¿Y cómo vamos en competitividad?

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Competitividad es el nombre de la figura que en estos tiempos de globalización y posconflicto deberán tomar con mucha seriedad todas aquellas regiones que se decidan a dar un salto cualitativo en los estándares de vida de su población.
Tendremos que apostarle a las grandes decisiones estratégicas y dejar atrás las mezquindades políticas, que nos mantienen atados a un pasado que nos puede resultar muy costoso.
Desde 1994, la idea de ser más competitivos ha rondado a los distintos gobiernos, pero nada más. Poco o nada se han movido los indicadores de la competitividad, pero ahora parece haber más conciencia de que estamos a punto de que nos pite el tren enésima vez.
El Consejo Nacional de la Competitividad –CNC, tiene la tarea de convertir a nuestro país en una nación que en el 2019 ocupe el segundo lugar en la escala de competitividad latinoamericana, con una sustancial reducción de la pobreza cercana al 39 por ciento.
En el plano local es mucho lo que se puede hacer para definir estrategias, planes y proyectos que favorezcan la pronta recuperación del departamento del Atlántico en el concierto nacional.
Es necesario destacar que existe la llamada Comisión Regional de Competitividad, de la cual hacen parte las fuerzas vivas de esta sección del país representadas tanto por el sector gubernamental, a través de la Gobernación, la Alcaldía de Barranquilla y el Sena, entre otras entidades, como por el privado liderado por la Cámara de Comercio y los distintos gremios, incluyendo el sector académico.
Es necesario hacer un análisis de la situación de competitividad de nuestro Departamento, teniendo en cuenta que en la actualidad a nivel nacional este ocupa el sexto lugar por debajo de Santander y Caldas. Está claro que en el caso del Atlántico lo que se requiere es articular los sectores público, privado y la academia, para trabajar mancomunadamente por la competitividad de nuestra región.
Existe la necesidad de asumir el reto consistente en lograr una mejor posición en el escalafón a nivel nacional, para lo cual es menester trabajar en muchos frentes, para crear una institucionalidad que obtenga la integración y la definición de una agenda agresiva con unos derroteros claros que conduzcan a unas conclusiones viables, para que los resultados positivos no se hagan esperar por mucho tiempo.
Las necesidades de competitividad del departamento del Atlántico son muchas, comenzando por el aspecto relacionado con la ciencia y la tecnología, tópico en el que todavía la situación es claramente precaria y también hay que mejorar en áreas como salud, seguridad e infraestructura. Es urgente identificar los proyectos y acciones que nos conduzcan a cumplir con ese cometido. Seguimos insistiendo, el Atlántico podría convertirse en una excelente plataforma turística y para el comercio internacional, lo cual deberá ser otra de las metas de la actual administración.
La competitividad es una construcción social, por eso el Estado, empresarios y comunidad en general tienen que trabajar de manera integrada y constante; sin ella no saldremos del subdesarrollo.

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