A construir cultura ciudadana

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Indudablemente una de las debilidades de cualquier ciudad es la falta de compromiso de sus habitantes, especialmente aquellos que se aprovechan de ella durante las 24 horas del día, sin embargo es poco o nada lo que le retribuyen.
Hay que observar cómo muchas de las respuestas que se reclaman de las autoridades ya sean del orden distrital o departamental, están a cargo de la misma comunidad, lamentablemente esta no siempre cumple lo que le corresponde.
En el pasado los barranquilleros siempre nos mostramos muy orgullosos de nuestro civismo, pero en la realidad de este solo queda la sombra.
Es urgente que recuperemos el cumplimiento de las mínimas normas de convivencia cívica, para que así la ciudad sea más amable para todos.
Solo se requiere un mínimo esfuerzo y que también las autoridades las ayuden a fomentar con campañas masivas y que cada uno de los ciudadanos nos comprometamos a ser cada día mejores barranquilleros.
En Barranquilla muy pocas personas hacen caso a las más elementales normas de civismo, que aplicándolas pueden mejorar la seguridad, necesitamos una mejor cultura ciudadana y un mayor sentido de pertenencia, cuya iniciativa debe surgir de cada hijo de Barranquilla.
Esa falta de compromiso la apreciamos diariamente en las calles de Barranquilla en variadas presentaciones; por ejemplo, violar las señales de tránsito es una forma de agredir a la ciudad, lo mismo que invadir los espacios públicos, irrespetar a los peatones, tirar basura al piso y otro largo listado de lo que algunos hijos de Barranquilla hacen contra la ciudad, cuyos habitantes se apartan de lo que es bueno para vivir en comunidad.
Debería ser una decisión personal dejar de atentar contra el entorno, comportarse como corresponde a un buen ciudadano barranquillero; no se necesita hacer mucho esfuerzo para hacerlo, lo contrario es una ofensa para nuestro terruño.
Así mismo es deber de los adultos dar buen ejemplo para que los menores imiten lo que realmente es bueno y es en el hogar donde se adquieren los buenos hábitos.
Por ejemplo, un ciudadano comprometido con su ciudad no bota la basura a la calle, sin embargo en algunos sectores de Barranquilla es una práctica común y corriente desprenderse sin ningún escrúpulo de toda clase de desechos.
Esa criticable costumbre, además de ser desagradable a los ojos de propios y extraños, atenta contra el sistema ambiental y es en las temporadas de lluvias cuando más se evidencia esta grave situación, época en la cual es normal que los habitantes de algunos barrios aprovechan las corrientes de los arroyos para arrojar a ellos todo lo que ya no les sirve.
Este es un aspecto que poco suele importarle a muchos miembros de la comunidad barranquillera cuyo grado de civilidad ni siquiera les alcanza para preocuparse por cuidar su propio entorno.
En la medida en que seamos partícipes de buenas acciones comunitarias será más sencillo reclamar de las autoridades el cumplimiento de sus obligaciones.
En torno a la construcción de cultura ciudadana todo lo hecho es válido, pero del mismo modo es mucho lo que hace falta, es una dinámica que debemos imponer los barranquilleros, para constituirnos en una ciudadanía con sentido de pertenencia, tolerante, capaz de concertar, de cumplir acuerdos y que respete las normas legales por su propia voluntad, no siempre por imposición de la autoridad.

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