Pena de muerte para los violadores de niños

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Un duro debate sobre la propuesta de aplicar cadena perpetua y hasta pena de muerte en algunos casos, a los responsables de delitos atroces contra los niños, se abrió en Colombia, luego del anuncio la semana pasada por parte de un grupo de senadoras, sobre la necesidad de revivir en el Congreso un referendo que así lo determine.

En medio de la polémica, se radicará en el Congreso un proyecto de acto legislativo que pretende implantar en nuestro sistema judicial este ejemplar castigo.

Repetidos casos de abuso sexual en diferentes escenarios de la comunidad barranquillera, la Región Caribe y Colombia en general claman justicia para que el merecido castigo a los autores de este execrable delito se constituya en causa de escarmiento.

Más de 60 repudiables abusos contra nuestros niños y niñas que se producen cada día- según las estadísticas de Medicina Legal-, alimentan los argumentos de los defensores de la imposición de los máximos castigos para los culpables de estos execrables crímenes, para así evitar nuevas víctimas.

Sin embargo la legislación penal de Colombia sigue en mora de ajustar las penas que merecen los violadores con las más severas condenas, principalmente de aquellos que lo hacen con niños.

No hay porque tolerar, los daños irreparables que se causan en lo psíquico y moral a las víctimas de los depravados que satisfacen instintos salvajes con la inocencia de criaturas y el engaño a mayores, especialmente mujeres en estado de indefensión, sometidas por la fuerza, el temor y el chantaje.

Expertos en la materia nos enseñan que el abusador sexual comienza con un comportamiento anormal desde muy temprana edad; en la actualidad el tema no deja de tener la mayor significación e importancia, máxime cuando las circunstancias del momento y la descomposición social, todos los días amenazan más con arrasar la tranquilidad, la vida y el futuro de los niños.

A causa de los repudiables ataques sexuales que incluyen asesinatos contra menores, vuelven a agitarse las banderas de quienes claman por la cadena perpetua.

Hasta no hace mucho tiempo el mundo de los menores de edad era un entorno respetado por todos; mayores y jóvenes, autoridades y ciudadanos en general los protegían; familiares y extraños defendían los derechos de los niños y adolescentes y a pesar que la guerra, la violencia, el odio y las pasiones eran el común denominador en las relaciones entre los mayores, nada alcanzaba a salpicar el universo en que se movían los niños.

Es como si en tiempos pasados hubiese existido un acuerdo entre todos, de respetar y no involucrar a los menores en los problemas cotidianos y en las diferencias que existían entre los asociados. Por más graves que fueran las dificultades y más difíciles de saldar, más alejados se les mantenía a ellos de los conflictos; hoy lastimosamente, l os menores no escapan de este mundo congestionado.

Basta oír en en el noticiero Diario Hablado y leer en el Diario LA LIBERTAD, las noticias de cada día, para comprobar que en cada hecho violento, en cada acción absurda, en cada situación de conflicto, en cada acto estremecedor se encuentra siempre involucrado un niño o de un menor que todavía no es sujeto de derecho, ni de responsabilidad, todo esto sumado a los abusos, a los malos tratos y a las injusticias que se cometen contra los menores.

Cada vez son más los menores obligados a la explotación sexual, reclutados a la fuerza, utilizados para trabajos pesados, aprovechados para cometer ilícitos, o sometidos a los peores y más indignantes abusos.

Vistos los hechos que a diario acontecen en Colombia se debe concluir, por parte de nuestros legisladores, que la tolerancia que hacen sus leyes es tan dañina como el crimen mismo.

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