Oasis Cierto

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Vivimos em la época del estrés, de las preocupaciones, de las cargas físicas, emocionales, espirituales y psíquicas. Muchas personas cargan un peso que nadie ve pero sienten en las profundidades del alma; llevan en sus hombros un enorme saco de piedras que intentan subir por sobre el espinazo desnudo y resbaloso de una casi que interminable ladera; se acuestan preocupados y se levantan cansados; cuando no están presos es porque los están persiguiendo. Son permanentemente torturados por fantasmas reales que llegan disfrazados de preocupaciones económicas, crisis familiares, dolencias físicas y traumas emocionales.
Muchas de estas personas buscan un poco de alivio em los oasis temporales que les ofrece el mundo: se apiñan como avispas em los centros comerciales, van al cine, al fútbol, a la palaya o a la discoteca. Procuran por distintos medios maestros, brujos y gurús que les proporcionen pócimas mágicas que den un poco de alivio y consuelo. La mayoría de las veces pueden encontrar un poco de lo que buscan pero casi siempre lo que reciben solo alcanza para conseguir una alegría efímera y una calma temporal. A veces tarde, demasiado tarde, se dan cuenta de que el agua viva verdadera que sacia de manera permanente la sed, se encuentra em otro lugar.
“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré…” Así dice Jesús en el Evangelio. Él nos invita a acercarnos para liberarnos, nos convida a aproximarnos para descargarnos, nos llama a ir donde él, fuente viva de agua, para saciarnos. Después de que él hubo cargado la cruz, su cruz, cargó también la cruz de toda la humanidad. Desde entonces ya nadie tiene que estar con la espalda doblada por causa de cargas insoportables.
Jesús se ofrece como lugar verdadero donde podemos encontrar descanso, como oasis cierto en este mar de arena en que se ha convertido el mundo. El con los brazos abiertos no sólo nos llama sino que espera ansioso por nuestra llegada. Para un cristiano su oasis es Cristo, ahí encuentra el agua fresca que sacia su sed, ahí encuentra el descanso para su agitada vida, ahí encuentra el camino auténtico en medio de millones de caminos, ahí está la verdad más verdadera de todas las verdades, ahí bajo alas divinas puede recibir ese abrazo confortante necesario para poder seguir la caminada.
Hoy cuando el peso del mundo se torna casi insoportable, podemos encontrar alivio leyendo las Sagradas Escrituras; cuando el cansancio casi no nos deja continuar, podemos encontrar alivio participando de la celebración de la eucaristía donde nos alimentamos de gracia con un alimento espiritual que nutre y consuela el alma; cuando el horizonte se torna terriblemente oscuro, podemos encontrar alivio visitando el Santísimo Sacramento presente en el sagrario de nuestras iglesias; cuando nos atacan por todos lados, podemos sentir la paz y la tranquilidad que produce el diálogo íntimo y sincero con el Señor Jesús que aunque está a la derecha del Padre y en el corazón los hombres de buena voluntad, quiso quedarse como sacramento en medio de su pueblo. Cuando el pecado nos ahoga, podemos encontrar descanso en el sacramento de la confesión abriendo el corazón y reconociendo nuestro pecado para recibir la gracia del perdón y de la misericordia…
No se equivocaron algunos místicos cuando imaginaron la espiritualidad como una fuente inagotable donde podemos beber todo aquello que nos sirve para crecer, trascender y obtener plenitud. Para el hombre creyente el origen de esa fuente es Dios, para los cristianos el nombre de esa fuente es Cristo, para los católicos esa Fuente es testimoniada por la Iglesia… Para alguien sin Dios, sin Cristo y sin Iglesia realmente no sabría decir lo que esta fuente sería.

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