Bolívar: su impronta educativa

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La influencia del pensamiento de Bolívar en la construcción del Paradigma de la Educación y la Formación Panlatinoamericana (Mora, R. Prácticas curriculares, cultura y Procesos de Formación. Segunda Edición. Ediciones Universidad Simón Bolívar. Barranquilla, 2012) coincide en gran medida con aquello que la investigación curricular de los conceptos designa como lo “lo pertinente y contextualizado” de la formación. Por ello, una formulación de esta propuesta educativa-formativa desde su pensar es: el dominio de lo exclusivo, de lo pertinente y contextualizado es sumamente ventajoso y trae consigo, en un cierto sentido, el enriquecimiento de pensar lo propio en el currículo escolar. Por eso este paradigma sigue el punto de vista del Libertador en el campo de la educación de nuestros pueblos como sedimentaciones, latencias y permanencias, como el valor “plus” para aprehender nuestras realidades, como la teoría filosófica de lo propio. Este devenir histórico del pensamiento de Simón Bolívar está presente en la construcción de este horizonte de sentido, como es este paradigma, es uno de los costados ciertos para la construcción de sistemas educativos de grandes bloques regionales con pertinencia en nuestras tradiciones, principios y valores ancestrales. La tarea de la obra de su pensamiento consiste en la construcción de las instituciones de “moral y luces”, en la remisión de los enunciados educativos, como “ignorancia”, es sinónimo de destrucción, lo que remite a conceptos más generales como “instrucción” y, además, en la derivación de las consecuencias que resultan de esta ignorancia: “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. Esto es, que el Estado, bajo ninguna circunstancia no pude ni debe dejar de ofrecer este bien consustancial a sus integrantes, como es la educación, porque es el conocimiento y dominio completo como seres humanos, que deben ser formados, entonces es desde el educar, como actividad histórica, social y cultura como se da este inacabamiento permanente en cada ser a formar.
Bolívar ideó para la solución a lo anterior, establecer como la indeclinable misión del gobierno: “Como su primer deber: dar educación al pueblo”. Se trata de un enunciado válido bolivariano, vigente; es el conocimiento y el dominio completo de la educación como bien supremo por parte del Estado; es una actividad moral como él lo pensó. Para la solución de la corrupción como el máximo flagelo de nuestros pueblos libertados por él, no hoy otro remedio que dar “educación al pueblo”, para este fin el Estado no puede desprenderse de la formación moral y ética de sus niños y niñas, atendiendo a consideraciones históricas, sociales, culturales, políticas, filosóficas, que son importantes para sacar al pueblo de las tinieblas de la ignorancia frente a la corrupción galopante: es un trabajo de reactivación y construcción cultural desde el currículo escolar (Mora, R. et al. Formación y problemáticas sociales. Hacia la construcción de propuestas curriculares. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2017).
Lo que el Libertador despliega en todos sus enunciados acerca de la educación, viene a ser el manejo lógico frente a la ignorancia y la corrupción, entonces, la educación es la respuesta salutífera para la sociedad, lo cual es objeto de estudio por el Paradigma Panlatinoamericano de la Educación y la Formación (PPEF). Se trata de la acción salvadora civilizadora, con un fin y un objetivo: educar al pueblo para sacarlo de las tinieblas de la ignorancia y puedan reclamar sus derechos, y ser un dique de contención frente a los actos de corrupción de los servidores públicos, como Bolívar lo quiso en la Constitución para Bolivia de 1826 (cabe recordar que Bolívar, ha sido el único presidente en ejercicio que construye una Constitución Política, para su hija, como él llamaba a Bolivia): no se trataba de un formalismo jurídico. Por ello, él se refería despectivamente a “esos señores del congreso”, que creían que la voluntad del pueblo, era la de ellos. El Congreso, siempre pensó Bolívar que no cumplía para lo que realmente había sido creado: legislar para la felicidad y bienestar del pueblo. Siempre reprochó en Santander las “talanqueras” formales de lo jurídico para la solución de los problemas de la emancipación de las antiguas colonias españolas (Mora, R. Bolívar y la educación. Un Proyecto emancipatorio para los pueblos panlatinoamericanos. Libro en Prensa, 2019). Se trataba de un formalismo sin substancia ni vínculos con la realidad de nuestros pueblos, el liderado por Santander y sus acólitos. Es la herencia “leguleya”, formalista que heredamos de los legisladores santanderistas, ha sido el extravío en el que desde hace 200 años hemos estado naufragando por creer que “dura es la ley, pero es la ley”, por creer en el fetichismo jurídico de Santander, por creer que todos los problemas de la sociedad, lo resuelven leyes inconsultas y sin ningún asidero en la realidad de los pueblos: es lo que hemos llamado la visión jurídica a priori de Santander, a diferencia de la de Bolívar, que es la tendencia jurídica a posteriori: la ley debe ser hecha con base en nuestra realidad, sin tanto formalismo como lo propuso el rabulismo santanderista.
Podemos afirmar que la característica principalísima, básica y fundamental del pensamiento educativo de Simón Bolívar, es aquella forma de pensar indiscutible pura, nada más que contextualizada, pensando en lo propio, es la capacidad de todo gobernante en comprender la importancia suma de la educación para sus gobernados, es la sensatez cosmovisional, económica, ética, política y cultural. En la medida, en que el horizonte educativo del Libertador alumbre los próximos doscientos años (él decía: “lo que yo digo perdura”) esté cargada de una dimensión axiológica integral, habrá que estar siempre de acuerdo con él. Este horizonte educativo-formativo tendrá siempre su indeclinable tarea práctica sólo como gestador de principios y valores identitarios de lo nuestro (Mora 2012: Prácticas curriculares, cultura y procesos de formación. Como se cita en “Ruta Caribeña”: 2018, 241. Fernández, A. Configuración del campo del currículo en Colombia. Un viaje por la producción escrita de sus autores más representativos. Samava Ediciones E.U. Popayán, 2018). Es por ello, que esa decisión, también indeclinable de “dar educación al pueblo”, es el resultado de una cuenta en la cual los factores son la familia, el Estado y la sociedad, lo que viene a expresar una supervaloración de las posibilidades de éstos tres elementos en la educación y formación de buenos ciudadanos.
Justamente el pensamiento educativo del Libertador Simón Bolívar muestra que la decisión acertada de procurar “moral y luces” para el pueblo, sólo puede obtenerse exclusivamente con la ayuda de esos responsables de velar por los principios y valores que formarán al buen ciudadano a partir de las normas y conceptos pedagógicos que hay que presuponer son pertinentes y contextualizados. Para ello se requiere responsabilidades, por ejemplo, del legislativo para “hacer” leyes en tal sentido, que tengan como fundamento el contexto y los conocimientos actuales dialogando con los ancestrales. Es una forma de consideración por nuestras tradiciones, como apuntaba Bolívar en su Profética Carta de Jamaica de 1815: sólo así se obtienen resultados positivos y productivos: el Estado fundamenta su decisión con los recursos y su vigilancia correcta, es el pensar elevar lo educativo pertinente como la matemática del currículo escolar para la formación.
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