Por: Luis Tapias
Recorrer, en épocas electorales, los diversos municipios del Caribe colombiano, ver el desteñido colorido de camisetas y gorras que representan el variopinto partidista, y escuchar los tambores, flautas de millo, y cuanto estribillo a modo de jingle en son de bachata, vallenato o champeta, pensaría uno contagia hasta el más aburrido de los paisanos. Pues la efervescencia emocional, los abrazos y muchas otras manifestaciones de afecto entre la gente así lo indican. No es para menos, nos acercamos a la fiesta. Si, a la fiesta de la democracia. Esa que congrega a propios y extraños en torno a las cámaras fotográficas, los flashes y los drones; en torno a vítores y arengas, Y, también en torno a coloridas mochilas que guardan, aunque todos lo sepan, más de un secreto. Ruidosas caravanas, a modo de avanzada, anuncian lanzamientos de campañas a cuanto cargo la democracia permite: desde el aspirante a edil hasta el diputado o concejal que se quieren reelegir, reúnen las gentes de barrios, localidades y pequeños e ignorados caseríos para anunciar la buena nueva: “… ahora sí”. “Es el tiempo de…” Anuncios que junto a la parafernalia del desteñido color y la estridente música se convierten en los principales ingredientes para que los electores, quizás cansados de lo mismo, asistan a la fiesta y comprometan, una vez más su futuro y el de sus municipios.
Al final, movidos por la euforia de la “fiesta, su música y color”, la gente termina afirmando: “Esta campaña sí está moviendo gente”. Afirmación que los áulicos medios de comunicación reconfirman al hacer sus “análisis y comentarios”, con la pretensión de impactar en la conducta del votante que, al igual que la música y la bulla, consumen sin digerir cuanto análisis y noticia electoral aparece.
Desafortunadamente, durante la fiesta, poco o nada se escuchó acerca de propuestas y programas que los candidatos a alcalde deben proponer, presentar y debatir con el electorado durante la campaña. Lo programático estuvo ausente. Los debates políticos programáticos brillaran por su ausencia. A cambio la música, los pitos de las motos, la gritería de la gente a favor o en contra serán, una vez más, protagonistas. No habrá campaña, no habrá democracia. Promesas, mochileros y puyaojos sí.
¿Y cuál es la propuesta programática que se propone? ¿a qué le apuestan los conservadores, los liberales, los de cambio radical, los del centro democrático o los verdes? Y, ¿los de coaliciones múltiples? Realmente, poco o casi nada vi, escuche o sentí por estos días en que recorría caseríos y municipios. Las inscripciones ya cerraron, los que se inscribieron, inscritos están. El partidor está listo. La carrera, oficialmente, arrancó. Pero no hay rumbo, no hay visión, no hay programa. Solo música e improvisación.
Cuando estas líneas estén siendo leídas, muchos las van a contradecir. Eso quiero que las contradigan, pero con hechos. No esgrimiendo documentos que lejos están de ser una viable propuesta de gobierno y de desarrollo integral para nuestros municipios. Municipios que muestran un horizonte preocupante en términos de pobreza multidimensional: sí. Multidimensional, esa que es responsabilidad del Estado social de derecho. Documentos, aquellos que se presentaron para cumplir el requisito de inscripción, que nos hacen reflexionar sobre su originalidad, su idoneidad, y viabilidad.
Resultaría muy interesante que la ciudadanía, los demócratas que debemos ser todos, ejerzamos control social sobre esta acción y que también lo haga la autoridad respectiva, Consejo Nacional Electoral, por ejemplo. Apropósito de esta situación, y como referente del deber ser, quiero destacar el ejercicio participativo hecho la semana anterior por el candidato a la alcaldía de Barranquilla, Jaime Pumarejo, quien convocó a la ciudadanía a un evento de socialización o presentación de su propuesta de Programa o Plan de Gobierno “Barranquilla Imparable”, el mismo que fue registrado para su inscripción oficial como candidato al primer cargo de la ciudad. No obstante, me atrevo a sugerir, y está aún a tiempo de hacerlo, que lo socialice en las cinco localidades y dos corregimientos del distrito. El foro ciudadano hace parte del ejercicio de la democracia participativa y la toma de decisiones frente al interés colectivo.
Para el caso de los municipios, allí las emisoras comunitarias deben jugar un papel preponderante para ser el puente o canal a través del cual se pueda masificar el mensaje sobre lo que se propone para marcar el camino del municipio en los próximos cuatro años, y si el elector conoce y aprueba esas iniciativas. Hoy las redes sociales también son un vehículo al alcance de las mayorías para acceder y masificar tal información. Es decir: frente al método y el mecanismo, solo falta decidir la voluntad política. Se trata, entonces, de socializar y hacer efectiva la publicación de esas líneas gruesas de los derroteros y desafíos de esos mandatarios locales que sean electos el próximo 27 de octubre. Ese debería ser un compromiso serio con sus electores.

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