narrada por la película cuenta que en un mundo futuro, no muy lejano, el desastre ecológico y la escasés de recursos naturales harán que el establecimiento cree normas restrictivas de la natalidad, al punto de que sólo se permite un hijo por pareja.
La trama del films nos lleva a descubrir el lado oscuro de la condición humana, la crueldad y ambición desmedida de quienes detentan el poder del mundo, pero también, lo que pudiera ocurrirnos de continuar con el ritmo destructor del clima y de los recursos naturales, fuentes de vida y de preservación vital para la especie humana.
Lo que nos inquietó de la película fue lo revelador de la teoría Malthusiana, revivida a través de toda la trama de ella. La restricción de tener sólo un hijo por familia, no sólo es una forma de controlar la libertad individual, también es el control de todo, porque lo que se controla de las personas en la película es todo un estilo de vida, tanto social, económico y político, con el argumento de que se hace necesario para preservar la vida humana en condiciones de dignidad – el orden social y la productividad. Cuando realmente, y eso descubrimos los espectadores al final, todas estas normas no son más que herramientas de dominio utilizadas por el establecimiento para no resolver los problemas de la gente, entre ellos, los de educar para la convivencia y no para la destrucción.
En tiempos del recalentamiento global, la ruptora de la capa de ozono, la depredación de todo lo verde que pervive en el planeta, la negación de la teoría del recalentamiento global por la mano humana – y la negación a dejar de mover la economía planetaria con combustibles fósiles, no podemos sino pensar que el desastre está cerca, y más de lo que pensamos o imaginamos, y que ello será posible gracias al egoísmo de una minoría que seguramente está lista para afrontar con éxito cualquier cataclismo terráqueo. No obstante, hoy queremos hacer alarde de especuladores consuetudinarios, aseverando la posibilidad de que esta minoría sepa desde hace tiempo lo que ocurrirá, y que como plantea Malthus en su “Ensayo sobre la población”, deben y están esperando que un regulador natural, llámese desastre, acabe con más de la mitad de la humanidad, y así poder continuar a la vanguardia, liderando lo mucho que quedará en el planeta como recurso natural, sin tener que renunciar a desmontar sus economías destructoras de lo natural, pero quizás lo más grave, y es lo que se nos ocurre en momentos tan aciagos; sin tener que idear programas de recuperación de los elementos preservadores de la vida: vegetales, agua, aire, porque ello no representa seguramente una inversión que dé dividendos y aumente las ganancias de capitales privados y corporaciones financieras. Esto sólo sería altruismo del más puro, sería salvar las vidas de millones de seres humanos. No en vano, estamos escuchando últimamente la palabra adaptación, palabra muy utilizada por la ciencia biológica, la Historia, la Antropología, y especialmente, por quienes han explicado nuestro recorrido diacrónico en la tierra. Adaptarse significa cambiar, y para cambiar biológicamente hay que evolucionar. Pero lo más serio es: que en cada periodo histórico o prehistórico en que hubo cambios en el planeta Tierra – los organismos incapaces de adaptarse perecieron y desaparecieron: sólo los más fuertes pervivieron.
Lo que proponen con su actitud los amos de este mundo, es nada más y nada menos que aceptemos que los más débiles y vulnerables perezcan por razón de un regulador natural, como lo puede ser un gran cataclismo planetario originado por la mano depredadora e irracional de la especie humana.
Es posible que en un futuro más cercano que lejano, les corresponda vivir, especialmente a las nuevas generaciones – los controles de todos los comportamientos, incluso los más naturales, en aras de preservar la especie y toda lo que representa desde su génesis. Pero también es posible, que tengamos que asistir a un desastre global, y por razón de la lógica depredadora de quienes detentan el poder de este mundo – iniciemos una nueva etapa evolutiva, lo que llevará a la desaparición de gran parte de la especie, y a la aparición en el escenario vital de una nueva humanidad o un híbrido que hoy no sabríamos cómo llamar.

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