Garabateo

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Uno falsifica los días cuando el mundo nos cae encima y amenaza con aplastarnos. Entonces nos damos aliento y construimos una esperanza de papel, una que no es la legítima esperanza, apenas una insinuación de la misma, débil, anémica, como un dibujo, un garabateo para aquietar la turbulenta conciencia. Porque el mundo continúa en sus círculos infernales para ángeles y demonios, y con sus voces apocalípticas: “El mundo es una mierda, el mundo se va acabar.” Uno las escucha y la piel del alma se estremece. “… las guerras, las hambrunas, las discusiones dentro de los edificios/ demuestran apenas que la vida prosigue/ y no todos se liberaron todavía.” Como leemos en el poema de Carlos Drummond de Andrade: Los hombres soportan el mundo. Nos sentamos en la esquina a conversar con los vecinos sobre la suerte y la vida de tanto líder masacrado, un día tras otro día. También hablamos de la estupidez de tantos gobiernos ineptos, de los suicidios de niños, de la vergüenza de la pobreza y de tantas niñas violadas y luego sacrificadas como animales. Es un panorama de muerte. Con razón hay tanto individuo suicida, en especial niños suicidas. En la última Encuesta nacional de salud mental, 10 de cada 100 colombianos de 18 a 44 años tiene problemas mentales, igual el 12 por ciento de los adolescentes. En cualquier lugar en el que me encuentre, observo con detenimiento a las gentes, las veo aceleradas, o contraídas; en los centros comerciales hay una actitud voraz, compulsiva por las compras y la gente no se detiene a mirarle los ojos a uno, hay una pesada desconfianza en el otro y nos negamos a abrirnos al mundo. A veces la sonrisa es una mueca, una máscara lacerada por el dolor, la tristeza y la impotencia. Y deseados ser normales, rabiosamente sanos. Y no somos espontáneos, alguna situación social refundió esta conducta de esencias elementales en el olvido. Con los amigos parlamos acalorados las concepciones que cada uno tiene de la vida y les juro, que el vivir y el mundo no salen bien librados. Percibo el escepticismo, el pesimismo y el nihilismo, como una llama ardiente contra el fuego débil del optimismo. Las noticias televisivas de los noticieros de RCN y Caracol nos matan el aliento del día siguiente, son guiones de un periodismo perverso, estructurados en la rutina del crimen, una y otra vez, hasta enfermar el alma y la mente del telespectador. Y lo más increíble es que le hacen creer a los ciudadanos, que es normal este estilo periodístico. Y en ese movimiento del alma nos sentimos mal sin saber qué nos pasa. “Compadre, me dice María Magdalena, estoy rara y le juro que no sé lo que tengo.” Entonces los versos de Drummond de Andrade regresan de nuevo a mi memoria: “Llega un tiempo en el que ya no se dice: Dios mío. / Tiempo de absoluta depuración. / Tiempo en el que ya no se dice: amor mío. / Porque el amor resultó inútil. / Y los ojos no lloran. / Y las manos tejen apenas el rudo trabajo. / Y el corazón está seco.”

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