Coincidencias de Vendedores Estacionarios

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Orlando Villarreal G.

*Sin agremiación ni reunión alguna, mantienen una concordancia con éxitos en sus quehaceres diarios. Ocupan los mismos puestos desde hace muchos años, con tradición familiar y respeto.

En la misiva del viernes anterior, 5 de julio de 2019, por sugerencias de algunos amigos y vivencias contempladas, me di a la tarea de comentar en lo mínimo el desarrollo de la actividad de los vendedores ambulantes, quienes convierten su generosa presteza en una tarea para enmarcar, sencillamente por la odisea que diariamente tienen que vivir y enfrentar con cada uno de los consumidores, quedando claro que su proeza facilita la obtención de productos para la sencilla canasta familiar. Publicada esta esquela y leída por algunos allegados, se me sugirió que tocara lo atinente a los vendedores estacionarios, quienes han hecho una escuela de tratamiento y atención con sus vecinos de igual labor, creando una competencia leal y sincera.
Ser vendedor estacionario es ocupar sagradamente algún lugar de las aceras de las calles, carreras y plazas del centro histórico o zona de mercado de alguna ciudad, municipio o localidad poblacional en cada región. Ser vendedor estacionario, es dedicarse, desde las horas muy tempraneras hasta las de la tarde, a ofrecer en carretillas, mesas y mesones alacenas y vitrinas, todos movibles o fijos, en cuyas bases exponen y venden toda clase de productos, sea carne de res y de cerdo en diferentes cortes, pescados de río y de mar, verduras, vituallas, ropa, telas, juguetería, productos de belleza y todo lo que esté en temporada, como la escolar y de navidad, así como la que esté en cosechas o de moda. Ellos crean frentes expositores con diferentes mercancías, sin afectarse entre sí, porque no son contrincantes ni disputan los clientes.
A manera de ejemplo, me permito recordarle que en alguna oportunidad en Barranquilla, la desaparecida y muy buena Empresa Municipal de Teléfonos, la que tenía más de veinte sindicatos, motivaba a sus abonados o usuarios con el pegajoso y acertado eslogan: ‘Comunicando Progreso’; los protagonistas de esta misiva, hoy por hoy en los negocios informales que administran o poseen, en los respectivos techos de sus medios expositores de ventas, colocan pequeños avisos alusivos a la oferta, incluyendo los valores en promoción de verdad verdad. Hay cientos de mensajes alusivos en cartones, que son los indicadores del día sobre algo que ofrecer.
Veamos algunas de esas promociones: “Manzanas y peras a quinientos pesos… Bocachico criollo a diez mil pesos la mano de cuatro… Mojarra roja y mojarra lora a doce mil pesos la mano también de cuatro…Plátano a cuatro mil pesos la mano de cinco… Pilas de yuca o de mango de azúcar o de mandarina, etc. Hay sitios ya señalados en los que se encuentra de todo ‘como en botica’; en Barranquilla, por ejemplo, carreras 39 (Ricaurte) y 40 (La Paz) con calles 31 y 32, existe un ‘mercado persa’ que en parte cegó el tráfico vehicular por el exceso de ventas estacionarias, y la gente administradora y posible compradora. En todas las ciudades de Colombia este fenómeno se agiganta y no se le pone contención ni dan soluciones. Sólo aplican ‘pañitos de agua tibia’.
Vale la pena recordar para algunos y dar a conocer para otros, que en el sector limítrofe con el caño que se está ahogando, se levantaron los mercados de la ‘arenosa’: del pescado, de las verduras y de carnes y poco a poco fueron apareciendo los vendedores estacionarios, quienes sin ponerse de acuerdo creaban coincidencias o concordancias entre sí, armando sus ‘sucursales’ con una brigada de jóvenes ‘varados’ que se convirtieron en pioneros de las ventas ambulantes; la policía los perseguía para mantener el aseo y el orden, deteniéndolos y llevándolos donde Bosio, el inspector ad honorem que supo imprimirle seguridad a la zona mercaderil ‘ñera’.
Esto es solo una mini radiografía de lo que acontece por ejemplo en Barranquilla, sobre todo en los frentes de los grandes almacenes, donde se exhibe a manera de feria miles de productos nacionales y extranjeros, los que arman con cuidado en la mañana y recogen en el ocaso para volver con su faena al día siguiente. Muchas quejas ante las autoridades distritales por parte de propietarios y administradores perjudicados, pero no ha habido respuesta. Dios lleve de las manos a los vendedores estacionarios y también a los ambulantes, tema de hoy, siempre en viernes por Diario LA LIBERTAD. No a la persecución, sí a la organización, hay que respetarlos. OVIGRA

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