Después de dos operaciones en la cabeza y luego de pasar más de dos semanas en coma, la reconocida titiritera argentina Teresa Grossi se recupera lenta pero favorablemente en el Hospital Clarence Lynd Memorial, de la isla de San Andrés, en Colombia. “Se le retiró la sonda y ya toma agua por sus propios medios, y en el mediodía de este martes se le dio sopa”, señaló la médica terapista Gisella Archbold
La artista de 67 años, porteña pero residente en la localidad cordobesa de Mina Clavero, fue internada el lunes 15 de julio, luego de haber sido atacada por motociclista el domingo anterior, cuando le arrancaron la cartera y en ese tirón Teresa cayó al suelo y dio de lleno la cabeza con el asfalto. Teresa y su amiga Susana Erdfehler (77) estaba a una cuadra de su hotel cuando sucedió la desgracia.
“Cerca de las diez de la noche (del domingo 14), cuando estábamos llegando a nuestra posada, cruzamos la calle y, de repente, se apareció una moto al lado nuestro. Yo caminaba al lado de Teresa, quien cayó al suelo. No pude reaccionar, ni ver la moto, sólo atiné a ayudarla”, había descripto Susana.
En el hospital de San Andrés, los médicos de guardia le hicieron una sutura, le recetaron un antiinflamatorio y volvieron al hotel. Al día siguiente (lunes 15) se agravó la situación, Teresa convulsionó, la trasladaron de nuevo al hospital y los médicos aceleraron una operación para descomprimir un coágulo y controlar una hemorragia. Era de vida o muerte. Tres días después, en la mañana del jueves 18 fue operada nuevamente por un aumento en el sangrado en la parte posterior del cerebro.
Según palabras del neurocirujano Roberto Gómez, Grossi no despertaba debido a “un coágulo que se había formado entre el cerebro y la cavidad ósea, que ejercía presión, produciendo una isquemia, es decir que el cerebro no oxigenaba lo suficiente”. Se planteó también la posibilidad de realizar una traqueotomía para evitar una infección pulmonar.
Fundadora de la Casa de los Titiriteros, un espacio declarado de interés turístico y cultural por la municipalidad de esa localidad, Grossi había llegado a San Andrés a principios de junio con Erdfehler y tenían previsto volver a la Argentina el viernes 26 de julio.
“La idea era zafarse del invierno cordobés. En vez de pagar las cuentas por el uso de la calefacción, se fueron al Caribe”, le había dicho a este medio Rocío Acedo, amiga de Teresa. Susana volvió a la Argentina el último viernes y el sábado viajó el director teatral y también titiritero y amigo Jorge Lecroq. Teresa es viuda, no tiene hijos, sólo un hermano mayor, de 80 años, frágil de salud.
“El cirujano me dijo que la situación cambió muchísimo, que Teresa está consciente, aunque todavía debe esperar un poco porque el cerebro permanece hinchado. Los pronósticos son alentadores, mañana miércoles podría pasar a una habitación común y en una semana o diez días, podría regresar a la Argentina”, le cuenta Lecroq, desde San Andrés, a Clarín.
El cirujano neurólogo que la operó a Grossi, César Ignacio Sierra, dejó en claro que si la recuperación sigue a este ritmo, podría volver en un avión de línea, si es necesaria acompañada de una enfermera, a fines de la próxima semana. “Es una noticia inmensa, es lo que todos los amigos de Tere estábamos esperando”.
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