En municipios del Atlántico el agua no es apta para humanos

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Sin duda uno de los más graves problemas que siguen afrontando la mayoría de municipios del Departamento del Atlántico, es la falta de un buen servicio de agua apta para el consumo humano. Desde tiempos inmemoriales los habitantes de la mayoría de los pueblos atlanticenses, han venido luchando ante los gobernantes de turno, para que se atienda la solución de esta sentida necesidad, que a través del tiempo se ha convertido en un mal de nunca acabar, antes por el contrario, esta problemática ha tenido la tendencia de agravarse cada día en forma alarmante, hasta llegar al actual estado de deficiencia que ha caracterizado la prestación de este vital servicio en los municipios de nuestro Departamento.

Los municipios situados en la ribera oriental del anchuroso río Magdalena, como Soledad, Malambo, Sabanagrande, Palmar de Varela, Santo Tomás, Ponedera, Campo de la Cruz y Suan, es posible que tengan acueductos por sus cercanías a la caudalosa arteria fluvial a la que nos referimos en anterior nota editorial.

No obstante se ha podido comprobar, de acuerdo a las quejas que a diario nos llegan, que el agua que se distribuye a los moradores de muchas cabeceras municipales – ni que decir de los corregimientos -, no es apta para el uso de los humanos. Simplemente porque de acuerdo a los resultados de estudios ampliamente conocidos, el “preciado líquido” no reúne las características que le den la categoría de potable, es decir el agua que consumen los habitantes de la mayoría de municipios atlanticenses no es incolora, inodora e insabora.

Por esta sencilla razón hemos dicho que los habitantes de los pueblos situados a lo largo de la carretera oriental,cuentan con acueductos pero están condenados al suplicio de Tartalo, que consiste en tener agua en abundancia – por estar situados a orillas del anchuroso Rio de La Patria -, pero sin poderla consumir por ser nociva para la salud; igual situación ocurre en municipalidades situados en otras zonas de nuestro departamento; circunstancia que ha sido aprovechada durante muchos años, por candidatos a corporaciones públicas en épocas electorales, quienes la utilizan como “caballito de batalla”, en sus campañas proselitistas cada cuatro años.

Porque conocemos del clamor permanente por parte de las comunidades del Atlántico, para que se les solvente tan grave situación, es que nos permitimos hacer – una vez mas – en nombre de esas comunidades un llamado al gobernador Eduardo Verano De La Rosa, para que se concreten en lo que falta de su mandato las reiteradas promesas de su actual administración en el sentido que se tomarán los correctivos del caso para así contener los brotes de enfermedades estomacales e intestinales que vienen padeciendo muchos habitantes de las poblaciones de nuestro departamento, especialmente en los menores de edad.

La prestación del servicio al que hoy hacemos referencia es una obligación del Estado, por esa razón es que se requiere que las entidades pertinentes le pongan punto final a tantos años de sufrimiento, derivados por la carencia de un servicio deficientemente prestado, conforme la aspiración de los usuarios y concordante con las necesidades de un gran conglomerado, que definitivamente dejó de creer en sus gobernantes precisamente por la desidia que siempre los ha caracterizado, permitiendo el crecimiento de una problemática, que situó al Atlántico entre los departamentos de más bajos indices en cuanto a cubrimiento de esta básica y vital necesidad.
Debido a la grave situación que han venido afrontando y denunciando los habitantes de Repelón, Luruaco, Manatí, Candelaria, Juan de Acosta y otros más, luego de una sesión descentralizada de la Asamblea realizada en el municipio de Repelón, esta corporación aprobó la creación de una comisión que acompañará a las autoridades de salud del departamento, a la recolección de pruebas de laboratorio para verificar la precaria calidad del agua potable en los municipios antes mencionados, actividad que se extenderá a los corregimientos de estas municipalidades, que es donde más se ha podido constatar la existencia de esta problemática que ha venido proliferando desde muchos años atrás, sin que se vislumbre el más mínimo interés por parte de la administración departamental para poner punto final a este sempiterno problema.

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