Unificar medidas contra la inseguridad

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En nuestro país hay que convivir con varios tipos de violencia: la que ocasionan los grupos armados ilegales, la acción del hampa callejera y la intrafamiliar.
Las noticias han sido abundantes en nuestra Crónica Judicial en las últimas semanas, sobre todo respecto a la narración de hechos de sangre que involucran a personas que tienen entre ellas parentesco de consanguinidad y de afinidad, y entre las que el celo, el deseo de apropiarse de algo que no le pertenece y el control sobre otro ser humano, parecen ser las motivaciones fundamentales por las que se producen tantos asesinatos y otra cantidad de delitos, los cuales no parecen ser aislados y tampoco ocurren exclusivamente en sectores subnormales de la comunidad.
¿Qué llevará a un hombre a atentar violentamente contra su pareja o contra sus propios hijos? Resulta difícil determinarlo y de eso tendrán que encargarse los expertos en salud pública, psiquiatría o psicología.
En todos los casos podría hablarse de un factor común y el de la necesidad de muchos de ejercer control sobre otros, bien en estado de indefensión o en condiciones de inferioridad para despojarlo del dinero que acaba de retirar de un banco, por ejemplo.
Esa enfermiza manera de ver las cosas es también la que promueve en muchos individuos habitantes de Barranquilla, quienes todas las dificultades las quieren solucionar atracando al ciudadano desprevenido, así se trate de su propia abuela.
En esta forma podemos llegar a la conclusión que los dolores de la sociedad no se están padeciendo exclusivamente en los campos con el conflicto armado, porque detrás de las paredes de muchos hogares se esconden tragedias muy graves, posiblemente alimentadas por esa misma guerra que desvaloriza la vida y la condición humana.
La concurrencia de muchos factores a los cuales nos hemos referido anteriormente, le aportan a la capital del Atlántico altas tasas de delitos, que lógicamente generan un ambiente de inseguridad y de incertidumbre.
Insistimos, la seguridad debe convertirse en un tema de carácter metropolitano, porque la incidencia de grupos delincuenciales se presenta no solo en Barranquilla, sino que extienden su radio de acción a los municipios adyacentes.
Por esta razón no estaría de más que se unifiquen medidas como la prohibición de parrilleros para motocicletas, los horarios para los sitios nocturnos, el control al porte de armas, la instalación de más cámaras de seguridad en toda el área metropolitana, temas que son manejados individualmente por cada administración.
Está claro que la delincuencia común se ha movido últimamente con el empleo de todos sus recursos insospechados y ha generado una grave situación de criminalidad y nuestra ciudad lamentablemente se ha convertido en uno de sus escenarios.
Los actos delincuenciales que aquí se han registrado como también en otras localidades del departamento en los últimos días, deben servir a la comunidad para rescatar definitivamente la solidaridad y la plena disposición de colaboración con las autoridades para que así se constituya la alianza estratégica perfecta a la que hemos hecho referencia en este mismo espacio editorial, consideramos que es la única manera de alcanzar y mantener la seguridad que tanto se reclama.

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