La ganadería sostenible, la apuesta de un grupo de exguerrilleros de las FARC

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San Vicente del Caguán (Reuter-EFE)

Hubo un tiempo en el que las FARC controlaron San Vicente del Caguán, una localidad incrustada en las orillas de la cordillera oriental de Colombia, pero hoy la situación es diferente y un puñado de aquellos guerrilleros aprende a vivir en sociedad a través de la ganadería sostenible.

Ese municipio, ubicado en el sureño departamento de Caquetá, tiene una larga tradición ganadera, aunque es recordada principalmente porque era el corazón de la zona de distensión que se creó para los fallidos diálogos de paz con las FARC durante el Gobierno del presidente conservador Andrés Pastrana (1998-2002).

Por allí también merodeaban los miembros de la columna móvil Teófilo Forero, una de las más sanguinarias de las FARC y a la que se le atribuyen ataques como el asesinato el 29 de diciembre del 2000 del congresista Diego Turbay Cote, su madre y cinco personas más en una emboscada en una carretera.

También se le acusa del atentado con un carro bomba contra el club El Nogal de Bogotá, en el que murieron 36 personas y 200 más resultaron heridas el 7 de febrero de 2003.

Dejando atrás esos tiempos de oscuridad, 21 excombatientes, la mayoría de esa columna, cambiaron las armas por las ubres y están realizando el curso “Un emprendedor en producción de leche con buenas prácticas ganaderas”.

Pese a todas las dificultades que ha enfrentado la implementación del acuerdo de paz, tanto los exguerrilleros como el Gobierno siguen trabajando en cumplir con lo firmado.

La evidencia de ello es que la Oficina del Alto Comisionado para la Paz tiene acreditados a 13.200 excombatientes en el proceso de reincorporación, de los cuales 1.506 se han visto beneficiados con apoyos económicos para emprender proyectos propios.

El lugar elegido para el curso es la finca “La Siberia”, enclavada en un gigantesco terreno que está a pocos metros de una montaña, a unos 30 minutos en automóvil de la cabecera municipal en la vereda (aldea) de La Cocha.

El terreno es propiedad de Lucía, una mujer que le abrió las puertas a la iniciativa que lideran la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) y el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena).

Entre los beneficiarios está Wílmer, un hombre que tras dejar la vida armada se ha dedicado a trabajar en las fincas “guadañando (cortando el pasto)” y arreglando los terrenos para la agricultura y la ganadería.

“Hace dos meses que empezamos y el profesor nos ha enseñado hartas cosas. Después del curso (tengo que hacer) lo que se requiere para seguir adelante, bregar (luchar) para sacar nuestro proyecto, que sea de nosotros, no vivir de los demás, bregar a hacer capital”, contó a Efe en “La Siberia”.

El excombatiente tuvo un hijo tras la firma del acuerdo de paz, pues desde entonces se rompió una norma que estuvo vigente dentro de la guerrilla desde 1992 que prohibía a las mujeres quedar embarazadas y obligaba a abortar a quienes lo hicieran.

Su primogénito es la principal razón por la cual Wílmer busca estabilidad y un mejor futuro para que su hijo no tome caminos equivocados.

Y la capacitación es clave para conseguirlo, pues una vez termine tratará de encontrar un mejor porvenir tanto para él como para su familia.

“Ya con el hijo uno llega a buscar un sitio estable para vivir, pues en la guerrilla no se hubiera dado porque uno desde que ingresa sabe que allá no se pueden tener hijos, uno tampoco se pone a buscarlo porque allá todas las mujeres planifican y todo es bajo control”, añadió.

El encargado de dictar el curso es Floro Penagos, un profesor de la seccional Caquetá del Sena, quien ve ese programa como una “oportunidad de contribuir y transmitir los conocimientos” que ha adquirido a lo largo de su vida.

Floro ha visto muy buena voluntad en los antiguos combatientes que participan en el curso junto a 10 campesinos de la región, que trabajan hombro a hombro para salir adelante en su empresa.

Los exguerrilleros le han comentado que lo aprendido lo están poniendo en práctica en las fincas en las que trabajan.

“Se les está enseñando a ellos que puedan mejorar las prácticas ganaderas, que puedan mejorar la alimentación a través de un manejo adecuado de pasturas, de forrajes y hacer programas de suplementos alimenticios para mejorar la productividad con leche”, detalló a Efe.

Para ello utilizan las más de 20 vacas que hay en la finca, ubicadas en una de las zonas más alejadas del terreno a la que se puede llegar tras cruzar un lodazal, habitual en esa zona lluviosa del sur de Colombia.

El objetivo es que no tengan ganaderías extensivas, sino ganaderías intensivas: que aprovechen mejor el espacio con nuevas técnicas para mejorar los pastos de esa zona de “bosques tropicales húmedos”.

A pesar de todo, Wílmer es consciente de que la situación para los excombatientes no es nada fácil y como ejemplo de ello pone a los 140 exinsurgentes que han sido asesinados tras la firma del acuerdo de paz.

“Con lo que se ha visto, con la muerte de tanto camarada que está en el proceso de paz, le da a uno como vaina (susto) porque uno no sabe si lo ponen en la lista. Uno se siente con miedo”.

#DIARIOLALIBERTAD

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