Los intelectuales en la política

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Todo es historia, pero es trascendental preguntarse ¿Para qué la historia? Precisamente desde hace décadas, como consecuencia de los grandes cambios, el sentido de la historia cambió radicalmente hacia otros rumbos, algunos extraños, incluso aterradores. Al responder este interrogante estamos reafirmando nuestro compromiso, más social que político, porque, a fin de cuentas, lo político es social, pero cabe señalar que nos volvemos a situar en el aquí y el ahora. ¿Cuál es el papel de los intelectuales en el ejercicio del quehacer sociopolítico? Si asumen, de manera consciente o inconsciente, posiciones políticas que definan y determinen las tareas, como lo plantean Pablo Pozzi y Paula Godinho en su obra compilada “Insistir con la esperanza. El compromiso social y político del intelectual”, cuando Jesús Reyes Heroles, afirma “intelectual político o político con ideas”. Cabe recordar a los trabajadores argentinos que, en un primero de mayo, proclamaron: “Los universitarios, intelectuales, artistas, cuya ubicación no es dudosa frente a un gobierno elegido por nadie que ha intervenido las universidades, quemando libros, aniquilando la cinematografía nacional, censurando el teatro, entorpeciendo el arte. Les recordamos: el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.”; algo similar en el contexto nacional sigue vigente.
Se trata de que los “intelectuales en la política” definan tiempos y espacios, temas y problemas como los historiadores; deben entonces asumir posiciones, retos y corolarios. Corresponde suprimir el “ayer y el hoy” y sustituirlo por el “aquí y el ahora”; dado que están sujetos a procesos de transición y cambio permanentes en la historia como en la historiografía. Por ello, los intelectuales están obligados a replantearse de manera comprometida el tipo de historia que pretenden encauzar, para quiénes y los porqués que definen su quehacer. Si nos situamos terrenalmente y acertamos con objetividad el presente; es válido adversar esas viejas dudas y prevenciones, a partir de formulaciones y acciones si se puede hacer historia “en caliente”. Ciertamente, lo que se replantea es la forma en que nos aproximamos a las fuentes, o bien las generemos a partir de la memoria, para intentar que el presente del pasado persista; además la historia y las transformaciones sociales no existen si no las construimos.
Muchos trabajadores y ciudadanos al parecer perciben a los intelectuales como funcionales al capitalismo; quizá esto se deba a que a menudo el papel del intelectual es fomentar el pensamiento crítico y que esto choca con la propuesta política (la “línea”), y que tienen la tendencia a no acatar la disciplina partidaria si esta está reñida con lo que piensan. Asimismo, los intelectuales tienden a cuestionar la autoridad de las direcciones partidarias cuyo poder surge del monopolio del conocimiento, al igual que los militantes del partido cuestionan la posición de los intelectuales, si estas no concilian con sus postulados en mármol. Por lo tanto, el papel del compromiso intelectual, y de la labor de los intelectuales, en la disputa socio política es central y tiene su peso específico.
En realidad, todos los intelectuales tienen un compromiso político y social, aunque este no sea necesariamente de izquierda ni se vincule a los trabajadores. Capitalistas y obreros u otros tienen sus intelectuales, y estos tienen conciencia de su papel político. Eugenia Meyer recuerda que el gran historiador mexicano Jesús Reyes Heroles, “se definía a sí mismo como intelectual político o político con ideas”. Si bien cada uno tiene el derecho a plantear su posición, y a desarrollar su tarea intelectual de la mejor manera posible, estamos haciendo referencia en particular a aquellos intelectuales cuya labor se realiza a partir de un compromiso con la sociedad sin desconocer que hombres y mujeres, independiente de su concepción, con el solo hecho de plasmar en un lienzo su obra artística como proceso de creación y con sentido de transformación se le debe valorar como intelectuales; superando de esta forma el pedestal elitista de intelectuales orgánicos e inorgánicos.
A diferencia, muchos intelectuales se enclaustran y hacen “trasformaciones librescas” citando a los clásicos como inmortales y recitando sus citas como catecismo político; cuando de lo que se trata es hacer una ruptura y apoyarse en el manejo de los saberes y del conocimiento como insumos fundantes para generar ideas y propuestas con soluciones. Si nos atrevemos a hablar de “compromiso” la gran mayoría infiere que es una acepción de izquierda, o de contribuir a las causas de los trabajadores y el pueblo. Gran parte de la discusión en torno a los intelectuales en la política, sobre todo con los partidos que se autodefinen como marxistas y de otras acepciones ideopolíticas, es qué implica “compromiso” cuando se trata de un “compromiso político-social”. Repensemos a Barranquilla.

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